CAPITULO XVII - LA CONQUISTA DE AMERICA - EL RIO DE LA PLATA



CAPITULO XVII (63) 
EL RIO DE LA PLATA 

Virreinato - Molino pampeano - Argentina

Juan Díaz de Solís - Punta del Este - Alejo García - García Jofré de Loaysa - Sebastián Gaboto - Pánfilo de Narváez - Alvar Núñez Cabeza de Vaca - Hernando de Soto - Pedro de Mendoza - Lucía Miranda - Juan de Garay - Expedición de Francisco César - La Ciudad de los Césares - Hernandarias - López de Legazpi - Las Provincias Unidas del Río se la Plata - El Ejército del Norte 

BRASIL
 
PARAGUAY

URUGUAY
ARGENTINA



Juan Díaz de Solís
(1470 – 1516)

De origen portugués, fue otro aventurero que se alistó desde muy joven como marino, llegando a ser piloto de las Armadas de la India.

En 1508, Díaz de Solís tomó contacto con Vicente Yáñez Pinzón (Capítulo XIV - La Conquista de América - Los Adelantados - Vicente Yáñez Pinzón), compañero de Cristóbal Colón en sus anteriores viajes de descubrimiento. Yáñez convenció a Solís de embarcarse juntos, y ese mismo año partieron hacia las Indias. Exploraron el Mar Caribe desde el Golfo de Paria (Venezuela) hasta la costa nicaragüense en la zona de Veragua (costa caribeña de las actuales repúblicas de Nicaragua, de Costa Rica y de Panamá).

Al no encontrar el paso buscado, rodean la península de Yucatán y se adentran en el golfo de México, protagonizando uno de los primeros contactos con la civilización azteca. Yáñez y Díaz de Solís regresaron a España en 1509, pero una grave disputa entre ellos terminó con Solís en la prisión. Sin embargo, los magistrados estimaron que tenía la razón, y lo liberaron al poco tiempo.


El navegante consiguió hacerse amigo del rey Fernando El Católico, el cual, por su capacidad y pericia como marino, lo consideró como primer candidato al puesto de Piloto Mayor de Castilla, a la muerte de Américo Vespucio (febrero de 1512). De este modo, Solís se convirtió en sucesor del florentino y en almirante de la flota de descubrimiento española.

El 14 de noviembre de 1514 Díaz de Solís capituló con el rey Fernando para que:
“.fuera con tres navios á espaldas de la tierra, donde ahora está Pedro Arias, mi capitán general gobernador de Castilla del Oro, y de allí adelante, ir descubriendo por las dichas espaldas de Castilla del Oro mil setecientas leguas o más si pudiereis, contando desde la raya ó demarcación que vá por la punta de la dicha Castilla del Oro adelante,...”

Las espaldas de Castilla de Oro era el Mar del Sur o Pacífico, descubierto un año antes por Vasco Núñez de Balboa.
El viaje de Solís se realizó secretamente, para impedir un eventual conflicto con los portugueses.


La expedición partió el 8 de octubre de 1515. Dirigiéndose al sur por la costa de Brasil, recorrió la isla de Santa Catarina y desembarcó en Punta del Este (Maldonado - Uruguay) el 2 de febrero de 1516, al lugar lo llamó Puerto de Nuestra Señora de la Candelaria
Comprobando que la salinidad del agua decrecía navegando hacia el oeste, entró en lo que denominó Mar Dulce, el estuario del Río de la Plata. Sobre la margen izquierda del río existe una pequeña isla llamada Martín García. Solís le impuso ese nombre en recuerdo del despensero de la expedición que murió a bordo y fue enterrado en esa isla.
Fondeó su carabela a pocos metros de la costa y desembarcó con unos pocos hombres, pero fue sorprendido por unos indios (charrúas ?) que los asesinaron mientras los observaban los marineros desde la embarcación. Los cadáveres fueron asados y los indios se los comieron.*
* No fueron con la expedición de Solís muchos cronistas. Esto sucedía en casi todos los viajes de descubrimiento. Los pocos que regresaban a Europa (en su mayoría analfabetos) narraban sus aventuras, siempre exagerando, como Antonio Pigafetta (Capítulo XIV - La Conquista de América - Los Adelantados - La vuelta al mundo). Un cronista alemán que participó en la expedición, años después describió la muerte de Solís. No hay muchas más referencias, aún no se puede asegurar que los indios eran charrúas. 
Los sobrevivientes, confundidos al haber perdido a su líder, y tomando el mando su cuñado Francisco de Torres, regresaron inmediatamente al Cabo de San Agustín (Recife - Pernambuco - Brasil), en donde recogieron palo brasil*  y retornaron a España, arribando el 4 de septiembre de 1516. Desde entonces el estuario del río de la Plata fue conocido en España como Río de Solís.
* árbol que dio origen al nombre del país. La madera es muy dura, no flota en el agua y es muy apreciada en ebanistería, particularmente por los lutiers (Luthiers en francés).

  


Punta del Este


El 2 de febrero de 2016 se recreó en Punta del Este, en la playa Mansa, un ridículo simulacro de la llegada de Solís a Uruguay (se cumplían 500 años), desembarcando actores vestidos de conquistadores.



Allí los navegantes fueron recibidos por otros actores disfrazados de indígenas con plumas, que contrastaban con los bañistas que a esa hora disfrutaban de la playa.

http://www.elpais.com.uy/informacion/recrearon-desembarco-solis-playa-mansa.html

Una truchada: Solís llegó en un gomón con un fuera de borda de 25 hp, y con su séquito se paseó por La Mansa, ante desprevenidos turistas que veían un señor muerto de calor dentro de una pesada armadura con una escolta con banderas y un fraile con una cruz enorme y rodeados de bikinis en busca de lo que suponían era la promoción de una nueva gaseosa. 




Alejo García
(1480 – 1525)

Participando en la expedición de Solís, se hundió su carabela en la isla entonces española de Santa Catarina, sobreviviendo 18 náufragos. Allí se enteraron de la existencia de la Sierra de la Plata o Imperio del Rey Blanco (Cerro Rico de Potosí) y Alejo García organizó una expedición terrestre hasta la actual Bolivia.

Alejo García logró atravesar casi todo el continente hasta la región del Altiplano. Murió en el Paraguay durante el viaje de regreso cuando fue emboscado por unos indios payaguás. Los sobrevivientes de la expedición lograron llegar hasta Santa Catarina con muestras de platería.



García Jofré de Loaysa
(1490 - 1526)


Carlos V deseaba adelantarse a los portugueses en el comercio de especias, y la ruta de Magallanes era su alternativa.
En 1525 preparó una expedición que debía seguir la ruta de Magallanes hasta las Molucas.  Se puso al frente de ella a García Jofré de Loaysa, nombrado Capitán General de la Armada y Capitán General y Gobernador de las Islas Molucas.
La expedición llevaba siete naves y 450 tripulantes, y llevaba como guía al inefable Juan Sebastián Elcano.

Tres de las naves no llegaron a cruzar el estrecho de Magallanes y sólo una, la Santa María de la Victoria, alcanzó las Molucas, donde la tripulación tuvo que enfrentarse con los portugueses durante casi un año.

Tras sufrir innumerables vicisitudes a lo largo de un durísimo y amargo viaje, sólo 24 hombres de esta  nave regresaron a España.


Sólo cuatro naves lograron cruzar el Estrecho de Todos los Santos, y luego por tormentas se dispersaron. De una se encontraron restos en Tahití, otra se embarrancó cerca de Cebú,, después de un amotinamiento, y algunos de sus tripulantes fueron rescatados en 1528 por la expedición de Alvaro de Saavedra. Los amotinados fueron ejecutados en Tidore.
La tercera nave extraviada llegó a la costa de Nueva España en el golfo de Tehuantepec, participando parte de la tripulación en una nueva, organizada por Cortés, la Expedición de Alvaro de Saavedra, que descubrió el Archipiélago de Hawaii.


Sólo la Victoria continuó su ruta, muriendo Loaysa y Elcano por escorbuto. La treintena de supervivientes de la expedición puso nuevamente rumbo a las Marianas.

El 21 de agosto de 1526 descubrieron la isla de San Bartolomé (Maloelap - República de las Islas Marshall). Viendo que no podían fondear unos treinta supervivientes prosiguieron hacia las Islas Marianas (República de las Islas Marshall).


 Guam – Islas Marianas


Isla de Rabo (Rab) - Islas Molucas

Morotai - Islas Molucas

Alcanzando la isla de Guam, se acercaron a la carabela una gran cantidad de piraguas, abordando la nave los aborígenes desnudos, causando miedo en los españoles, hasta que se destacó uno que en perfecto castellano, con acento gallego les dijo:
” buenos días, señor capitán y maestre, y buena compañía”.


Se trataba de Gonzalo de Vigo, desertor de la expedición que en 1521 se había separado de la de Elcano y había tomado rumbo a Darién.
Gonzalo de Vigo pidió el Seguro Real (o sea, el perdón) y por su amable llegada, más la ayuda que comenzó a prestar a los enfermos de escorbuto, le fue concedida a bordo. Los nativos pronto se aliaron con portugueses o con españoles. Como resultado de una escaramuza a cañonazos con los portugueses, la Victoria finalmente quedó sin condiciones de navegar y con sus restos se emplazó un fuerte con 12 cañones.


El 27 de marzo de 1528 llegó a Tidore (Isla de Tidoro - Molucas Septentrional - Islas Molucas - Indonesia
una nave enviada por Hernán Cortés (La Florida), en busca de las expediciones extraviadas de García Jofré de Loaysa y de Sebastián Gaboto.
La Florida, con las bodegas llenas de especias, parte hacia Nueva España, pero por dos veces debe regresar a Tidore por tormentas.
Los españoles de Tidore continuaron la lucha fuera de la fortaleza ocupada por los portugueses, pero en 1529 Hernando de la Torre firmó la paz con el capitán portugués de las Molucas, Jorge de Meneses.


Posteriormente, los españoles fueron trasladados a Goa en la India, en donde se les unieron los sobrevivientes de la expedición de Alvaro de Saavedra. Presos de los portugueses, los miembros de la expedición de Loaysa sobrevivientes reciben la noticia de que el emperador había vendido los derechos sobre las Islas Molucas a Portugal mediante el Tratado de Zaragoza (1529). Los últimos 24 supervivientes llegaron a Lisboa a mediados de 1536.





Sebastián Gaboto
(1484 - 1557)

Sebastián Gaboto había sido nombrado Piloto Mayor en reemplazo de Juan Díaz de Solís y enviada su expedición, de cuatro naves, hacia Las Molucas. Pero Gaboto tenía otras ideas
Se creía que en medio del continente se encontraba una Ciudad de Plata.
Los adelantados a las islas de las especias quedaban a mitad de camino. Las presuntas riquezas del Río de La Plata estaban más cerca, y ¿para qué enfrentar los mares del sur, el escorbuto y los piratas del sudeste asiático para comprar y llevar a Sevilla especias y mercaderías para canjear por oro en Europa, teniendo este metal a mitad de camino?

Seducido por las riquezas de que hablaban los náufragos y desertores que vivían en la costa del Brasil, Gaboto reunió a los capitanes de su armada para deliberar y decidieron explorar el Río de la Plata (Río de Solís) en lugar de cumplir lo capitulado.

En el Puerto de los Patos (sobre el continente, frente a Santa Catalina) se construyó una nave de poco fondo para recorrer los ríos y se levantó la primera iglesia de estas regiones.

Francisco del Puerto o Francisco Fernández fue un grumete de la expedición de Juan Díaz de Solís al Río de la Plata. Cuando los indios mataron a Solís a Francisco lo dejaron vivo por ser adolescente y convivió con los indios por diez años, hasta la expedición de Gaboto,
Francisco del Puerto les confirmó las noticias sobre la existencia de la Sierra de la Plata, y aumentó la codicia de los expedicionarios, fundaron San Lázaro en el Río de la Plata y el Fuerte Sancti Spiritu (Puerto Gaboto - Santa Fe - Argentina) sobre el río Paraná, el 9 de junio de 1527,

Alrededor del fuerte cada conquistador construyó su casa de paja y adobe. Era esta la primera población española del Río de la Plata, adonde llevaron a los españoles de San Lázaro. Remontando el Paraná hasta el río Paraguay tuvo noticias de naves que habían remontado el Paraná.

De regreso, después de recibir una embestida de indios en la que murieron varios españoles, se encontró con las naves de Diego García de Moguer.
Este navegante había firmado una nueva Capitulación para ir a las Molucas, pero al parecer a estos expedicionarios también les interesaban más las fabulosas minas de plata que las especias. Por otra parte las Molucas las explotaban los portugueses. Diego García de Moguer también había participado en la expedición de Solís.


Gaboto, que había dejado en Sancti Spíritu una guardia de sólo 30 hombres, regresó en abril de 1528 al Fuerte. Previo a su regreso, se unió a la expedición de Diego García de Moguer, que había sido enviado también a las Molucas pero como Gaboto, había abandonado su ruta en busca de la Sierra de la Plata.
En Sancti Spiritu los capitanes se aprovisionaron, emprendiendo juntos la conquista del Imperio del Rey Blanco.
Salieron con siete naves hacia el norte, pero tuvieron noticias de la hostilidad de los indígenas y regresaron por ello a Sancti Spiritu.
En esos días llegó al fuerte Francisco César, un capitán que había sido enviado hacia el oeste por Gaboto, quien confirmó los datos sobre una región llena de riquezas, de metales y piedras preciosas, que ellos decían haber visto. García y Gaboto, más interesados que nunca en alcanzarla, salieron nuevamente llegando hasta el río Paraguay y quizás hasta el río Pilcomayo (actual frontera entre Argentina y Paraguay).
Supieron que los indios de toda la zona preparaban un gran levantamiento, por lo que regresaron a Sancti Spiritu, desde donde salió Gaboto para pacificar la región. En su ausencia los indios atacaron y destruyeron el fuerte. Los pocos españoles que lograron salvarse se refugiaron en San Salvador, donde estaba Gaboto.
Gaboto y García, al comprobar el desastre decidieron regresar a España, haciéndolo primero García. Ambos llegaron
 a la península con seis días de diferencia, en julio de 1530.

Gaboto y García llevaron indios a España en 1530, que fueron alojados en conventos para que aprendieran español para ser futuros intérpretes. Los reyes se mostraban muy interesados en los indios. En 1534 disponen que los indios sean devueltos a sus tierras, en la armada que preparaba Pedro de Mendoza.

Los reyes españoles enviaban las expediciones en busca de especies, pero los capitanes se detenían en el Río de La Plata para remontarlo y llegar al fabuloso Imperio del Rey Blanco, dejando Las Molucas a los portugueses.
El rastro de Sebastián Gaboto se pierde, no existe documentación que lo vuelva a mencionar, ignorándose si regresó a España o si permaneció en América.
 

Pánfilo de Narváez 
(1470 - 1528)

Lugarteniente del Gobernador de Cuba, Diego Velázquez (Capítulo XV - La Conquista de América - México - Hernán Cortés), participó en la conquista de la isla, matando miles de indígenas. Bartolomé de las Casas lo responsabiliza de la "matanza de Caonao", donde ordenó la masacre de una población que se acercó a los españoles a recibirlos con alimentos.
Diego Velázquez lo envió a Veracruz a detener a Hernán Cortés (Capítulo XV - La Conquista de América - México - Hernán Cortés), que había varado sus naves para impedir el regreso de las tripulaciones a Cuba.

Al desembarcar, mucha de su tropa se pasó a Hernán Cortés. 

Una expedición de 560 personas (españoles, negros y mulatos) de Pánfilo de Narváez fue sorprendida por guerreros texcocanos, aliados a Cortés. Todos los hombres, mujeres y niños de la expedición fueron sacrificados en ritos mexicas. Los integrantes de la caravana capturada fueron víctimas de canibalismo ritual. Las calaveras fueron exhibidas por los mexicas y texcocanos a manera de mensaje de advertencia para los invasores. Esta información fue proporcionada por el mismo Hernán Cortés.

Las tropas de Narváez fueron derrotadas en Cempoala, cercana a Veracruz, donde Narváez recibió de un piquero de Cortés un lanzazo en un ojo, y fue trasladado prisionero a la Villa Rica de la Vera Cruz.
Dos años después fue enviado a España, donde Carlos V le confirió el título de Adelantado de La Florida, y "Gobernador de todas las tierras que descubriese desde el Río de Las Palmas hasta los confines de La Florida."
Desde Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) zarpó con una flota de cinco naves y seiscientos hombres el 17 de junio de 1527, teniendo deserciones en Cuba y soportando tormentas y privaciones, llegó a las costas de La Florida en abril de 1528.

Cerca de Tampa, Narváez desembarcó con trescientos de sus hombres, envió a sus barcos a un puerto conocido por sus pilotos cerca del río de Las Palmas y se internó en territorio de nativos hostiles en busca de oro.


Derrotero de Pánfilo de Narváez
Recorrieron el territorio de los indios Apalaches, que hostigaban permanentemente a los españoles con sus flechas. Recorrieron los pantanos de Florida (everglades). Fueron por los pantanos usando balsas y a nado. El caballo de quien se ahogaba servía de comida a los supervivientes.
La crueldad española con los apalaches encontró resistencia, y la expedición de Narváez cambió de rumbo para dirigirse a la costa en la Bahía Apalache (Refugio Nacional de Fauna y Flora de Saint Marks - Florida - Estados Unidos), donde construyeron cinco balsas e intentaron partir hacia México.
Construyeron las balsas con rústicas herramientas para trabajar la madera, herramientas forjadas aprovechando los hierros que tenían, como herraduras, estribos y otros aperos de metal. Prosiguieron por la costa, hasta encontrar unas canoas indígenas de las que se apoderaron, pero recibiendo una lluvia de flechas que hirió a todos los expedicionarios.

Cerca de la desembocadura del río Misisipi (Mississippi) naufragaron, y Narváez y la mayoría de sus acompañantes perecieron ahogados.
Del naufragio sobrevivieron cuatro hombres, Alvar Núñez Cabeza de VacaAlonso del Castillo MaldonadoAndrés Dorantes de Carranza y un esclavo bereber llamado Esteban (Estebanico), que probablemente fue la primera persona nacida en Africa que llegó a lo que hoy son los Estados Unidos.





Pedro de Mendoza
(1499 - 1537)


Efectuada la conquista del Imperio inca, y ante la amenaza de que el Río de la Plata fuera ocupado por Portugal, el emperador Carlos V dividió el territorio al sur del Ecuador en cuatro gobernaciones, capitulando el 21 de marzo de 1534 con Pedro de Mendoza, noble español, para conquistar y colonizar la región de la cuenca del Río de la Plata.
Mendoza fue designado en forma vitalicia Gobernador (mando político), Capitán General (mando militar), Adelantado (descubridor y conquistador de nuevos territorios), Teniente de las fortalezas que edificare, y Alguacil Mayor (supremo juez de 1° y 2° instancia en lo civil y criminal) de la Gobernación de Nueva Andalucía que debía establecer.

La expedición de Pedro de Mendoza fue importante: llevó de 11 a 14 naves y 3000 hombres.
El principal motivo de enviar tropas a esa parte de Sudamérica era proteger las posesiones de la corona española ante los avances de los portugueses. Además en esa época corría una leyenda promovida por los indígenas, que mencionaba fabulosas riquezas en la zona, lo que incrementaba la ambición de los conquistadores españoles.
Pedro de Mendoza estaba enfermo de sífilis, en una etapa avanzada de la enfermedad. En Brasil la flota fue dispersada por una tormenta, y delegó el mando en Juan de Osorio, que lo defraudó. Parece ser que Osorio se hizo de unos dineros y cometió otras fechorías, por lo que fue ajusticiado.

El 3 de febrero de 1536 fundó la Ciudad de Buenos Aires, y se llevó bien con los indios, hasta que por escasez de alimentos, compitiendo por la caza con los salvajes, se enemistaron y los españoles debieron permanecer dentro del fuerte, sitiados.

El 15 de julio de 1536 se produjo el Combate de Corpus Christi, donde los indios derrotaron a los españoles y en un número inmenso de guerreros (aproximadamente 20.000) llegaron a tomar y destruir Buenos Aires incendiando el fuerte.
Pedro de Mendoza con algunos hombres logró huir de la matanza y se dirigió embarcado hasta el fuerte de Sancti Spiritu. Mendoza delegó el mando en Juan de Ayolas, y murió en su viaje de regreso a España. Los españoles en su mayoría emigraron a Asunción.



Lucía Miranda
 
Volver a España con tesoros sería mucho más ventajoso que regresar con clavo de olor, teniendo en cuenta que el tiempo del periplo sería mucho más corto y las penurias más soportables que las que sufrieron los que dieron la vuelta al mundo.
Gaboto no tenía noticias de Francisco Pizarro y el reparto de tesoros esquilmados a los Incas. (Capítulo XVI - La Conquista de América - Perú - Francisco Pizarro).

Una joven mujer de Andalucía, inseparable pareja del Capitán Sebastián Hurtado, vivía en el Fuerte Sancti Spíritu. Lucía Miranda era una joven de singular belleza y gran donaire, luz de los ojos del Capitán Hurtado y admirada por todos en el Fuerte, que tenía espacios para cultivos (20 hectáreas) y donde los españoles confraternizaban con los indios timbúes.

Los indios participaron en la construcción de un poblado dentro del fuerte, muchos bautizándose y aún consolidando matrimonios entre indígenas y europeos. El sacerdote, Francisco García, en una capilla celebraba misas los domingos, lunes y viernes, a la que asistían los timbúes.

El matrimonio de Lucía Miranda y Sebastián Hurtado era algo más que respetado, era admirado, porque ambos poseían una especial sintonía con indios y españoles.
El cacique de los timbúes frecuentaba la casa de los Hurtado, con gran gusto la sociedad de los españoles, y se extasiaba oyendo hablar a Lucía de España, de las costumbres de los europeos, de su religión y modo de vivir en sociedad con los demás hombres, abriendo el comercio con los otros pueblos por medio de la industria y el cambio de sus manufacturas.
Para atraerle a este propósito, Lucía con un candor y gracia especial, hacía un bello retrato al cacique del amor conyugal, de los tiernos lazos que unen a dos esposos que ligados al pie de los altares, juran amarse siempre. De los deberes de las mujeres europeas para con sus maridos, y del amor noble y caballeresco de estos para con sus esposas.

El Cacique Mangoré recibía lecciones de catecismo de Lucía. De esta espléndida morocha el indio se enamoró, siendo rechazado con altivez. Lucía encuentra oportuno indicarle al cacique que su cultura le impedía otra relación que no fuera la de su esposo, y la confiesa que Sebastián Hurtado era el amor de su vida, a quien la religión de los cristianos le exigía acompañarlo hasta la muerte, y que además, aunque no estuviera presente el mandamiento de fidelidad que había jurado, desearía morir a su lado.
Mangoré no entendía razones ni comprendía el significado, los timbúes podían poseer cuantas mujeres quisieran, y el haría de Lucía Miranda su exclusiva favorita y podría ser buen cristiano por el amor que por ella sentía.

Lucía trataba al salvaje con cortesía y Mangoré no entendía. Cuando el Capitán Hurtado se ausentó con otros hombres de cacería, los timbúes atacaron de noche el fuerte y en la ocasión Mangoré raptó a Lucía para someterla. El Capitán Nuño de Lara, en defensa de Lucía Miranda, hiere gravemente a Mangoré, y los indios llevan cautiva a Lucía. Mangoré no sobrevive, Nuño de Lara también muere.
Codiciada también por el hermano de Mangoré, el nuevo Cacique Siripo, la esclaviza y la retiene como esposa. El Capitán Hurtado regresa a Sancti Spíritu 15 días después de la tragedia.
No lo pudieron detener. Hurtado, escapando de la vigilancia de los suyos, va a la toldería de los timbúes donde es apresado por Siripo, que inmediatamente lo condena a muerte. Por intercesión de María, Siripo consiente que el Capitán viva entre los timbúes, otorgando una india a Hurtado y estableciendo la condición que no se acerque a su esposa.

Hurtado, luego de un tiempo, furtivamente se encuentra con Lucía.
Siripo los descubre y atando al Capitán a un árbol es ejecutado a flechazos. María es quemada viva en la hoguera.

La historia es narrada por algunos sobrevivientes de la destrucción del fuerte de Sancti Spiritu.
En 1610, el criollo asunceño Ruy Díaz de Guzmán escribe Historia Argentina del Descubrimiento, Población y Conquista de las Provincias del Río de la Plata conocida primero como La Argentina y luego como La Argentina manuscrita, donde incluye un relato sobre el fuerte Sancti Spiritu, planteando una historia de raíz europea.
Estas historias, con enamorados que mueren de la manera descrita, al huir de sus familias, era común en algunos poemas europeos de la época.

Según Luis Astrana Marín*, en el prólogo a las Obras completas de William Shakespeare, el dramaturgo inglés debió conocer alguna de las versiones que corrían a mediados del siglo XVI, sobre esta historia, y pudo inspirarle los nombres de Sebastián y Miranda, personajes de La Tempestad.
* Luis Astrana Marín (1889 - 1959) fue un biógrafo, periodista, ensayista y traductor español.


Alvar Núñez Cabeza de Vaca
(1507 – 1559)
En 1526 viajó con la exploración de Pánfilo de Narváez a Florida, y resultó ser uno de los pocos sobrevivientes del naufragio de las embarcaciones.

Derrotero de Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Remontando el río Bravo, confraternizando con algunos pueblos indígenas y haciéndose Cabeza de Vaca fama de buen hechicero, por haber curado a algunos indios víctimas de flechazos, convivieron con tribus que se dedicaban a la caza de bisontes, y finalmente (1536) se encontraron con exploradores españoles a pocos kilómetros de Culiacán (Culiacán - Sinaloa - México).
Habían recorrido a pie unos 800 kilómetros.
Alvar Núñez Cabeza de Vaca escribió una narración titulada Naufragios y Comentarios* en la cual describe sus vivencias y las de sus tres compañeros, quienes atravesaron a pie y durante ocho años el suroeste de los Estados Unidos y norte de México hasta llegar a Culiacán, encontrando la villa española.

* La Relación y Comentarios del Gobernador Alvar Núñez Cabeza de Vaca, de lo acontecido en las dos jornadas que hizo en las Indias


De regreso a España en 1537 fue nombrado Gobernador del Río de la PlataSegundo Adelantado del Río de la Plata.
A fines de 1540 zarpó de Cádiz , y arribó a la isla de Santa Catarina, entonces territorio español perteneciente a la Gobernación del Paraguay.
Allí llegaron a Alvar Núñez las noticias sobre la muerte de Ayolas (el Gobernador dejado por Mendoza antes de su muerte), sobre el abandono de Santa María del Buen Aire (Argentina), la huida de la colonia española y el traslado de la capital a Asunción (Paraguay).
Cataratas del Iguazú

Decidió entonces, tras enviar pequeñas expediciones de reconocimiento, llegar por tierra hasta Asunción siguiendo la ruta que había abierto Alejo García quince años antes. En su marcha, que se inició en noviembre de 1541, atravesó parte de las selvas brasileñas y descubrió las Cataratas del Iguazú.


No entendían el estruendo que se propagaba en la selva, hasta llegar al lugar, que así describió el propio Cabeza de Vaca:
“el río da un salto por unas peñas abajo muy altas, y da el agua en lo bajo de la tierra tan grande golpe que de muy lejos se oye; y la espuma del agua, como cae con tanta fuerza, sube en alto dos lanzas y más”.
El periplo hasta Asunción (hoy 1218 km de ruta) lo realizó en todo el verano, casi siempre con temperaturas superiores a los 40ºC, bebiendo la orina de los caballos. Llegó a Asunción en marzo de 1542, y se hizo cargo del gobierno que hasta la fecha había ejercido Martínez de Irala.


Durante su gobierno en Paraguay llegó a tratos con los indios guaraníes para pacificar el país y mantener bajo control otras tribus indígenas más belicosas, y a pesar de que fracasó en su intento de repoblar Buenos Aires y de adentrarse por la región del Chaco, remontó el río Paraná y fundó en 1543 el Puerto de los Reyes (Laguna La Gaiba - Santa Cruz - Bolivia).
 


Según el historiador franco argentino Paul Groussac Paraguay significa "río que pasa por el mar" (el gran pantanal). Existen otras acepciones.

Juan de Ayolas (1493 - 1538) Acompañando al primer adelantado al Río de la Plata. fue enviado en viajes de exploración de los grandes ríos y en su ausencia nombrado Gobernador General de Asunción en 1537, para convertirse al poco tiempo y en forma igualmente nominal en Gobernador del Río de la Plata y del Paraguay.
En 1537 fundó una fortificación a orillas del río Paraguay, al que llamó "Fuerte de Nuestra Señora de la Candelaria".
En este nuevo establecimiento colonial español Juan de Ayolas dejó como su teniente de gobernador de La Candelaria a Domingo Martínez de Irala hasta el abandono del fuerte en septiembre de 1537. 


Mapa de la gobernación del Río de la Plata y del Paraguay con la ubicación de los desaparecidos fuertes de La Candelaria y de Sancti Spíritus, Corpus Christi o Torre de Gaboto, entre otras poblaciones, y la Gobernación del Tucumán, siendo ambas, entidades autónomas dentro del gran Virreinato del Perú desde 1566 con su nominal Provincia de Charcas, dividida en corregimientos, y el inhóspito Gran Chaco (en un mapa de 1600).
Se pude notar la ausencia en el mapa del río Uruguay y de sus afluentes del Paraná, como el río Iguazú.

Continuando con la búsqueda de una comunicación con el Perú, Juan de Ayolas continuó con su empresa hasta llegar a la futura Provincia de Charcas (actual Bolivia) cruzando por primera vez el Chaco.

Lo que buscaba la corona española era llegar al Perú desde la costa atlántica, una alternativa más segura para enviar a España la plata de Potosí (Capítulo XVI - La Conquista de América - Perú - Potosí)


Tras ese periplo Ayolas regresó al Fuerte de la Candelaria que ya había sido abandonado en septiembre de 1537. Allí murió tras un ataque de los indios payaguaes en el año 1538.
Su sucesor como gobernador del Río de la Plata y del Paraguay fue Domingo Martínez de Irala.

Domingo Martínez de Irala (1509 - 1556) es considerado el padre del Paraguay, por haber propiciado la mezcla de razas entre españoles y guaraníes. En 1535 llegó al Río de la Plata en la expedición del primer adelantado Pedro de Mendoza.

En febrero de 1537 pasó con Ayolas al puerto de la Candelaria, en Paraguay, y participó luego en la fundación del puerto y la ciudad de Asunción. Irala asumió la Gobernación de Paraguay y del Río de la Plata en 1539, luego de haber establecido sus derechos al cargo según el mandato dejado por Juan de Ayolas, de quien era lugarteniente. En 1541 constituyó el primer cabildo asunceño y ordenó el traslado de los habitantes del fuerte de Buenos Aires a Asunción, donde desde entonces se concentró el proceso colonizador.

Asegurado en la gobernación, la primera medida de Irala consistió en concentrar en la Asunción los restos dispersos de la expedición de Mendoza. Corpus Christi ya no existía por haber sido arrasado por las tribus indígenas. Aparte de la gente de la Asunción, los únicos sobrevivientes eran, pues, los que estaban en Santa María del Buen Aire, que Irala creyó conveniente despoblar por juzgar la población imposible de sostenerse a causa de su escaso número, la pobreza de abastecimientos y la irreductible belicosidad de los naturales de esa región. Para poner en ejecución la medida despachó el 28 de Julio de 1540 al capitán Juan de Ortega y, cuando tuvo listos más bergantines, lo siguió en persona. 
El 10 de abril de 1541 el veedor de fundiciones, Alonso Cabrera requirió a Irala despoblar el puerto de Buenos Aires. A pesar de que la iniciativa partió de Cabrera, es dable presumir que la instancia se promovió por indicación secreta del gobernador, cuyos designios serían los que invariablemente se cumplirían hasta su muerte. (DCR. 296, Tomo 2°).

 El 16 de abril del mismo año, Irala respondía al requerimiento en presencia de los principales pobladores de Buenos Aires, juntamente con los oficiales reales allí presentes, ordenando la despoblación del puerto. Fijaba como fecha de partida de toda la hueste el 10 de mayo de 1541 partiendo de Buenos Aires a comienzos del mes de junio de 1541. El futuro creador del cabildo de Asunción dejó en la isla de San Gabriel una extensa relación para los viajeros que llegaran a dicha y se dirigieran a la Asunción. "Primeramente han de saber -decía- que en el Paraguay, en 25º 1/3 está fundado y poblado un pueblo que estaba con los que vamos al presente cuatrocientos hombres; tenemos paz con los vasallos de su majestad, los indios guaraníes "sy quier" cario, que viven treinta leguas a la redonda de aquel puerto los cuales sirven a los cristianos así con sus personas como con sus mujeres en todas las cosas del servicio necesarias y han dado para el servicio de los cristianos setecientas mujeres para que le sirvan en sus casas y en las rozas, por el trabajo de los cuales y porque Dios ha sido servido de ellos principalmente se tiene tanta abundancia de más servicios que no sólo hay para la gente que allí reside más para más de otros tres mil hombres de encima" (Colección Garay Tomo 2º pág. (Carta de Domingo Martínez de Irala al Emperador, 12 de Mayo de 1545, pág. 422, DCR. Tomo 2º).

La monarquía española nombró gobernador de Paraguay a Alvar Núñez Cabeza de Vaca (1542), pero fue reemplazado por Domingo Martínez de Irala, quien lo encarceló y deportó a España en 1545. Poco antes de la muerte de Irala en 1556, se implanta el sistema de la encomienda indígena.

El poder del lugarteniente que le dejó Ayolas antes de internarse en el Chaco lo colocó inesperadamente al frente de los expedicionarios abandonados por Mendoza. Debió luego entregar el mando a Cabeza de Vaca pero el derrocamiento del segundo adelantado lo llevó de nuevo al poder por elección popular, cuando los oficiales reales dieron vigencia a la cédula real de 1537 que permitirá el sistema electivo en los casos que no hubiera gobernador. 
Un destino providencial y sus extraordinarias dotes de gobernante lo mantuvieron en el mando hasta la hora de su muerte. Un año antes había recibido nombramiento oficial de la corona: Era un político astuto y prudente, de gran arrastre popular.

Luego de la breve gestión del segundo adelantado, Alvar Núñez Cabeza de Vaca (que fue depuesto por los conquistadores y enviado preso a España), Irala volvió a ser nombrado gobernador. Aprovechó este mandato para organizar expediciones a diversos puntos de los nuevos territorios, ampliando las fronteras conocidas. 

En 1547 organizó una expedición formada por 280 españoles y 3.000 indios amigos cuyo objetivo era la Sierra de la Plata y el país de las Amazonas. Llegó a los confines del Chaco y allí se enteró de que la famosa Sierra de la Plata (el Potosí) había sido ya ocupada por otros españoles, los hombres de Francisco Pizarro. La carrera hacia las más ricas minas de plata del mundo había sido ganada por los conquistadores de la costa del Pacífico. 
En 1541 constituyó el primer cabildo asunceño y ordenó el traslado de los habitantes del fuerte de Buenos Aires a Asunción, donde desde entonces se concentró el proceso colonizador.
En 1549 regresó a Asunción y tuvo que hacer frente a varias rebeliones.

Irala desde Asunción exploró los grandes ríos, y como a todos los españoles colonizadores, la urgencia por metales preciosos provocó que Núñez enviara a Irala en expedición en busca de la Sierra de la Plata
 Alvar Núñez Cabeza de Vaca exigió en Asunción el cumplimiento de las Leyes Nuevas, por lo que se sublevaron los españoles, acusándolo de haber incendiado Asunción y de otros delitos. Domingo Martínez de Irala, Teniente de Gobernador General de Asunción hasta la llegada de Cabeza de Vaca encabezó la revuelta, enviando al nuevo gobernador a prisión durante diez meses y siendo finalmente deportado a España en 1545.

A su llegada a España, el Consejo de Indias confirmó el destierro, y fue deportado a Orán (Argelia), decisión que apeló. Tras un periodo de ocho años, Felipe II le concedió el indulto y el cargo de juez en la Casa de Contratación de Sevilla. Los últimos años de su vida los pasó como prior de un convento sevillano, donde, según todos los indicios, falleció

En octubre de 1777 Carlos III ordenó la creación del Virreinato del Río de la Plata, que comprendía los territorios de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Santa Cruz de la Sierra, Charcas y Cuyo, con la finalidad de dividir el Virreinato del Perú y facilitar la gobernabilidad del Imperio.





Ruy Díaz de Guzmán
(1569 - 1629) 

Mestizo nieto del Gobernador Domingo Martínez de Irala, Es autor de la que es considerada como la primera crónica de Argentina, Anales del descubrimiento y conquista del Río de la Plata, compuesta en 1612, pero que recién se editó en 1836. Se la ha llamado tradicionalmente "Argentina manuscrita" para distinguirla de la "Argentina impresa" de Martín del Barco de Centenera.


Expedición de Francisco César

La expedición de Francisco César salió del fuerte Sancti Spiritu con sólo catorce o quince personas. Francisco César podría haber llegado al Cuzco cinco años antes que Pizarro, aunque lo más probable es que no llegó más allá de las sierras cordobesas, porque regresó a los dos meses y medio de su partida, recorriendo un promedio de 25 kilómetros por día.
Los indios de las sierras fueron llamados comechingones por los españoles, eran sedentarios, practicando agricultura y tejiendo finas prendas de lana de alpaca, avicultura, buena alfarería y algo de incipiente metalurgia. Intercambiaban productos textiles con joyas de oro y otras.
La expedición estuvo de regreso a los dos meses y medio, por lo que afirmó que caminando a un promedio de 25 kilómetros por  día, no pudieron haber llegado más allá de las sierras de Córdoba. Siendo ese el único lugar en donde pudieron hallar indígenas sedentarios, y que trabajaran los metales, los comechingones o quizás los diaguitas.
Lo cierto es que Francisco César regresó a Sancti Spiritu, poco tiempo antes de  su destrucción. Al parecer no intervino en la refriega debido a haber partido antes rumbo a San Salvador junto con Sebastián Gaboto de quien era compañero inseparable.

La expedición de Almagro a Chile fue motivada por fantásticos relatos de la existencia de fabulosos reinos al sur de los desiertos. 
En las décadas siguientes se realizaron varias expediciones en busca de la Ciudad de los Césares, ubicándola al sur de la Araucaria. Estas expediciones contribuyeron al descubrimiento de las pampas argentinas y de la Patagonia.
 

Juan de Garay
(1528 - 1583)

Siendo adolescente este vizcaíno (nacido en Iruña - Vizcaya - Euskadi), En el año 1543, cuando Garay contaba con unos 15 o 16 años de edad, acompañó a su familia materna al gran Virreinato del Perú, ya que su tío Pedro Ortiz de Zárate y Mendieta (1485 - 1547) había sido nombrado Oidor de la Real Audiencia de Lima con el nuevo virrey Blasco Núñez Vela quien portaba las famosas ordenanzas del emperador Carlos V, conocidas como Leyes Nuevas, que había sancionado en Barcelona el 20 de noviembre de 1542 con el objetivo de mejorar el trato y calidad de vida de los aborígenes sometidos en América y además mandaba quitar las encomiendas a los que habían participado en el bando pizarrista durante la guerra civil peruana.  (Capítulo XIV - La Conquista de América - Los Adelantados - Las Leyes Nuevas).

Participó en varias expediciones de conquista. Nombrado Alguacil Mayor de Asunción, por encargo del Gobernador, emprendió una expedición, fundando la ciudad de Santa Fe en 1573 y fundando definitivamente Buenos Aires el 11 de junio de 1580, con setenta pobladores, la mayoría nacidos en Asunción. Fue nombrado entonces Capitán General del Plata.
Asunción era la única población establecida por los españoles en la cuenca del Río de La Plata. La razón de su supervivencia se encontró en que los indios guaraníes no presentaban hostilidad hacia los españoles, y muchos se aparearon con mujeres de esta etnia, formando familias, para horror de los curas, ya que  los españoles poseían varias esposas
indias guaraníes, que eran más esbeltas que otras indias. La conducta social indicaba que en caso de un enlace, el hombre debía mantener a los hermanos de la novia, por lo que los españoles formaron en Asunción numerosos clanes, aprovechando el trabajo de sus cuñados y de sus hijos en una expansión de la agricultura en la que trabajaba todo el grupo familiar. 

Desde Asunción Juan de Garay comandó una expediciòn hacia el Río de La Plata, con un bergantín y lanchas auxiliares. También  carretas con mujeres y niños, tropas de animales domésticos, muchos indios, mestizos y mulatos, y algunos españoles.

Asunción necesitaba una salida al mar, para comunicarse con España, ya que la distancia y la travesía hasta Lima, capital del  Virreynato, es excesiva y era peligrosa.

La mayor parte del trayecto entre Asunción y el Río de la Plata es entre humedales. Los mestizos, por su origen guaraní, tripulaban canoas buscando los pasos adecuados para las carretas y los sitios oportunos para acampar y conseguir alimentos, cazando carpinchos (capibaras), yacarés (caimanes sudamericanos) y pescando.


Irupé - planta acuática endémica de las cuencas de los ríos Paraná y Paraguay

Los indígenas hostigaban constantemente a los españoles. Entre Asunción y el estuario del Río de La Plata habían fracasado las fundaciones (el fuerte de Sancti Spíritu y el fuerte de Buenos Aires), y Garay pretendía establecer asentamientos urbanizados entre Asunción y un puerto atlántico, que permitiera una menor dependencia de la distante Lima.

El ceibo es un árbol que se encuentra en el noreste y centroeste de Argentina, el este de Bolivia, el sur de Brasil, gran parte de Paraguay, y casi todo Uruguay.
Es el árbol y la flor nacional de Argentina y Uruguay.
 

Jerónimo Luis de Cabrera
(1528 - 1574) 

Fue un militar sevillano, explorador, conquistador, colonizador, comendador, adelantado interino​ y gobernante español en Sudamérica. Es reconocido por haber fundado las ciudades de Ica, en Perú, y Córdoba de la Nueva Andalucía, en Argentina.
Jerónimo Luis de Cabrera eligió la carrera de las armas y como militar de la Real Armada Española, acompañando a su medio hermano el general Pedro Cabrera y Figueroa, llegó a Lima en 1538.
Cuando en 1548 el capitán Francisco Hernández Girón se rebeló ante la Corona por no aceptar las Leyes Nuevas del emperador Carlos V, Cabrera fue a combatirlo​ con setenta soldados.
Las autoridades de Lima y el pueblo peruano ya habían sufrido bastantes descalabros con el alzamiento de Gonzalo Pizarro y no deseaban verse envueltos en más discordias fraternas, promovidas por los descontentos que seguían pensando en abolir las Leyes Nuevas. La Real Audiencia volvió a intentar cortar las aspiraciones de Hernández Girón.
En la Batalla de Pucará, el 8 de octubre de 1554, Hernández Girón fue derrotado. Logró escapar, pero a los 2 meses fue detenido y llevado a Lima. Fue condenado a muerte y ejecutado en los primeros días de diciembre de 1554. Su cabeza fue clavada en la picota en la plaza de armas de Lima, su casa fue derribada y sembrada de sal.
La fundación de la ciudad de Ica, el 17 de junio de 1563, le valió a Cabrera el nombramiento de corregidor y justicia mayor de Potosí por parte del cuarto virrey del Perú, Diego López de Zúñiga y Velasco, conde de Nieva. El virrey sucesor, Francisco Álvarez de Toledo, lo nombró gobernador del Tucumán en 1571.
Juan de Garay se encontró providencialmente con Manuel Jerónimo Luis de Cabrera que desde la recién fundada ciudad de Córdoba se dirigía con su tropa hacia la cuenca del Río de La Plata, con la misma intención: fundar un puerto con salida al mar.

Imagen: Obra de Juan Arancio.
Encuentro de Garay con Jerónimo Cabrera en Coronda

Fundación de Córdoba
(1573)
En junio de 1573, el gobernador Cabrera preparó mulas, caballos, ovejas, cerdos, gallinas, todo en un total de mil animales. Tomó más de 100 hombres de las ciudades de Santiago del Estero, San Miguel de Tucumán y Nuestra Señora de Talavera, y marchó hacia el sur, hacia la región de los comechingones.
Cabrera decidió desobedecer expresamente el mandato virreinal y fundar una ciudad más al sur. Eligió una región de tierra más fértil y clima más benigno que la de Santiago del Estero. Tras un primer intento el 24 de junio de 1573 en el asiento de Quisquisacate, el 6 de julio de 1573 fundó una ciudad a la que llamó Córdoba de la Nueva Andalucía​ a orillas del río Suquía, al cual llamó río de San Juan (después sería río Primero).
De esa manera cumplió con una promesa que le había efectuado a su esposa, en homenaje a la tierra de donde ella y su familia provenían, sumado a la semejanza del paisaje y sus pobladores comechingones a los de Andalucía. Expresó Cabrera que realizaba su fundación principal en:
"un país en donde se dan las cuatro estaciones (...) y la gente es barbuda y alta, morena como en Andalucía".
Su casa principal, que llegó a tener dos plantas o pisos, la hizo construir en un costado de la Plaza Mayor - actual Plaza San Martín de la ciudad de Córdoba, sobre la actual calle Buenos Aires - considerada como la casona melliza de Manuel de Mercadillo.
Luego de dos meses de fundada Córdoba, Cabrera partió con un grupo de gente en busca del Río de la Plata, tras su objetivo de fundar allí otra ciudad que permitiera una comunicación directa con España sin pasar por el Perú.
Casa de Cabrera en Cuzco
El primer objetivo de Cabrera, fue tratar de encontrar la fabulosa Ciudad de Los Césares. que le sumaría una cuantiosa fortuna personal que repartiría con la corona. El segundo, crear una provincia con salida al océano Atlántico.  Para esto exploró el río Tercero y su continuación, el río Carcarañá, llegando a orillas del río Paraná hasta las proximidades de la actual ciudad de Santa Fe.
Tres meses después, intentó refundar la llamada Torre de Gaboto o Fuerte Sancti Spiritu (erigido el 27 de febrero de 1527 hasta su abandono en septiembre de 1529) haciendo construir un fortín y puerto al cual llamó San Luis de Paraná.  Más tarde, al internarse río arriba se encontró con aborígenes timbúes en el asiento de Omad-coberá que impidieron su paso ya que estaban preparados para atacar a Juan de Garay que se encontraba en su bergantín, ya que bajaba desde Asunción en busca también de un puerto con fácil salida marítima. 
Al ver el peligro que corrían los españoles, atacó a la tribu y los hizo disipar. De esta forma fue que ambos conquistadores entablaron un diálogo que culminaría en discusión sobre sus derechos respectivos, pero en los hechos ninguno de los dos tenía permiso real. Durante la polémica, Cabrera fue llamado a la ciudad de Córdoba por el inminente peligro de un ataque indígena, y por otra razón, que le sería nefasta.
Al regresar a Córdoba y preparándose para pasar a Santiago del Estero, sede de la gobernación, se anotició de la llegada y asunción de un nuevo gobernador del Tucumán, Gonzalo de Abreu, de quien era pariente y con quien estaba distanciado desde que vivían en su Sevilla natal.  Cabrera lo recibiría con todos los honores correspondientes y le entregaría el gobierno.
Cabrera había sido comisionado por el virrey del Perú para que fundara una población española en una latitud que correspondía a la actual provincia de Salta y que tenía por finalidad poder acceder a esas provincias en paz al contar con un poblado que disipara los riesgos y peligros de ataques indígenas. Sin embargo, el gobernador Cabrera desobedeció tal orden y penetró más al sur fundando la ciudad de Córdoba.
Es por esto que Gonzalo de Abreu, que asumió el cargo como nuevo gobernador del Tucumán desde el 13 de marzo de 1574, advirtió que Cabrera había desobedecido las órdenes virreinales y le inició un sumarísimo juicio, a pesar de las protestas de los vecinos. Lo persiguió a él y también a sus amigos, subastó sus bienes a precio vil, siendo Abreu el propio adquiriente, lo mandó apresar, y finalmente lo condenó a muerte.
Existen dos versiones sobre su muerte: una, que Cabrera recibió el garrote junto a su propio lecho de enfermo, sin permitírsele recibir los sacramentos ni poder despedirse de su esposa e hijos. La otra, que Cabrera, como era hidalgo, evitó ser muerto con garrote vil, pero fue trasladado a Santiago del Estero, donde fue decapitado el 17 de agosto de 1574.
Fundación de Buenos Aires* por Juan de Garay
José Moreno Carbonero (1860 - 1942) - Palacio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires
* Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre

Un año después Juan de Garay organizó una partida en busca de la mítica Ciudad de los Césares, llegando hasta el cabo Corrientes, unos 400 kilómetros al sur de Buenos Aires, hoy ciudad de Mar del Plata.
Fue atacado y muerto por los indios en marzo de 1583, en una emboscada entre Buenos Aires y Santa Fe.


La Ciudad de los Césares


La ciudad se caracterizó por ser buscada intensamente durante la época colonial, pues se suponía que había sido fundada según las diferentes versiones, por españoles (náufragos, o exiliados), y/o por mitimaes (desterrados) incas; y que estaba llena de oro y plata.
La versión de Ruy Díaz de Guzmán*, difundida por otros escritores, relata que una expedición conquistadora llegó hasta la Cordillera de los Andes, donde encontraron una provincia rica y fértil, con ganado (guanacos o llamas, que los conquistadores llamaban "ovejas del Perú"), metales preciosos y mucha gente al mando de un cacique que habría recibido gentilmente a la avanzada española obsequiándole regalos al capitán César tras su despedida.





Hernandarias
(1564 - 1634)

Hernando Arias de Saavedra nació en Asunción. Participó en varias expediciones militares y de exploración hasta que en 1592 empezó a desempeñar el cargo de Gobernador de Asunción y luego Gobernador de Buenos Aires (1602 - 1609), siendo el primer criollo nombrado por España.

Combatió el contrabando con los portugueses y amplió considerablemente el terrirtorio bajo dominio español, llevando reses al Uruguay, y organizando expediciones de miles de kilómetros hasta la Patagonia.


Creación de las gobernaciones del Río de la Plata y del Guayra*
 
La división de la antigua gobernación del Río de la Plata y del Paraguay fue ordenada por una Real cédula de Felipe III de España el día 16 de diciembre de 1617, y fácticamente establecida desde el 17 de mayo de 1618, luego de terminar el mandato del último gobernador Hernando Arias de Saavedra, creándose de esta forma dos nuevas administraciones que originalmente una de ellas se le llamó Gobernación del Guayrá, aunque terminó usándose el nombre de Gobernación del Paraguay, y la otra, como Gobernación del Río de la Plata.
 


Miguel López de Legazpi
(1510 - 1572)


Nativo de Zumárraga (Euskadi). En 1545 se instaló en México. Fue puesto al mando de una expedición a Filipinas, tomando posesión de Guam en las Islas Marianas y en las islas principales del archipiélago filipino, estableciendo capital en Cebú.

Los portugueses enviaron una flota para tomar Cebú pero fueron rechazados.

  

 

La Esclavitud en las Colonias Españolas

La esclavitud comenzaba en Africa, aunque esclavos blancos habían sido transportados hacia América. El negocio de esclavizar indios americanos no prosperó por la negativa de Isabel La Católica que arruinó el negocio comenzado por Cristóbal Colón y demás conquistadores al decretar que los indios eran súbditos de la Corona de Castilla y por lo tanto, hombres libres.


La encomienda era el sustituto de la esclavitud, pero los indios en su tierra se escapaban y guerreaban, hasta la observación de Fray Bartolomé de las Casas que indicó la conveniencia de importar negros, que eran más fuertes y que no poseían alma.
Factoría San Jorge de la Mina (Elimina - Ghana) en el Golfo de Guinea en 1482

La principal motivación de los portugueses para establecerse en el Golfo de Guinea fue el comercio de oro, aunque rápidamente se convirtió en un puerto de comercio de esclavos. Con el paso del tiempo la ciudad se convirtió en un puerto de paso para los barcos que se dirigían hacia el Cabo de Buena Esperanza en su camino hacia la India.
A diferencia de lo que hicieron los españoles en América, los portugueses no colonizaron casi nada del territorio africano. Esto no quiere decir que no obtuvieran un provecho económico de esas tierras; sí lo obtendrán, pero de otra manera.

Los portugueses fundaron pequeños establecimientos en la costa africana destinados al comercio con los pobladores nativos de cada zona. Estos establecimientos se llamaron factorías, donde eran remitidos los esclavos comprados por trueque a jefes de tribus que los capturaban o tomaban como prisioneros de guerra en otras tribus del interior del continente africano.

Disposición de esclavos en un barco negrero

En un principio los barcos atracaban en las factorías o en las proximidades
Los negros eran marcados a fuego, revisados por el cirujano de a bordo y encadenados de pies y manos y por el cuello, y conducidos a las bodegas. Las carabelas portuguesas transportaban hasta 500 personas, que alimentaban con porotos, arroz y mandioca. Un 30% de los embarcados moría antes de llegar al puerto americano, el viaje duraba un promedio de dos meses.


En el siglo XV los navegantes portugueses también habían llegado a Brasil, que se convirtió en su única colonia en América, donde los africanos eran vendidos a los dueños de las plantaciones agrícolas para trabajar en sistema de esclavitud. El pachá o soberano esclavista ordenaba afeitar la cabeza y la barba de los esclavos, como humillación, ya que eran una parte importante de la identidad masculina.

Teniendo en cuenta los negros que morían antes de ser vendidos en América, calculan los historiadores que en Africa, un total de sesenta millones de personas fueron esclavizadas o muertas en el proceso de esclavitud.

Los esclavos africanos fueron empleados en las minas y en las plantaciones de algodón, de cacao y de azúcar, los principales negreros fueron de la familia de los reyes de España (Capítulo XXIV - La Esclavitud - Los Negocios de María Cristina). Trabajaban de sol a sol y sin jornadas de descanso.


Las leyes españolas fueron cambiando con el tiempo, de modo que reconocían algunos derechos a los esclavos.

Tenían derecho a la vida, a llevar un nombre y al matrimonio. Su amo no le podía aplicar castigos que lo mutilaran.
La distribución del trabajo en galeras no distinguió entre esclavos y forzados.
Galeotes - César Alvarez Dumont (1866 - 1945)
Museo Nacional de El Prado - Madrid

Una galera solía tener unos 50 metros de eslora por 6 de manga con una obra muerta de apenas metro y medio.

Disponían de una sola cubierta sobre la pasarela de crujía*, construida sobre cajones de un metro de altura,que comunicaba el castillo de proa y el de popa.
* Línea paralela a la quilla que divide a una embarcación en dos partes iguales.


En el interior de estos cajones se estibaban palos, velas y caballería. El cómitre (dirigía la maniobra y el castigo a los esclavos) y sus alguaciles recorrían continuamente la crujía, encargados de marcar el ritmo de boga con tambores y trompetas y fustigando con los rebenques a los galeotes.

Las galeras requerían de esclavos. Los hombres se encadenaban en filas, cinco a cada remo y vivían en su lugar, sólo se movían para hacer sus necesidades en un agujero, comiendo y durmiendo cuando les era permitido, en el mismo lugar.
No tenían protección contra el sol ni asomo de aseo, y frecuentemente recibían latigazos. Si enfermaban eran arrojados por la borda.

Los mercados de negros esclavos africanos permanecieron hasta fines del siglo XIX en las colonias españolas.


Don Quijote de la Mancha.- Los Galeotes

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra - 
Primera parte.- Capítulo vigésimo segundo
 
De la libertad que dio don Quijote a muchos desdichados que, mal de su grado, los llevaban donde no querían ir.
Se cruzaron en su camino, don Quijote y Sancho, con una cuerda de reos, gente maleante que llevaban a sufrir condena remando en las galeras del rey. Don Quijote, que entiende que van de ese modo en contra de su voluntad, les corta el paso y pide a los guardas que le expliquen qué cosas habían hecho para merecer tanto castigo de grilletes y cadenas. Como los guardas se desentienden de las explicaciones, don Quijote se lo preguntará directamente a los galeotes, uno por uno. En un lenguaje ambiguo, de chanza y propio de truhanes, cada uno cuenta sus delitos de manera que no lo parecieran tanto o parecieran casi nada como para recibir semejante trato. Así, uno dice que va por canario, músico o cantor, aunque se estaba refiriendo, realmente, a haber cantado sus fechorías y quiénes habían sido sus colaboradores cuando le aplicaron el tormento; otro dice que va por enamorado, pero se refería burlonamente al amor por el saco de ropa blanca que abrazaba mientras lo robaba, y otro más porque decía que le habían faltado ducados suficientes, aunque realmente se quejaba de no haber tenido tanto dinero como para haber podido comprar o sobornar a jueces y alguaciles. En fin, todos los doce que formaban la cuerda de reos le contaron a don Quijote sus historias. Entre ellos, se encontraba Ginés de Pasamonte o Jerónimo, personaje histórico, de origen aragonés que había combatido en Lepanto, hecho prisionero por los turcos y que, según parece, escribió su propia biografía.


Escuchadas por don Quijote las alegaciones hechas por los reos y convencido de la poca gravedad de sus faltas, de manera muy comedida les pide a los guardianes que los liberen, argumentando - entre otras cosas - que a ellos ninguno de los apresados les había hecho ningún mal y que le parecía duro el caso de hacer esclavos a los que Dios y la naturaleza hizo libres.


El comisario que dirigía la cuerda de presos toma cuanto dice don Quijote por una majadería, entendiendo que ni ellos tenían autoridad para llevar a efecto semejante acción, ni don Quijote la tenía para mandársela hacer.


Don Quijote ataca a los guardianes de los presos. La cólera del caballero andante, imbuido de la idea de servir a los ideales caballerescos de defender a los débiles y menesterosos, se desata de manera inmediata y arremete con su lanza contra el comisario, derribándolo malherido de su caballo. El resto de los guardias se disponen, espada en mano, a reducir a don Quijote, pero los galeotes, viendo la oportunidad que se les presentaba, empezaron a desatarse y apedrearlos, de tal manera que, confundidos, no sabían qué hacer, si atacar a don Quijote o defenderse de quienes los apedreaban, y nada hicieron bien, salvo huir a toda prisa.


Sancho le presta ayuda a Ginés de Pasamonte para deshacerse de los hierros y grilletes, que era quien más seguro llevaban por considerarlo el más peligroso de todos.

Una vez liberados, don Quijote les pide que cojan las cadenas y se encaminen al Toboso a dar cuenta de su aventura a Dulcinea. 
Ginés, en tono socarrón, le contesta que eso no puede ser, y menos aún el ir todos juntos, pues la Santa Hermandad no tardaría mucho en salir tras ellos y hacer lo que les pedía significaría facilitarles las cosas para ser nuevamente apresados. 
A cambio, sin embargo, le ofrece cumplir el agradecimiento de la liberación rezando los padrenuestros y avemarías en el número que mejor considerase, lo que cada uno podía hacer por su cuenta y en cualquier lugar, mientras huía, estaba escondido o no.

La ira de don Quijote se enciende de forma inmediata. Los galeotes encadenados amenazan a Ginés con que iba a ir él solo al Toboso, con el rabo entre las piernas y llevando todas las cadenas juntas.

La respuesta de Ginés y el resto de forzados no se hizo esperar, arremetiendo contra caballero y escudero a pedradas. Don Quijote cae del caballo, Sancho se esconde detrás de su burro; mientras tanto, les despojan de algunas ropillas y prendas antes de escapar cada uno por su parte, dejando a Sancho medio desnudo y a don Quijote tendido en el suelo.

El final del capítulo, lleno de ironía, hace que sea el burro de Sancho el primero en aparecer cabizbajo y pensativo, sacudiendo de cuando en cuando las orejas creyendo oir todavía silbar las piedras. Subraya Cervantes la soledad en quedan los cuatro, Rocinante, el burro, Sancho Panza y don Quijote, como una manera de expresar de forma melancólica la reflexión sobre la ingratitud humana, concluyendo la aventura con el temor de Sancho, en paños menores, a la llegada de la Santa Hermandad y con un don Quijote mohinísimo de verse tan malparado por los mismos a quien tanto bien había hecho.
Lucernarios - Visiones de Don Quijote
Julio González Alonso - Escritor español


BRASIL ***




El Virreinato de Brasil

Desde el comienzo del siglo XVII, misioneros jesuitas hicieron incursiones en el Amazonas.

Las misiones se instalaron en varios países de América del Sur

En abril de 1500, el navegante portugués Pedro Alvares Cabral alcanzó también las costas brasileñas. El proclamó oficialmente a la región posesión de Portugal. El territorio fue llamado Terra da Vera Cruz (en portugués, Tierra de la Cruz Verdadera). 

En 1501, el navegante italiano Américo Vespucio dirigió una expedición sobre este nuevo territorio por instigación del gobierno portugués. En el transcurso de estas exploraciones, Vespucio reconoció y bautizó muchos cabos y bahías, entre ellas la de Río de Janeiro. Regresó a Portugal con brasilete (madera de Pernambuco que proveía una tintura roja). La Terra da Vera Cruz tomó, a partir de esta fecha, el nombre de Brasil.
 
El 1° de enero de 1680 los portugueses arribaron a la desembocadura del Río de la Plata y el 20 ocuparon la Isla San Gabriel. Entre el 20 y el 28 ese mismo mes, Manuel Lobo fundó la Nova Colônia do Santíssimo Sacramento que fue el primer asentamiento europeo y la primera y más antigua ciudad en lo que hoy es Uruguay.

Bajo el reinado del rey José I de Portugal (1714 - 1777), Brasil conoció numerosas reformas por instigación del Marqués de Pombal, secretario de Asuntos Extranjeros y de Guerra, luego Primer Ministro. 

Los esclavos indios fueron liberados en Brasil..
Pombal atenuó el peso del monopolio real sobre el comercio internacional del virreinato, centralizó el aparato gubernamental brasileño cuya sede fue transferida de Bahía a Río de Janeiro en 1763.


Tres años antes, en 1760, a modo de lo que ya había hecho en 1759 en Portugal, Pombal expulsó a los jesuitas de Brasil.

La razón oficial fue el descontento popular suscitado por la influencia jesuita en los indios y su creciente peso en la economía. Las guerras napoleónicas doblaron profundamente el curso de la historia brasileña.


Desde noviembre de 1807, Napoleón atravesó con su ejército la frontera hispano-portuguesa. Sin esperar la llegada de los franceses, el príncipe Juan, regente de Portugal, y la Corte embarcaron en Lisboa con destino a Brasil. El gobierno real de Portugal se instaló entonces en Río de Janeiro.

En marzo de 1816, el príncipe Juan devino rey de Portugal bajo el nombre de Juan VI el Clemente. El sentimiento republicano, ampliamente extendido a través del país después de la independencia de Estados Unidos (1776) y de la Revolución Francesa (1789), ganó una audiencia considerable cuando las colonias españolas vecinas se volvieron independientes.


Desde 1816, Juan VI debió intervenir para ocupar la región de la Banda Oriental bajo el control de los revolucionarios hispano-americanos. Juan VI nombró a su segundo hijo, Dom Pedro, regente de Brasil. Pero en Portugal, se había formado una viva oposición contra las reformas emprendidas en el virreinato.


La Asamblea portuguesa, las Cortes, votó una serie de leyes destinadas a devolver a Brasil su antiguo estatuto de colonia. Dom Pedro fue intimado a regresar a Europa.

En 1822, ante las demandas y la indignación de los brasileños, Dom Pedro anunció su rechazo a dejar el país.


En junio de 1822, hizo convocar una Asamblea Constituyente. En septiembre de 1822, mientras que enviados de Portugal revelaban que las Cortes no harían más ninguna concesión a los nacionalistas, Dom Pedro proclamaba la Independencia de Brasil.

Ese mismo año, un voto de la Alta Cámara de la Asamblea Constituyente lo hizo Emperador de Brasil bajo el nombre de Pedro I. A fin de 1823, todas las tropas portuguesas en Brasil debieron rendirse al nuevo régimen. Reinando como verdadero dictador, Pedro I perdió mucha popularidad en su primer año en el poder.


En 1823, a causa de disensos con la Asamblea Constituyente, decidió disolverla y promulgó una nueva constitución en marzo de 1824. Al año siguiente, en 1825, Argentina apoyó una revuelta en la provincia de Cisplatina. Este apoyo fue considerado por Brasil como una provocación y fue declarada la guerra entre los dos países.


Derrotados en 1827, los brasileños debieron acordar, al final de negociaciones mantenidas bajo la mediación británica, la independencia de la provincia de Cisplatina y de Uruguay.

El fin de los años '20 vio el aumento de la oposición popular contra Pedro I. En 1831, éste decidió finalmente abdicar en favor de Pedro II, su presunto heredero de 5 años. En julio de 1840, el Parlamento brasileño proclamó la mayoría de edad de Pedro II quien pudo entonces tomar la cabeza del estado.
Se reveló uno de los monarcas más competentes de su época. Bajo su reinado, que duró casi medio siglo, el crecimiento económico y demográfico del país fue excepcional. La producción nacional fue multiplicada por 10 y el país comenzó a dotarse de una red ferroviaria.


La política exterior del gobierno imperial era abiertamente hostil a las dictaduras vecinas. De 1851 a 1852, Brasil sostuvo entonces la lucha revolucionaria que combatía al dictador argentino Juan Manuel de Rosas.

De 1865 a 1870, aliado a la Argentina y a Uruguay, combatió victoriosa e injustamente al Paraguay (Guerra de la Triple Alienza).


En 1853, Pedro II prohibió el desembarco de esclavos negros. Algunos años más tarde, una campaña en favor de la emancipación fue lanzada por todo el país.

En esta época, Brasil contaba con 2,5 millones de esclavos. Los abolicionistas tuvieron su primera victoria en 1871, cuando el Parlamento aprobó una ley dando la libertad a los niños nacidos de una madre esclava (ley de libertad de vientres).
En la misma época, un sentimiento republicano se desarrolló en el país, particularmente en razón de los sacrificios sufridos durante la injusta guerra contra Paraguay.


Estos diferentes factores condujeron a la instauración de la primera república.



Los Jesuitas en América

  
La Compañía de Jesús desarrolló una actividad importante durante la Reforma católica (Capítulo XXV - La Inquisición - Martín Lutero), sobre todo en los años inmediatamente posteriores al Concilio de Trento.
Las Ordenes religiosas recelaron siempre de los jesuitas por su incondicional obediencia la papa, al que representaron en el Concilio de Trento donde establecieron las políticas de la iglesia que los alejó de los protestantes, dando origen a las guerras religiosas

 (Capítulo XII - Los Austrias - El Concilio de Trento).
Los Habsburgos restablecieron el catolicismo en Hungría por la destacada actuación de los jesuitas (Capítulo XIII - Los Habsburgo - La Compañía de Jesús)
Desarrollaron colegios y universidades en Europa y enviaron misioneros a la India, China y Japón, a las reducciones (misiones) de Brasil, Bolivia, Paraguay y Argentina, y exploraron y evangelizaron en Canadá y Mississipi.

Capítulos notables de su historia han sido el origen y desarrollo de sus colegios y universidades en Europa, la actividad misionera en la India, China y Japón,
Los misioneros jesuitas lograron que el catolicismo sea la religión más difundida en el mundo. Particularmente en América, donde San Ignacio de Loyola envió a predicar en Brasil a los primeros sacerdotes de la Orden.
Siguiendo indicaciones de San Ignacio de Loyola, los jesuitas aprendieron las lenguas nativas desarrollaron el contacto técnico y la atracción de los indígenas, utilizando su incuestionable atracción por las artes, sobresaliendo en música y en pintura.

Establecieron un modelo misionero, similar a los falansterios (Capítulo XXIV - La Esclavitud - El Socialismo Utópico).
Tuvieron que enfrentar la oposición de algunos sectores de la Iglesia, en particular de otras órdenes religiosas, de encomenderos y esclavistas, y en general de los gobiernos europeos en tiempos del despotismo ilustrado
.
Los jesuitas son una organización militar, no una orden religiosa. Su jefe es el general de un ejército, no el mero abad de un monasterio. Y el objetivo de esta organización es Poder, Poder en su más despótico ejercicio, Poder absoluto, universal, Poder para controlar al mundo bajo la voluntad de un solo hombre (El Superior General de los Jesuitas) El Jesuitismo es el más absoluto de los despotismos y, a la vez, es el más grandioso y enorme de los abusos.

Napoleón Bonaparte - Memorias

El primer país en expulsar a la Compañía de Jesús fue Portugal. Más de mil jesuitas de Portugal y sus colonias fueron deportados con destino a los Estados Pontificios. Más tarde, los jesuitas fueron expulsados de los territorios de la corona española a través de la Pragmática Sanción de 1767 dictada por Carlos III el 2 de abril de 1767
Fueron considerados sospechosos de tratar de crear un imperio independiente de las monarquías europeas, Este fue un conocido argumento que provocó la expulsión de ña Orden de las colonias españolas en 1758 y la disolución de la Orden en 1773.
Por razones políticas, los reyes de Francia, España, Portugal y de las Dos Sicilias exigían la desaparición de la Compañía. El papa Clemente XIV cedió y mediante el breve Dominus ac Redemptor suprimió la Compañía de Jesús. No obstante en Rusia y Prusia el edicto de supresión no fue promulgado por los monarcas. Jesuitas de toda Europa aceptaron la oferta de refugio hecha por la zarina Catalina la Grande, quien esperaba continuar así, con el apoyo intelectual de la Compañía, la modernización de Rusia iniciada por Pedro el Grande (Capítulo XXVIII - La Revolución Francesa - Catalina la Grande).


Cuando los jesuitas alemanes fueron expulsados por Otto von Bismarck, cientos de ellos se trasladaron a Norteamérica y colaboraron en la evangelización del interior de los Estados Unidos.
Pío VII decidió restaurar a la Compañía. muchos jesuitas habían sobrevivido en Rusia protegidos por Catalina II. La Iglesia tenía otros enemigos; los liberales, los masones, los ateos.

Durante la Primera Guerra Mundial, muchos jesuitas se desempeñaron como capellanes y camilleros, entre ellos Pierre Teilhard de Chardin (místico que estudió la supuesta evolución de la conciencia humana) y el beato alemán Rupert Mayer, apodado el “apóstol de Múnich”. capellán del ejército y héroe de guerra, sus sermones contra el nazismo motivaron su envío a un campo de concentración.

Una de las campañas más cruentas fue la evangelización de Canadá por misioneros franceses, con decenas de mártires. Los indios, a excepción de los iroqueses, fueron convertidos,
En Nueva Francia (actualmente Estados Unidos), fundaron poblados en el actual Estado de Michigan, recorriendo el río Mississipi.

En 1572 llegaron a Veracruz y a la ciudad de México, donde fundaron el  Antiguo Colegio de San Ildefonso

Antiguo Colegio de San Ildefonso - ;Museo de la Ciudad de México

El trabajo jesuita se extendió hasta el 25 de junio de 1767, cuando fueron expulsados y sus propiedades tomadas militarmente, hasta que el 19 de mayo de 1816 Fernando VII restituyó a la Compañía.

En 1568 bajo el mando del General de la Orden San Francisco de Borja llegaron sl Perú. En Lima fundaron muchos colegios, uno de ellos dedicado a la enseñanza de los hijos de los caciques, otro para hijos de españoles y cinco colegios para los nativos.
En el Cusco crearon la Real Universidad de San Ignacio de Loyola del Cusco y la Universidad Mayor Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca.


En 1767, como en las demás colonias españolas, los jesuitas del Perú fueron expulsados por orden del rey Carlos III. Este mandato fue cumplido por el virrey Manuel de Amat y Junyent. La Compañía es autorizada a volver al Perú en 1871
.


 
Los Jesuitas en el Río de la Plata

En la época en que Portugal y España estuvieron gobernados por un mismo rey, Felipe III de España, fue publicada a partir de 1607 una serie de decretos que protegían las misiones, dándoles total autonomía desde que hubiese allí un representante del rey.
Se prohibió el acceso de mestizos y negros a las reducciones, y se dio libertad a los indios reducidos dentro de la misión.
Estos decretos provocaron que muchos indios se instalaran en las reducciones, huyendo de los cazadores de esclavos, los bandeirantes.


En 1603 Hernandarias, Gobernador de Nueva Andalucía del Río de la Plata modificó la legislación sobre el trabajo de los indios, suprimiendo mitas y encomiendas, por las cuales los españoles usufructuaban el trabajo indígena a cambio de su evangelización, que en la práctica no se cumplía.
En 1608 Felipe III dispuso la fundación de reducciones jesuíticas guaraníes en el Guayrá (Paraná Brasil).

Se crearon misiones guaraníes en Guayrá, en el Rio Uruguay (Brasil, Argentina, Uruguay), en el Río Paraná (Argentina, Paraguay, Brasil) y misiones guaycurúes en el Chaco (Paraguay, Argentina, Brasil).

Desde 1617 las regiones pertenecieron a la Gobernación del Paraguay y a la Gobernación del Río de la Plata, ambas dependientes del Virreynato del Perú.




Los Bandeirantes

La Villa de San Pablo de Piratininga fue fundada en 1554 con la construcción de un colegio de jesuitas en 1560. Al norte de San Pablo se encuentra Minas Gerais, que concentró una población por el descubrimiento de oro en la región.

La ocupación de Minas Gerais tuvo inicio el siglo XVI, por los paulistas que buscaban oro y piedras preciosas. Estos paulistas formaron distintos grupos, que se dispersaron por el interior del territorio inexplorado. Cada grupo llevaba una bandera, de donde proviene el nombre de bandeirantes,
Los bandeirantes se dispersaron por todo el país buscando indios para esclavizarlos, y también oro y diamantes.
Los holandeses (Capítulo XIII - Los Habsburgos - Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales) dominaban el Atlántico sur y habían elevado el precio de los esclavos negros, El desarrollo de la agricultura del azúcar necesitaba mano de obra, preferentemente esclava, como también el cateo de cientos de kilómetros de arroyos y la ganadería.

En la historia de las colonias españolas los bandeirantes fueron considerados piratas filibusteros (Capítulo XIX - El Caribe - Henry Morgan - La Toma de Jamaica) asesinos esclavistas, en Brasil los bandeirantes son reconocidos por haber llevado las fronteras portuguesas al oeste del Tratado de Tordesillas (Capítulo XIV
 - La Conquista de América - Los Adelantados - El Tratado de Tordesillas).

Monumento a las Banderas - Parque Ibirapuera, en São Paulo

Los indios tupíes eran los enemigos de los guaraníes. Aliados a los bandeirantes, representaban el 80% de las fuerzas de una bandera.
Los jesuitas armaron y entrenaron militarmente a los indígenas de las reducciones en defensa contra los paulistas.

Las bandeiras, dirigidas a la caza de esclavos, estaban dirigidas comercialmente desde San Pablo, reclutando mamelucos (mestizos) tupíes y desacatados aventureros holandeses, siendo políticamente apoyados por encomenderos.

A fines del siglo XVIII el azúcar paulista se convirtió en el negocio más importante de la región paulista, desplazando a la actividad azucarera del noreste, después de varios años de intensas sequías que provocaron migraciones al sur del Brasil. El azúcar se acopiaba y comercializaba en San Pablo y se embarcaba en el cercano puerto de Santos.


 
Anahí -  Leyenda
 
En una tribu de la etnia guaraní Mbya, vivía una joven. llamada Anahí por ser la menor de la familia, conocida por la dulzura de su voz.

Flores de ceibo .
   
Al arribar los conquistadores, la tribu de Anahí decidió defender su tierra nativa, pero fueron derrotados y Anahí cayó prisionera. Llevada al campamento español, logró en la noche zafar de sus ligaduras y golpeando a un centinela ganó el bosque, con tan poca suerte que volvió a caer en manos de sus captores. El soldado herido por Anahí murió; acusada de ser bruja, fue condenada a morir en la hoguera.

Atada a la estaca y encendidos los leños, Anahí, en medio de las llamas, comenzó a cantar una canción. Al amanecer, el cuerpo de Anahí se había convertido en un árbol hermoso del cual pendían racimos de flores rojas como las llamas que habían abrasado a la joven.



Hernandarias

Entre 1550 y 1590, Asunción fue el centro de la colonización española en el Río de la Plata, partiendo desde esta ciudad varias expediciones fundadoras, tales como la Villa de Ontiveros (1554), Ciudad Real (1557), Nueva Asunción (1559), Santa Cruz de la Sierra (1561), Villa Rica (1570), Santa Fe (1573), la segunda fundación de Buenos Aires (1580), Concepción de Buena Esperanza (1585), Corrientes (1588) y Santiago de Jerez (1593).

Hernando Arias de Saavedra fue elegido Gobernador interino en 1592, siendo el primer criollo en llegar al alto cargo. En 1598, el virrey del Perú lo nombró Gobernador titular. Su política interior estuvo dirigida a la defensa del indígena en situación de encomienda y la exploración del territorio.
Yerno de Juan de Garay, fundador de las ciudades de Santa Fe y Buenos Aires, quien fuera el primer teniente de gobernador de Santa Fe, después de Asunción y finalmente, Gobernador titular.

Monumento a Hernandarias en la ciudad de Buenos Aires

En 1607, Hernandarias quiso remediar la situación de aislamiento, distancia y amenaza en que se encontraban las ciudades del Guayrá, Santiago de Jerez, Villa Rica y Ciudad Real, que estaban apartadas de las corrientes comerciales e incomunicadas, para lo cual solicitó al rey la división de dichas provincias con un gobernador para cada una de ellas. 
El rey solicitó un informe al Virrey del Perú, marqués de Montesclaros, quien juzgó conveniente la creación de una nueva gobernación agregando a las tres ciudades del Guayrá a la de Asunción, cada gobernación contaría con cuatro ciudades.

La división se efectuó en 1617, resultando de este modo la Gobernación del Río de la Plata, con Buenos Aires como capital, así como Santa Fe, Concepción de Buena Esperanza y Corrientes; mientras la Gobernación del Paraguay tendría Asunción como capital, más las ciudades de Villa Rica, Santiago de Jerez y Ciudad Real.


Poseedor de grandes cualidades como oficial y administrador, lo llevarían al nombramiento como teniente de gobernador de Asunción a mediados de 1592 hasta 1594, siendo también en 1593 gobernador interino rioplatense, luego de un interregno de dos años, y desde 1596 ocuparía sucesivamente el cargo titular de Gobernador del Río de la Plata y del Paraguay, haciéndolo con solvencia durante tres períodos, hasta 1618, fecha en la cual la gobernación se dividiría por Cédula Real, pedida por él mismo, en sus dos componentes territoriales.

Durante su mandato tomó numerosas medidas para estimular el crecimiento de la entonces pequeña villa portuaria de Buenos Aires, incluyendo la creación de las primeras escuelas de primeras letras, la instalación de hornos de cocción de ladrillos y tejas para sustituir la construcción de adobe, y la reconstrucción del fortín que protegía la ciudad de los piratas.     
Ordenó además la construcción de un torreón defensivo para el puerto, ubicado a la desembocadura del Riachuelo en la actual Vuelta de Rocha, tras el robo y saqueo de dos navíos anclados por parte de corsarios ingleses el 18 de marzo de 1607. Tomó también medidas contra el tráfico ilegal, causado por la prohibición del comercio de frutos del país y de negros esclavos.

Durante su período como Gobernador del Río de la Plata, Hernandarias emprendió varios viajes de exploración, incluyendo expediciones a Uruguay y Brasil para contener a los bandeirantes portugueses y explorar la navegabilidad de los ríos, y expediciones a la Patagonia para buscar la mítica Ciudad de los Césares. En esta última, en 1604, que fue un verdadero fracaso, fue capturado por los nativos tehuelches casi 1.000 km al sur de Buenos Aires, aunque pudo escapar con vida.

En 1603 Hernandarias modificó la legislación sobre el trabajo de los aborígenes, promoviendo la supresión de las mitas y encomiendas, por las cuales los españoles gozaban de los frutos del trabajo de los nativos a cambio de su evangelización, en la práctica inexistente. Obtuvo la aprobación de esta reforma por parte del rey Felipe III de España, y en 1608 se dispuso la creación de las reducciones jesuíticas y franciscanas en la región del Guayrá (actual estado de Paraná, Brasil).

Irónicamente el primer gobernador rioplatense Diego de Góngora ni bien llegó ordenó su arresto y el remate de sus bienes, esto en concurso con la red de contrabando dirigida por el sevillano Juan de Vergara y el portugués Diego de Vega con quien Góngora tenía estrecha alianza aun antes de partir de España y a quienes Hernandarias había perseguido y expulsado de la ciudad. De hecho, excluyendo a Hernandarias, casi todos los gobernadores de la época estuvieron en mayor o menor grado comprometidos con el tráfico comercial ilegal o contrabando.

Retirado a Santa Fe, cuando en 1627 el nuevo gobernador Céspedes intentó nuevamente encarcelar y dar muerte a Juan de Vergara, el mismo obispo Pedro Carranza, primo de Vergara, forzó la cárcel y lo liberó llegando a excomulgar al gobernador, lo que provocó que las tropas lo abandonaran. Céspedes recurrió a Hernandarias, quien autorizado por la Real Audiencia de Charcas viajó desde Santa Fe a Buenos Aires para gestionar que el obispo Carranza levantara la excomunión e hizo procesar a Vergara lejos de la diócesis de aquel.


Hernandarias fue convocado nuevamente ante posteriores disturbios, con lo que mantuvo junto al respeto de parte de sus vecinos y el odio de otros, su influencia en la política local.
Luego de recorrer en 1604 el territorio actual del Uruguay durante unos seis meses se dirigió a Buenos Aires, desde donde comunicó a Felipe III Rey de España las observaciones que efectuara, describiendo las tierras al este del río Uruguay como muy buenas y recomendando que fueran pobladas con ganados con lo que, consideraba, en pocos años prosperarían abundantemente. Dicha recomendación no fue escuchada, pero en 1610 el Rey otorgó a Hernandarias en agradecimiento el título de Protector de los Naturales, junto con dos islas en la confluencia del río Negro con el río Uruguay: las actuales isla de Lobos e isla del Vizcaíno.
 
Siguiendo la recomendación que remitiera al Rey, en 1611 Hernandarias volvió a viajar a lo que más tarde sería la Banda Oriental, transportando una importante tropa de ganado vacuno que liberó en sus islas, a ambos lados del brazo Yaguarí del río Negro. En 1617 repitió la operación con otras cincuenta terneras y algunos toros, y otros vacunos en la isla San Gabriel.

Este hecho dio origen, en parte, a lo que constituyó una gran riqueza ganadera, cuya explotación fue una de las razones determinantes de los importantes procesos históricos que culminaron en la efectiva colonización del actual territorio de Uruguay, que había quedado despoblado por parte de los españoles.

En la historiografía clásica Hernandarias es considerado el padre de la ganadería uruguaya, aunque existió otro origen, tal vez más importante aún, que fueron las vaquerías jesuíticas. Diversos autores coinciden que hacia 1630 ya había ganado al norte del Río Negro, procedente de San Juan de Vera de las Siete Corrientes y las misiones de Santa TeresaSan Miguel y Jesús María (en Río Grande del Sur) y que el ganado que pobló de forma masiva el territorio oriental y dio origen a la Vaquería del Mar, entre las cuencas de los ríos Tacuarí y Cebollatí, provino de esa fuente y no del ganado introducido por Hernandarias a orillas del Río Uruguay.

La abundancia del ganado vacuno, que se reprodujo ampliamente debido a las condiciones favorables de las pasturas del territorio, atrajo por el norte las incursiones de los portugueses desde el Brasil, así como el establecimiento furtivo de campamentos de faeneros, dedicadas a obtener el cuero, que era inicialmente el único producto aprovechado de ese ganado. También determinó que los portugueses fundaran posteriormente la Colonia del Sacramento, y que el gobierno español decidiera fundar Montevideo.



Mbororé
(1641)


Por una Real Cédula de 1608 se ordenó al gobernador de Asunción del Paraguay, Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias) que los jesuitas se dirigieran a las regiones del río Paraná, del Guayrá y a las áreas habitadas por los guaycurúes.

Su misión era la de fundar pueblos y evangelizar a los indígenas que habitaban dichas regiones. Posteriormente se añadirían los pueblos de Itatín (al norte de Asunción) y del Tapé (en el actual estado de Río Grande del Sur, Brasil).

Los jesuitas advirtieron la atracción de los guaraníes por la música y por las artes, que cultivaron en las reducciones. Incorporaron su estilo a la pintura europea. Fueron excelentes luthiers, exportando sus productos a Europa donde fueron muy bien recibidos.


La virgen de Habiyu - M Habiyú - Pintura sobre tela en el Museo Enrique Udaondo de Luján (Buenos Aires)

Los bandeirantes preferían esclavos de las reducciones, porque estos eran civilizados, desarrollaban oficios y conocían labores culturales agrícolas y domésticas.
Los bandeirantes comenzaron a atacar las reducciones, que se encontraban indefensas, cautivando indios guaraníes de diversos oficios, dóciles e indefensos (por decreto real no podían portar armas).


Desde 1620 las incursiones de los bandeiras se hicieron cada vez más agresivas, lo que obligó al abandono o reubicación de algunos pueblos.
Los bandeirantes Raposo Tavares, Manuel Preto y Antonio Pires capturaron alrededor de 5.000 guaraníes entre 1628 y 1629; llegaron a San Pablo unos 1.200, los demás murieron en el traslado por la selva.

La región del Guayrá (Paraná - Brasil), como consecuencia de las capturas, se despobló, y no menos de 12.000 guaraníes se refugiaron en Misiones (Argentina), en las reducciones de Loreto y San Ignacio Miní.

El avance de los bandeirantes parecía imparable: coparon Itatí en 1632 y el Tapé fue invadido en 1637 y 1638.

A fines de 1638, el jesuita Diego de Alfaro con indios guerreros cruzó el río Uruguay, intentando recuperar guaraníes capturados por los bandeirantes, recibiendo un contingente de 1.500 guaraníes dirigidos por al padre Romero. Un total de 4.000 indios avanzó sobre Caazapaguazú donde estaban atrincherados los bandeirantes con los indios apresados.
El ejército guaraní jesuita logró una victoria y los bandeirantes se dispersaron por la selva. Como consecuencia de esta derrota, los jesuitas fueron expulsados de San Pablo, aún habiendo recibido Cédulas Reales y Bulas Pontificias condenando la esclavitud de los guaraníes.


En San Pablo se organizó una expedición punitiva, una poderosa bandeira, con 300 holandeses y portugueses muy armados, mamelucos con arcabuces, cientos de canoas y miles de indios tupíes con flechas. La bandeira estaba comandada por Manuel Pires y debía arrasar las misiones entre los ríos Uruguay y Paraná (actual Mesopotamia Argentina), esclavizando la mayor cantidad posible de indios.
En 1640 una Real Cédula permitió proveer de armas a los guaraníes, aunque debía demorar (debía pasar por el virreinato del Perú) mientras los bandeirantes se aprestaban a cruzar el río Urugua
y.


Ante la inminencia de ataques bandeirantes, el Gobernador de Asunción, con anuencia de la Real Audiencia de Charcas, permitió que los guaraníes usaran armas de fuego y que recibieran instrucción militar. Desde Buenos Aires se enviaron once soldados españoles, y los jesuitas llamaron a sacerdotes que con anterioridad a su ordenación habían servido al ejército (como Ignacio de Loyola).
Los jesuitas prepararon un ejército para resistir esta invasión. 4.200 guaraníes fueron instruidos militarmente, armados con arcabuces y flechas, alfanjes (espadas cortas de hoja ancha y curva). rodelas (escudos redondos y livianos), presentando caballería con lanzas (no muy efectiva en las costas de los ríos). La artillería incluía cañones de madera.

Cañones de madera - Trabajados en tronco de madera dura reforzados con bandas de cueros húmedos que ceñían su circunferencia, disparaban tacuaras (tacuaruzú) encendidas contra las canoas bandeirantes. No eran muy efectivos. Sólo podían realizar unos cinco disparos en su vida útil y a veces estallaban sobre sus artilleros.

También fabricaron distintas catapultas. Las armas no convencionales: peleaban con afiladas quijadas de equinos (el arma que utilizó Sansón para matar a mil filisteos ("Y halló una quijada de asno fresca aún, y extendiendo su mano, la tomó y mató a mil hombres con ella (Jueces 15:15)"), también pelearon con boleadoras y hondas, con piedras, etc. Los flecheros llevan dos arcos, cuatro cuerdas y treinta flechas, Los que arrojaban piedras llevaban bolsas con no menos de cincuenta piedras. Los niños repeonían las piedras arrojadas.

Flechas guaraníes - Técnica del Nauquía (Capítulo IX - Las Cruzadas - Dorilea)

El reglamento desarrollado por los jesuitas durante el siglo XVII para la defensa de los pueblos exigía que todos los indios adultos tuvieran entrenamiento y los niños empezaran a practicar a los siete años una vez al mes, con hondas, arcos y lanzas.


Las 300 balsas para la inminente batalla estaban techadas para evitar los flechazos y pedradas de los tupíes.
Los indios recibieron instrucción militar de hermanos y sacerdotes llegados de Buenos Aires y de Asunción. El Padre Romero dirigió le defensa, organizando compañías comandadas por capitanes.
La reducción de la Asunción del Acaraguá, ubicada sobre la orilla derecha del río Uruguay, en una loma cercana a la desembocadura del arroyo Acaraguá, fue trasladada y reubicada por precaución río abajo, cerca de la desembocadura del arroyo Mbororé en el río Uruguay.


Una pequeña guarnición continuó en Acaraguá, que mantuvo escaramuzas con la ofensiva de los bandeirantes, que bajaban por el Uruguay, Antes de abandonar la plaza los guaraníes incendiaron la zona, destruyendo todo lo que podría se de provecho para los portugueses y se retiraron a Mbororé,
La vanguardia de los portugueses continuó río abajo. El 11 de marzo de 1641 se libró la Batalla de Mbororé, donde los bandeirantes debieron retirarse, construyendo una empalizada en Acaraguá, siendo sitiados por los guaraníes.

Batalla Naval de Mbororé

Durante los días 12, 13, 14 y 15 de marzo, los misioneros bombardearon continuamente la fortificación con cañones, arcabuces y mosquetes, tanto desde posiciones terrestres como fluviales, sin arriesgar un ataque directo. Los bandeirantes intentaron escapar río arriba, siendo interceptados por los guaraníes, y perdiendo muchos hombres.

Los sobrevivientes, de regreso a Acaraguá, solicitaron una rendición a través de una carta que fue destruida. Los guaraníes querían matar a todos los bandeirantes.
Mborore fue la primera Batalla Naval de Sudamérica.


Saltos del Moconá - Misiones - Argentina

Los bandeirantes derrotados se internan en la selva y logran llegar hasta les saltos del Moconá, donde consiguen vadear el río Uruguay. De regreso a San Pablo, los pocos sobrevivientes perseguidos por guaraníes y misioneros, pasaron por territorio de los guayanás (caníbales) que se los comieron. Muy pocos llegaron a San Pablo.
Una nueva incursión de portugueses bandeirantes en 1642 fue ampliamente derrotada por los curas y los guaraníes. 
 

La Revolución Comunera
(1717 - 1735)

Las Revoluciones de los Comuneros paraguayos, liderados por el panameño José de Antequera y Castro y el venezolano Fernando Mompox, considerados como antecesores a los movimientos independentistas, partían del interés de oponerse a las limitaciones de la Corona española respecto a la explotación de los súbditos españoles a los súbditos indígenas. 


El precedente del término comuneros es la Rebelión Comunera de Castilla (Capítulo XII - Los Austrias - Carlos Rey Emperador), con la insurrección de ciudades como Toledo, Ávila, Madrid, Segovia y Valladolid, entre otras, donde dirigentes como Padilla, Bravo y Maldonado hicieron frente a las regulaciones del Emperador Carlos V en 1521. La llamada Revolución de los Comuneros en América no surgió sino bastantes años después.


Una Real Cédula de 1537 establecía que en caso de morir el gobernador, debía sucederle un gobernador elegido por el voto de los habitantes. Alvar Núñez Cabeza de Vaca había intentado que se aplicaran las Leyes Nuevas, que afectaban a los encomenderos (Capítulo XIV - La Conquista de América - Los Adelantados - Las Leyes Nuevas), por lo que fue depuesto, arrestado y enviado a España, de acuerdo a la Real Cédula se eligió en Asunción a Domingo Martínez de Irala como gobernador.

En 1717Diego de los Reyes Balmaceda gobernaba ilegalmente, debido a que la ley prohibía nombrar gobernadores a los habitantes de los pueblos a gobernar.
La población de Asunción se convierte en la primera colonia en reclamar la ilegalidad del mandato de un gobernador: Diego de los Reyes Balmaceda, cuyo nombramiento contrariaba la ley que prohibía nombrar gobernadores a los vecinos de los pueblos que debían gobernar.
Balmaceda maltrató a la población asunceña, encarcelando ciudadanos, usufructuando trabajos de los indios e interceptando los caminos a Charcas para impedir la presentación de las denuncias formuladas en contra de él.
La Real Audiencia de Charcas dispuso la apertura de un proceso, enviando a Asunción al Juez García MirandaEste juez ordenó la libertad de los  detenidos, pero Reyes Balmaceda no sólo no los liberó sino que cometió otras fechorías, como intentar esclavizar a la comunidad de indios payaguáes, habitantes pacíficos de las cercanías de la Asunción.
El juez García Miranda renuncia, por lo que la Real Audiencia de Charcas intima a Reyes Balmaceda a entregar la ciudad de Asunción. enviando a 
José de Antequera y Castro, panameño, Caballero de la Orden de Alcántara y Protector de los Indios del Perú, como nuevo Juez Pesquisador, condenando a Reyes Balmaceda. Antequera ocupa su puesto, dando inicio a lo que se conoce como Revolución Comunera del Paraguay.
Reyes Balmaceda huye a Buenos Aires. donde se vincula y recibe apoyo de la Compañía de Jesús. Los jesuítas acuden al Virrey, que ordena la reposición de Reyes Balmaceda como gobernador de Asunción, desconociendo a la Real Audiencia de Charcas.

En Asunción entonces existen dos gobernadores: José de Antequera y Castro (mantenido por el Cabildo y el pueblo de Asunción) y Diego de los Reyes Balmaceda (apoyado por los jesuítas y por el Virrey), instalado en las Misiones.

El Gobernador de Buenos Aires, Bruno Mauricio de Zabala, envía a los guaraníes para enfrentar a los comuneros. y son derrotados. El Cabildo de Asunción declara la guerra al gobierno de Buenos Aires.

Monumento a Zabala en Montevideo

Zabala entra en Asunción, y el Cabildo capitula. Ordena la captura de José de Antequera y Castro, que se refugia en Córdoba donde es apresado y enviado a la cárcel de Lima, para ser decapitado en 1731. Cuando se supo la noticia en Asunción, explotó la ira popular contra los jesuitas.

En junio de 1731 Gobernaba la provincia Martín de Barúa, nombrado por Bruno de Zabala tras la huida de Antequera. Durante un período de cinco años, Barúa propulsó una política de paz y recuperación, basada en la indulgencia, por lo que los principales líderes comuneros pudieron reincorporarse a la vida provincial.

En la prisión de Lima Antequera había confiado sus ideas comuneras a Fernando de Mompox, que logró escapar de la prisión, refugiándose en Chile y finalmente en Asunción, donde se instala como comunero. Continuador de la política de Antequera se convierte en líder de la población.


La revolución continúa, el pueblo no acepta la autoridad del nuevo gobernador, Ignacio de Soroeta, pariente del Virrey y partidario, que abandona la Provincia.
Momfox sostuvo que la voluntad del Común es superior a la del propio Rey, radicalizando las ideas antes enunciadas por Antequera y Castro


Mompox propone y logra una junta gubernativa cuyo presidente recibió el nombre de "Presidente de la Provincia del Paraguay". El elegido es José Luis Barreyro, que traiciona a la revolución y arresta a Mompox, entregándolo a los jesuitas de la misión de Itatin. Mompox arrestado camino a Córdoba para ser enviado a Lima con segura ejecución (su anterior prisión estaba ordenada por el Tribunal de la Inquisición). Fue rescatado por un grupo de comuneros de Asunción.
Según versiones se internó en la selva y nada más se supo de Mompox. La versión de los jesuitas es que Mompox se asiló en Colonia de Sacramento y se estableció como comerciante en Río de Janeiro.


Se sucedieron varios gobernadores apoyados por los jesuitas. Se libró la Batalla de Guayaibití (Pirayú - Paraguaí). 
En 1735 el gobernador Zabala envía un ejército que acompañado por 8.000 guaraníes de las misiones termina con la resistencia de los comuneros en la Batalla de Tobatí (Tobatí - Cordillera).

Los comuneros fueron los primeros revolucionarios americanos que denunciaron el despotismo de los reyes de España y de sus representantes. Todo el pueblo paraguayo fue castigado. Los líderes comuneros fueron asesinados y descuartizados, desterrados o desaparecidos, se prohibieron todo tipo de reuniones políticas. 
Años después, los paraguayos plantearon su independencia sin ocultarse como lo hicieron otras naciones americanas.


La Guerra Guaranítica
(1754 - 1756)

Hacia 1750 la corte española de acuerdo con la corona portuguesa decidieron repartirse el territorio de las reducciones, Los jesuitas se negaron a ello, dando lugar a que los ejércitos español y portugués emprendieran la llamada Guerra Guaranítica y acabaran con la resistencia en 1757.
Como consecuencia del Tratado de Madrid (1759)*, por el que España cedió a Portugal los territorios que ocupaban las misiones jesuíticas ubicadas al este del río Uruguay. Territorios que los guaraníes, los jesuitas y los españoles habían defendido de las violentas incursiones de los bandeirantes portugueses.
* A cambio de los enormes territorios entregados a Portugal y a otras potencias, España sólo recibió de Portugal la Colonia del Sacramento (Nova Colonia do Santíssimo Sacramento), fundada en 1680 frente a la ciudad de Buenos Aires y un presidio (Jesús María José) en Río Grande do Sul.

En el mismo tratado se cancelaba el Asiento de negros* y el Navío de permiso establecidos en el Tratado de Utrecht, al terminar la Guerra de Sucesión Española (Capítulo XVIII - Los Borbones - Felipe V). Como compensación la Corona española se comprometía a pagar a la South Sea Company la cantidad de 100.000 libras en varios plazos. El resultado de todo ello es que se terminaba el derecho del comercio británico en la América Española, aunque la trata de esclavos por comerciantes británicos continuó de forma ilegal desde la isla de Jamaica y desde Belice que los ingleses se negaron a abandonar.

El Asiento de Negros era un monopolio sobre el comercio de esclavos desde Africa a la América hispana y que se otorgó a Inglaterra por medio del Tratado de Utrecht (Capítulo XVIII - Los Borbones - La Paz de Utrecht).

Con este tratado se fijaba que Inglaterra tenía el derecho de traficar con 4800 esclavos negros por año, durante un periodo de treinta años. Los ingleses se especializaron en formular estos tratados que nunca cumplían.
Unos 30.000 guaraníes debían salir de la región con todos sus bienes y trasladarse al occidente del río Uruguay o quedarse y aceptar la soberanía portuguesa.
Los guaraníes se negaron a abandonar sus tierras.


En 1764 el gobernador de Buenos Aires reunió 1.500 soldados, en la orilla oriental del Río de la Plata que se enviaron hacia Yapeyú. La columna de avanzada fue rechazada por los guaraníes, comandados por el cacique José Sepé Tiarayú.
Tiarayú con sus bravos atacó el fuerte Jesús María José (Alto da Fortaleza - Río Pardo - Río Grande do Sul), donde fue apresado y condenado a muerte. La víspera de su ejecución logró escapar.

Las fuerzas de Buenos Aires, comandadas por el gobernador José de Andonategui, las de Montevideo, por su primer gobernador José Joaquín de Viana. y las de Portugal, por el gobernador de San Pablo y Río de Janeiro, Gomes Freire de Andrade, combatieron unidas contra los guaraníes en diciembre de 1755.
Los guaraníes, imposibilitados de combatir contra ejércitos con sus cañones de tacuara, presentaron una guerra de guerrillas. En un encuentro en la sierra de Batoví (actualmente Tacuarembó - Uruguay), Viana mató de un disparo a Tiarayú.


El 10 de febrero de 1756, al pie del cerro Caibaté (Río Grande do Sul), el ejército aliado, de unos 2.500 hombres, cercó a los guaraníes y los masacró. Quedaron en el campo de batalla 1.511 guaraníes muertos y 154 prisioneros, unos pocos centenares lograron huir.

Al subir al trono Carlos III (Capítulo XVIII - Los Borbones - Carlos III) anuló el Tratado de Madrid. Las misiones jesuíticas nunca volvieron a ser lo que habían sido antes de la guerra. Muchos guaraníes y jesuitas fueron desplazados a otras misiones.
En 1757, luego de un período de indecisiones, provocadas por la falta de un líder que los guiara, retoma fuerzas esta contienda librada por los nativos contra los colonizadores españoles.

En 1778 el Tratado de El Pardo reemplazó al Tratado de Madrid, separando territorios e islas entre España y Portugal.



El Virreinato del Río de la Plata, creado en 1776 con capital en Buenos Aires, integraba en su jurisdicción al Paraguay, separándolo del Virreinato del Perú. Así, en 1782, Asunción era, en la Intendencia de Paraguay, la única población con categoría de ciudad. La zona al sur del Río Tebicuary y al este de la Cordillera de Caaguazú por su parte correspondía a la Gobernación de las Misiones Guaraníes constituida con los restos de las Misiones Jesuíticas bajo control español.


En 1806 y 1807 se producen las Invasiones Inglesas que ocupan las zonas del Virreinato del Río de la Plata correspondientes a la Banda Oriental y a gran parte de Buenos Aires; tropas provenientes desde Asunción y Córdoba, marcharon hacia la capital y lograron con éxito desalojar a los invasores.


Paraguay ***
 
En 1810, la Guerra de la Independencia Española permitió a los argentinos establecer la Primera Junta con el objetivo de formar un congreso de todas las provincias del Virreinato del Río de La Plata. La Intendencia de Paraguay se negó a subordinarse a la Junta, logrando derrotar luego al ejército enviado a independizarla. Meses después, las tropas vencedoras iniciaron la Revolución de mayo de 1811.
El 17 de junio, un congreso paraguayo nombró una junta gubernativa presidida por Fulgencio Yegros, y el 12 de octubre se firmó con Buenos Aires un Tratado de Amistad, Auxilio y Comercio.

José Gaspar Rodríguez de Francia, uno de los próceres de la Independencia, y luego presidente de la República entre 1814 y 1840.
El Segundo Congreso Nacional se reunió el 30 de septiembre de 1813. Allí, se eligió una nueva forma de gobierno, el Consulado dirigido por Yegros y José Gaspar Rodríguez de Francia; y se adoptó el nombre de República.
Poco tiempo después Yegros se apartó del gobierno. Entonces, el Congreso reunido el 3 de octubre de 1814 resolvió conceder el título de Dictador Temporal de la República de Paraguay a José Gaspar Rodríguez de Francia.
 

Rodríguez de Francia

Con sus padres y otros colonos, llegó a Asunción desde Brasil, llamados por el gobernador de la provincia para la siembra, cultivo e instalación de una fábrica de tabaco torcido en el Paraguay.
Cursó sus estudios primarios en Asunción, y luego se trasladó a la Universidad Real de Córdoba del Tucumán, de la que egresó en 1785. como Bachiller en Teologìa y en Filosofìa.
Como funcionario, en Asunciòn fue Alcalde Ordinario de Primer Voto (juez de primera instancia), En l809 se desempeñaba como Síndico Procurador General.
En enero de 1809, la Junta Suprema Central determinó que los Cabildos, incluidos los americanos, debían elegir un diputado en calidad de representante ante dicho organismo. Francia fue elegido para integrarse a la Junta.
 
El 21 de junio de 1810 arribó a Asunción el coronel paraguayo José de Espínola y Peña, enviado por la Junta de Buenos Aires con pliegos dirigidos al Gobernador Bernardo Luis de Velasco y al Cabildo de Asunción, en las que se explicaba las intenciones de la Junta y se solicitaba la adhesión a la misma. 
La otra misión (no explícita), de Espínola y Peña era reemplazar al gobernador español; pero al descubrirse esta misiòn debió huir hacia Buenos Aires, escapando de la orden del Gobernador Velasco de enviarlo detenido a Concepción, al norte de Asunción.

Velasco convocó con urgencia un congreso para tratar la política que debía adoptar la provincia frente a la Junta de Buenos Aires. Concurrieron más de 200 personas. El 24 de julio de 1810, por aclamación, se decidió no adherir a la Junta de Buenos Aires pero mantener buenas relaciones con ella, acatar al Consejo de Regencia de España e Indias con asiento en Cádiz y formar una Junta de Guerra para defender la provincia de eventuales ataques desde el exterior.
"Esta asamblea no perderá su tiempo debatiendo si el cobarde padre o el apocado hijo es el rey de España. Cada uno de ellos ha abdicado dos veces. Los dos han demostrado su débil espíritu y su desleal corazón. Más sea o no sea rey de España uno de ellos, ¿qué nos importa a nosotros? Ninguno de ellos es ya rey del Paraguay. El Paraguay no es patrimonio de España, ni provincia de Buenos Aires. El Paraguay es Independiente y es República. La única cuestión que debe debatirse en esta asamblea y decidirse por mayoría de votos es cómo debemos defender y mantener nuestra independencia contra España, contra Lima, contra Buenos Aires y contra el Brasil; cómo debemos mantener la paz interna; cómo debemos fomentar la pública prosperidad y el bienestar de todos los habitantes del Paraguay."
Discurso atribuido al doctor Francia en el Congreso General del 24 de julio de 1810 según relato de fray Francisco Javier Bogarín.(Vittone, 1960, p. 13/14)

 La Junta de Buenos Aires resolvió entonces enviar una expedición militar al mando de Manuel Belgrano (no era ni fue militar), la que provocó la unidad de la población de la provincia frente al ejército invasor.
 
Derrotado Belgrano en las Batallas de Paraguarí y Tacuarí, se produjo un hecho inesperado. Manuel Atanasio Cabañas, al mando del ejército provincial, permitió la retirada del enemigo, totalmente cercado, al otro lado del Paraná con armas y pertrechos. Este extraño armisticio con Belgrano fue criticado por el doctor Francia. Un amigo suyo, Antonio Recalde, propuso al Cabildo que Cabañas debía justificar las razones de tal actitud.
En el Bando del 17 de mayo de 1811, cuya autoría es del doctor Francia, se estableció:

1) Que el gobierno y los comandantes acuartelados no tienen por objeto entregar la provincia a Buenos Aires ni sujetarla a potencia extranjera;
2) Reconocer al "desgraciado soberano" Fernando VII;
3) Confederarse con la ciudad de Buenos Aires sobre la base de la igualdad de derechos;
4) Los vecinos deberán continuar con su vida normal;
5) No se permitirá ningún agravio a los vecinos por parte de las tropas acuarteladas;
6) Todos los vecinos, milicias, etc. deberán entregar armas, pólvora y municiones;
queda prohibido extraer de esta ciudad (Asunción) y de la provincia todo tipo de armas.
 
El 9 de junio de 1811, el gobernador Bernardo de Velasco fue suspendido y apresado conjuntamente con la mayoría de los miembros del cabildo. El gobierno quedó prácticamente a cargo del doctor Francia. El bando donde se comunicó esta novedad fue firmado exclusivamente por los oficiales sublevados aunque, según el historiador Julio César Chaves, por la redacción y estilo, prueban ser de Francia.
 
Entre octubre de 1810 y mayo de 1811, Velasco tuvo que sofocar varios intentos subversivos en Asunción, Yaguarón, Itá y Villa Real de Concepción. Distintos grupos políticos pugnaban por imponer sus ideas: el de los partidarios de la alianza con la corona portuguesa, con fuerte presencia en el cabildo. Los partidarios del Consejo de Regencia y la alianza con el virrey Elío de Montevideo
Los que querían someterse a la Junta de Buenos Aires enviando un diputado. 
Finalmente los partidarios de independizar al Paraguay y formar con el resto de las provincias del Virreinato una alianza de tipo confederado.
 

Gobernación de Bernardo de Velasco

El 15 de mayo de 1811 Velasco tuvo que aceptar la incorporación en el gobierno de dos consocios: José Gaspar Rodríguez de Francia y Juan Valeriano Zevallos
En el atardecer del 15 de mayo fue izada la bandera paraguaya y 21 cañonazos saludaron el triunfo revolucionario.
El 9 de junio de 1811 fue suspendido en sus funciones acusado de querer entregar la provincia a los portugueses. El congreso del 17 de junio de 1811 determinó su destitución como gobernador subrogándose en su lugar una junta de gobierno. Tenía 69 años.

Carta persinal de Velasco a su amigo Buenaventura, residente en Madrid:
Nada le he dicho de mi Paraguay [...] Nada falta allí para el servicio de una buena mesa. Hay muchas y bien surtidas tiendas. La casa de gobierno es muy buena; el sueldo de 4600 pesos, lo bastante para satisfacer a una persona como yo que solo desea una existencia cómoda. El clima es excelente; verdad es que, en los meses de diciembre, enero y febrero, sentimos fuertes calores, aunque me parece no tanto como en algunos días en Madrid [...] en el invierno, después de comer, monto a caballo; hago a pie como una legua del pueblo; tomo una escopeta y en poco tiempo mato no menos de media docena de perdices [...] El río es prodigiosamente abundante en pescados. Por lo general algún barco esta anclado como a 200 varas y a la vista de mi casa [...] a la tarde hago colocar un sillón en el barco. Desde allí, con la mayor facilidad, tiro una línea y cobro enormes pescados. Estas son las diversiones de la tarde; las mañanas las ocupo más seriamente.(Mateo Pignataro, 1962, p. 158)
 

Francia Dictador Perpetuo
 
El Congreso paraguayo de 1814 nombró a Francia Dictador de la República. Ante el fortalecimiento del unitarismo en la ciudad de Buenos Aires, ese cargo sería modificado dos años más tarde al de Dictador Perpetuo «con calidad de ser sin ejemplar». Mientras vivió Francia, no se volvió a reunir ningún Congreso nacional, y Rodríguez de Francia gobernó autocráticamente hasta su muerte.
La resistencia al gobierno de Rodríguez de Francia, se materializó en marzo de 1820, en una conspiración comandada por Fulgencio Yegros, que fue abortada rápidamente por el Dictador. 
En julio de 1821, fueron fusilados sus principales conspiradores. Se calcula que no más de 40 personas fueron ejecutadas por motivos políticos en casi 30 años de gobierno, en un período en que en las provincias vecinas se desangraban, muriendo decenas de miles de personas en guerras fratricidas. 
En pleno proceso judicial sobre la conspiración, en septiembre de 1820, dio asilo al caudillo uruguayo José Gervasio Artigas amigo de muchos de los conspiradores que en ese momento estaban presos.
José Gaspar Rodríguez de Francia murió el 20 de septiembre de 1840. Fue continuado el gobierno por su hijo, Carlos Antonio López.
 El 25 de noviembre de 1842 se proclama formalmente la independencia de Paraguay, tras la muerte del Doctor Francia.


Carlos Antonio López (Don Carlos) y Mariano Roque Alonso

Luego de la muerte del dictador José Gaspar Rodríguez de Francia,se sucedieron varios gobiernos militares hasta la reunión del congreso. Dicho congreso restableció el Consulado como forma de gobierno, siendo elegidos Carlos Antonio López (civil) y Mariano Roque Alonso (militar), que tuvo a su cargo la Comandancia General de Armas del 9 de febrero de 1841 al 12 de marzo de 1841 y el cargo de Segundo Cónsul del 12 de marzo de 1841 al 13 de marzo de 1844.
En 1844, el Congreso otorgó poderes de Pesidente de la República, por diez años a Carlos Antonio López.

Carlos Antonio López continuó, aunque con un estilo diferente, abriendo lentamente al país al exterior, la defensa de la independencia paraguaya, amenazada especialmente por la negación del Gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas de reconocer la independencia del país y su insistencia en seguir considerando que la incipiente Argentina tenía derechos sobre la antigua Provincia del Paraguay, heredados del dominio español.

Entre las acciones de progreso del gobierno de López se destaca la creación del primer periódico nacional: El Paraguayo Independiente, de la Flota Mercante y del Ferrocarril; la puesta en marcha de la fundición de Ybycuí, los arsenales nacionales, y la contratación de unos 200 técnicos europeos que aportaron su conocimiento y su trabajo para la modernización de la capital y del país. La educación y la cultura fueron otros campos muy favorecidos por iniciativas de Don Carlos, quien cumplió un segundo y un tercer periodo de gobierno, hasta su muerte, en 1862.
 

Francisco Solano López
 
Después de un mes de negociaciones, al hijo de Don Cartos, Francisco Solano López, de 36 años, es elegido Presidente de Paraguay. Fue el segundo presidente constitucional de la República del Paraguay entre 1862 y 1870
Nombrado Jefe del Ejército paraguayo en 1845
En 1853 dirigió un viaje de más de un año y medio a Europa - como Embajador de su padre - a fin de obtener reconocimiento de la independencia del país y fue quien cerró los tratos con las compañías inglesas (principalmente) que le vendieron al país la tecnología necesaria para un despegue económico e industrial descollante para esos años, sin recurrir a préstamo alguno, a más de ser quien contratara el par de centenares de técnicos europeos que la pusieron en práctica.
Las Provincias Unidas (Argentina) se encontraban divididas entre unitarios y federales. Solano López, muy joven, participó en las operaciones sobre la provincia de Corrientes, junto a las tropas del argentino unionista general José María Paz. La guerra contra Rosas continuó con la destrucción de fortines y guarniciones argentinas instaladas de forma ilegal en las Misiones. Solano López junto al coronel Wisner dirigió esas operaciones. Los soldados paraguayos regresaron a su país.
Fue designado a finales de 1852 como ministro plenipotenciario del Paraguay en Europa y se convirtió en mano derecha de su padre. Hizo contactos en los países europeos del Reino Unido, Francia, Prusia, España y Piamonte-Cerdeña con el objetivo de obtener el reconocimiento de la  independencia paraguaya por parte de esos países, además de comprar armas, barcos y blindajes para el ejército.
Posteriormente, conocería en la capital francesa a Elisa Alicia Lynch, una irlandesa de educación parisina que se convirtió en la compañera del resto de su vida.
A su regreso en 1854, López trajo consigo un buque de guerra, el Tacuarí, adquirido al Reino Unido, y una considerable cantidad de armamento para el ejército paraguayo.
En 1855 se produjo un incidente con la armada brasileña. Haciendo reclamos, el almirante Pedro Ferreira de Oliveira invadió con veinte cañoneras el territorio paraguayo. Carlos Antonio López, alista al Paraguay para la guerra. El comandante brasileño llega hasta Itapirú (Ñeembucú) y es recibido por Francisco Solano López, quien lo recibe con la frase ¿la guerra o la paz?. La Paz, contestó el brasileño. Entonces ingrese en un sólo buque dijo Solano López y Ferreira de Oliveira cumplió y en la mesa diplomática, dirigida por Solano López, se sentaron bases que fueron humillantes para Brasil.
En 1859 López sería el nexo entre el general entrerriano Justo José de Urquiza y el general argentino Bartolomé Mitre a la hora de firmar el Pacto de San José de Flores, que introdujo a Buenos Aires en la Constitución Nacional Argentina. 
Creó buenos lazos de amistad con Urquiza. La mediación fue particularmente dificultosa: en un primer momento ambos gobiernos enviaron representantes a negociar, pero estos fracasaron, y Urquiza estaba dispuesto a ingresar a Buenos Aires por la fuerza. López le solicita a Urquiza un día más para ingresar a la ciudad e intentar personalmente una última negociación antes de la invasión y efectivamente, cuando Urquiza entra en Buenos Aires el gobierno había renunciado.

Cuando estaba regresando al Paraguay en el buque Tacuarí, Splano Lótez es interceptado por una flotilla británica que le cañonea e impide el paso. Estaba dispuesto a contestar la agresión pero a pedido de los ingleses que servían en su buque, quienes temían consecuencias contra sus familias en Gran Bretaña, decidió regresar por tierra a Paraguay. 
El ataque inglés se debió, aparentemente a los conflictos con el gobierno paraguayo a causa del apresamiento del espía anglo-uruguayo James Canstatt.​ El conflicto concluyó de manera favorable para el Paraguay, reconociendo Inglaterra la culpa por los actos y presentando sus disculpas oficiales al gobierno de los López.

A la muerte de su padre en 1862, el Congreso de la Nación lo elige como Presidente de la República del Paraguay asumiendo solemnemente la presidencia el 16 de octubre por un periodo de diez años en el hoy museo Ex Cabildo de Pilar añadiendo: Juro que jamás dejaré caer de mis manos la sagrada enseña de mi patria. Continuó el trabajo de modernización llevado a cabo por sus predecesores, extendiendo las líneas del telégrafo, instalando una segunda fundición de hierro en Caacupé al mando del ingeniero estadounidense Charles Thompson, llevando la línea férrea paraguaya hasta Villarrica. Mejoró los astilleros y las armerías, ordenó que expertos ingleses realicen una Carta Mineralográfica del Paraguay y mandó importar desde Liverpool, en 1864, maquinaria especializada para hilandería e industria textil.

Guerra contra la Triple Alianza - La Guerra Grande
(1864 - 1870)

La Guerra de Paraguay o también llamada Guerra de La Triple Alianza se llevó a cabo entre los años 1864 y 1870. Esta guerra se ubica en dos etapas y, por ende, en dos sitios, primero Paraguay lleva la guerra al Mato Grosso en el sur de Brasil, muy cerca de la frontera Paraguaya, y luego se traslada la guerra a la Argentina, con la declaración de guerra de Paraguay a Argentina, entrando el ejército paraguayo a la ciudad de Corrientes; finalmente la guerra se concentra entre los ríos Paraguay, río Uruguay y el río Paraná en pleno corazón paraguayo.
Mato Groso (1) - El Pantanal
(1) Paraguay, en guaraní, es río que viene del mar, el mar es el Pantanal. el mayor humedal del mundo, que ocupa en un 60% los estados de Río Grande y Río Grande do Sul en Brasil, territorio que se disputó en la Guerra del Paraguay o de la Triple Alianza.

Paraguay había mantenido disputas fronterizas con Argentina y Brasil, durante varios años. Mientras que con Uruguay, el cambio de mando político en el gobierno de ese país -y en plena guerra civil- fue el causante de la alianza junto a estos dos países. Intereses británicos de por medio tampoco se descartan entre las demás causas.
Es en ese contexto que se desató la Guerra contra la Triple Alianza que fue el conflicto bélico más mortífero de la historia de América Latina.
El presidente Francisco Solano López fue el jefe paraguayo durante la contienda, en la cual Paraguay luchó contra las fuerzas de Brasil, Uruguay y Argentina.
  • La situación presentada en Uruguay, estaba inmersa en una controversia entre los partidos Blanco y Colorado por el poder.
  • El presidente Bernardo Berro (del partidp Blanco) había entrado en controversia con el vecino imperio de Brasil al expulsar a los comerciantes brasileños, El imperio le lanzó un ultimátum, de lo contrario, entraría por las armas al Uruguay.
    • La respuesta de Solano López de Paraguay fue apoyar al Uruguay mediante lanzar a su vez un ultimátum al imperio del Brasil: si había cualquier intervención militar hacia Uruguay se declararía la guerra. Brasil entró con tropas al Uruguay y causó el derrocamiento del presidente del partido Blanco.
      Paraguay necesitaba, como Bolivia, una salida al mar (por los grandes ríos). Llegaban al Río de La Plata, a los puertos de Buenos Aires y de Montevideo.
  • Al mariscal Solano López se le señala también como responsable del rumbo que tomaron los asuntos internacionales con Brasil, Argentina y Uruguay, se cree que hubo algún interés de conveniencia para el Paraguay. 

Desarrollo de la Guerra

El Ejército Paraguayo, tras una embestida inicial hacia fines de 1864, tuvo que regresar a sus fronteras un año después y encarar la defensa en su territorio. Tras la derrota paraguaya definitiva en 1870, las tropas brasileñas ocuparon el país hasta 1876.

 
El General Francisco Solano López (1826-1870). López temió que la intervención militar brasilera fuese el primer paso para una ocupación definitiva del Uruguay, lo cual rompería el equilibrio del Río de la Plata y pondría en peligro la independencia del Paraguay. 
Por eso rechazó enérgicamente la intervención brasilera en el Uruguay; como su parecer no se tuvo en cuenta, López decidió atacar al Brasil. En aquel momento, el Gobierno del Paraguay y el del Uruguay eran aliados en contra el enemigo común, el imperio del Brasil, gobernado por el Emperador Pedro II.

Guerra Grande o Guerra contra la Triple Alianza (1864 - 1870)

El Paraguay siempre dependió de los grandes ríos para llegar al Río de la Plata, saliendo al Atlántico para alcanzar Europa y el mundo.

La guerra comenzó a causa de una intervención militar del Brasil, que invadió el Uruguay con su ejército. El Gobierno uruguayo pidió ayuda al Paraguay. 

En diciembre de 1864, las tropas paraguayas invadieron Mato Grosso y en unos meses vencieron toda resistencia, ocuparon las principales ciudades del lugar y se apoderaron de una considerable cantidad de armas. Esta etapa del conflicto, llamada Campaña de Mato Grosso, terminó con una victoria paraguaya. El ataque a Mato Grosso tenía como objetivo proteger la retaguardia del Paraguay, que pensaba enviar tropas al Uruguay, para expulsar a los invasores brasileros. Sin embargo, para febrero de 1865, los brasileros comenzaron el sitio de Montevideo y controlaban los puntos estratégicos del Uruguay. El presidente uruguayo Atanasio Aguirre, aliado del Paraguay, fue reemplazado por Venancio Flores, aliado del Brasil. Aquello modificaba por completo el anterior entendimiento paraguayo-uruguayo.

Solano López decidió atacar Río Grande del Sur (Brasil) y pidió permiso para hacer pasar sus tropas por el territorio de Misiones al presidente argentino, Bartolomé Mitre
López consideraba que, si Mitre permitía el paso de la flota de guerra brasilera por el río Paraná, también debía permitir el paso del ejército paraguayo por Misiones; sin embargo, Mitre negó el permiso. López sospechó la existencia de un acuerdo entre el presidente argentino y el emperador brasilero, y decidió tomar la iniciativa. 
En marzo de 1865, el Congreso paraguayo declaró la guerra a la Argentina y concedió el grado de Mariscal al General Francisco Solano López
El 13 de abril de 1865, la marina paraguaya se apoderó de embarcaciones de guerra argentinas ancladas en el puerto de Corrientes y ocupó Corrientes. El 1° de mayo del mismo año, los representantes del Brasil, la Argentina y el Uruguay firmaron el tratado de la Triple Alianza en Buenos Aires.
Con el ataque a Corrientes comenzó una segunda fase de la guerra, la Campaña de Uruguayana, caracterizada por la ofensiva paraguaya en territorio argentino y brasilero. En mayo de 1865, el ejército paraguayo entró en la Argentina dividido en dos columnas: una de 12.500 hombres al mando del teniente coronel Antonio de la Cruz Estigarribia y otra de 25.000 hombres al mando del general Wenceslao Robles. La columna de Estigarribia llegó hasta el río Uruguay, y lo cruzó para internarse en el territorio de Río Grande del Sur (Brasil), donde marchó hacia el sur, bordeando el río Uruguay.

Estigarribia se apoderó de San Borja y otras ciudades brasileras, pero terminó su avance en la ciudad de Uruguayana, donde se rindió al ejército aliado en septiembre de 1865. La columna del general Robles marchó por la provincia de Corrientes con dirección al sur, bordeando el río Paraná, y llegó hasta la ciudad argentina de Goya en junio, mes en que tuvo lugar la Batalla naval de Riachuelo, en que la flota paraguaya fue destruida por la brasilera. Robles sufrió contratiempos y no pudo continuar su avance más allá de Goya; en octubre retrocedió hasta llegar a las cercanías de Paso de Patria, donde cruzó el Paraná para regresar al Paraguay. Para finales de 1865, los soldados de Robles terminaron de cruzar el Paraná. A partir de entonces, Solano López adoptaría una estrategia defensiva, después de haber tomado la ofensiva en las campañas de Mato Grosso y Uruguayana.
En la siguiente fase de la guerra, la Campaña de Humaitá, las operaciones se desarrollaron mayormente en territorio paraguayo, en el actual departamento de Ñeembucú. Aquella fue la campaña más larga porque duró desde enero de 1866 hasta la caída de la fortaleza de Humaitá en poder de los aliados en agosto de 1868. Los aliados desembarcaron en territorio paraguayo sólo en abril de 1866, en un punto situado sobre el río Paraguay (al norte y a corta distancia de Paso de Patria) y avanzaron hacia el este, bordeando el Paraná bajo la protección de la flota de guerra brasilera, que dominaba los ríos.

A principios de mayo, los aliados fueron sorprendidos con un ataque paraguayo a su campamento de Estero Bellaco, que rechazaron sufriendo bajas considerables. El 24 de mayo de 1866 se dio una gran batalla, la Batalla de Tuyutí, en que los paraguayos sufrieron grandes bajas al atacar las posiciones aliadas. En los meses siguientes se dieron las Batallas de Yatayty Corá, Boquerón y Sauce, que no tuvieron consecuencias decisivas desde el punto de vista militar. Renunciando a la ofensiva, el ejército paraguayo construyó un sistema defensivo llamado Cuadrilátero, que constaba de trincheras, fosos, fortines y obstáculos, hasta hoy visibles en parte. El Cuadrilátero comprendía la Fortaleza de Humaitá y las Trincheras de Curupayty.

En septiembre de 1866 tuvo lugar la entrevista de Yatayty Corá, en que discutieron la posibilidad de la paz, pero sin llegar a un acuerdo, el Mariscal López y el General Mitre, comandante de todas las fuerzas aliadas. El 22 de aquel mes, los paraguayos dirigidos por el coronel José Eduvigis Díaz obtuvieron una gran victoria en Curupayty, donde rechazaron un fuerte ataque aliado causando enormes pérdidas al atacante. Después de su derrota en Curupayty, los aliados permanecieron inactivos por el resto del año 1866. En febrero de 1867, Mitre cedió el mando superior de las fuerzas aliadas al Marqués de Caxias, jefe brasilero.
Mitre regresó a su país para enfrentar una insurrección de las provincias argentinas. Caxias comprendió que no podía romper las líneas defensivas paraguayas y por eso decidió cercarlas; su objetivo era aislar en el Cuadrilátero a López, con el grueso del ejército paraguayo, y así emprendió una serie de maniobras envolventes. En 1867 no hubo grandes batallas (como en 1866), aunque sí numerosos enfrentamientos. López mantenía su posición en el Cuadrilátero; los aliados trataban de aislarlo del resto del país. El 15 de agosto de 1867, los acorazados brasileros pasaron frente a Humaitá y comprobaron que los cañones de Humaitá no podían perforar sus corazas. En febrero de 1868, los acorazados brasileros pasaron de nuevo frente a Humaitá; dos acorazados llegaron hasta Asunción, efectuaron unos disparos y bajaron el río de nuevo. En marzo de 1868, estaba a punto de completarse el cerco del Cuadrilátero. Para no quedar cercado, López abandonó el Cuadrilátero sin que el enemigo lo advirtiera. En una hábil maniobra, cruzó el río Paraguay con el grueso del ejército por la noche; marchó por el Chaco (hoy argentino) hacia el norte y volvió a cruzar el río Paraguay para acampar en San Fernando (cerca de la confluencia del río Tebicuary con el río Paraguay). En Humaitá, para demorar el avance del enemigo, López dejó una guarnición de 3.000 hombres, que resistió con valor hasta el 5 de agosto de 1868. Con la caída de Humaitá y la captura de sus defensores, los aliados podían seguir su avance hasta Asunción. En aquel tiempo, para llegar a Asunción desde el sur de la Región Oriental, había dos caminos: el que bordeaba el río Paraguay y el antiguo camino jesuítico de las Misiones.

Hasta agosto de 1868, el teatro de las operaciones había sido Ñeembucú. En el resto del país no se habían visto acciones militares de importancia. Sin embargo, en todo el Paraguay se sentían los efectos de la guerra. Para 1867, los cultivos eran solamente el 30% de lo que habían sido al comenzar las hostilidades. Sumadas al hambre y las penurias, varias enfermedades graves (como el cólera) habían diezmado a la población.
Se denunció una conspiración en el nuevo campamento de López, el de San Fernando. Esa conspiración, llamada conspiración de San Fernando, llevaría a la ejecución de numerosas personas, incluyendo Benigno López y Juliana Insfrán (hermano y prima de Francisco Solano López).
 
La Campaña de Pykysyry fue breve: duró desde comienzos de agosto de 1868 hasta fines de diciembre de 1868 y terminó con la destrucción del ejército paraguayo en la Batalla de Lomas Valentinas. En agosto, López levantó su campamento de San Fernando para marchar al norte, y acampar de nuevo al norte del arroyo Pykysyry.
Caxias comprendió que el Pykysyry y las trincheras paraguayas no podían atacarse de frente, y por eso decidió un ataque por la retaguardia: cruzó el río Paraguay y marchó por el Chaco, para desembarcar en San Antonio el 3 de diciembre de 1868. Desde San Antonio, Caxias pretendía atacar al ejército paraguayo en un punto que no estaba fortificado. Entonces Solano López envió al general Bernardino Caballero para detener a Caxias. Caballero lo enfrentó en las batallas de Ytororó y Abay, donde los paraguayos fueron derrotados, pero se cumplió el objetivo de detener el avance del enemigo. Después de reorganizar sus fuerzas, Caxias atacó el campamento paraguayo de Lomas Valentinas el 21 de diciembre; la batalla duró siete días y terminó con la destrucción del ejército paraguayo. Sin embargo, Solano López pudo escapar con algunas docenas de soldados y llegó a Cerro León. En los primeros días de enero de 1869, los aliados entraron en Asunción y la saquearon. Caxias, disgustado por la mala conducta de sus tropas, a las que no podía controlar, dio por terminada la guerra y viajó a Río de Janeiro. Le sucedió como comandante el Conde D’Eu, yerno del emperador Pedro II.
 
La Campaña de las Cordilleras duró desde enero de 1869 hasta marzo de 1870. Más que una campaña militar en sentido estricto, fue un enfrentamiento entre un ejército bien armado (el aliado) y las fuerzas irregulares de la resistencia paraguaya. En las Cordilleras, López consiguió formar un nuevo ejército de unos 12.000 efectivos, en su mayoría ancianos y menores de edad. Aunque mal armados y mal alimentados, los combatientes paraguayos contaban con la ventaja del terreno. En Azcurra (cerca de Caacupé), López trazó una línea de trincheras capaz de resistir un ataque frontal. El nuevo jefe aliado, el conde D’Eu, no la atacó, sino que marchó hacia el sur y el este, y luego giró para atacar Piribebuy, que tomó en agosto de 1869; si hubiera continuado el ataque, D’Eu hubiera podido caer sobre Caacupé, donde se encontraba López con su reducido ejército. Pero el jefe brasilero no se caracterizaba por la pericia militar ni el respeto a las leyes de la guerra: cometió crueldades contra los prisioneros y la población civil, pero dejó que López escapara hacia Curuguatay. Cuando reiniciaron las operaciones, los aliados enfrentaron un ejército de niños dirigido por el general Caballero en Acosta Ñu; la matanza y la conscripción de menores no honran a los combatientes.


El día del Niño

Madre paraguaya con su hijo muerto
Acosta Ñu (film) - Drama bélico - histórico (Paraguay 2008)


Julio José Chiavenatto* en su libro ‘Genocidio americano’: “Los niños de seis a ocho años, en el fragor de la batalla, despavoridos, se agarraban a las piernas de los soldados brasileros, llorando para que no los matasen. Pero eran degollados en el acto”. “Después de la insólita batalla de Acosta Ñu, cuando estaba terminada, al caer la tarde, las madres de los niños paraguayos salían de la selva para rescatar los cadáveres de sus hijos y socorrer a los pocos sobrevivientes, el Conde D´Eu mandó incendiar la maleza, matando quemados a los niños y sus madres".
Julio José Chiavenatto: "Genocidio Americano. La Guerra del Paraguay” 

Prosiguiendo la retirada, López llegó hasta Cerro Corá con algunos centenares de combatientes; allí fue atacado y muerto el 1 de marzo de 1870.
 

Niños reclutados para el Ejército Paraguayo


Acosta Ñu - Campo de la matanza

Acosta Ñu - Actualidad (2016)

El 28 de febrero de 1870, algunos indígenas caygús llevaron alimentos a los paraguayos y le advierten a López la proximidad de los brasileños; le ofrecen esconderlo en sus tolderías, en el fondo de los bosques, donde no podrían encontrarlos: "Jaha Karaí, nandétopái chéne jepe los camba ore apytepe" (‘vamos, señor: no darán con usted los negros junto a nosotros ’).
La tropa paraguaya estaba comandado por el presidente mariscal Francisco Solano López. El coronel Panchito López Lynch, de quince años, jefe de su Estado Mayor. Fueron muertos casi todos los combatientes paraguayos, incluido Solano López y su hijo.
Algunos soldados brasileños los alcanzan, la cabeza de López tenía precio, lo arrinconan. Estando casi inconsciente semi sumergido en agua y todo ensangrentado, donde le exigen la rendición.
Aquí es donde Solano López dice su famosa frase, que causa algo de controversia, pues no se sabe si dijo "Muero por mi patria"​ o "Muero con mi patria!". Dicho esto, tras entablar combate con sus perseguidores, recibió un balazo que le costó la vida. Su cuerpo fue entonces rescatado por sus amigos y familiares y descansa ahora junto a los restos de su hijo, el coronel Juan Francisco López Lynch.
El área en donde sucedieron estos hechos es en la actualidad parte del Parque Nacional Cerro Corá, donde se hallan los bustos y los nombres de 20 oficiales caídos.
Tumba del coronel Panchito López: en este lugar el coronel Panchito López, joven de 15 años, hijo del Mariscal, fue interceptado por las fuerzas aliadas pidiéndole rendición. Demostrando el mismo valor de su padre dijo: "Un coronel paraguayo no se rinde".

Aunque ha habido controversia sobre el número de víctimas que sufrió Paraguay en la guerra, se estima que desapareció entre el 60 % y el 70 % de la población total del país. La población masculina fue diezmada, pues se estima que falleció hasta el 95 % de ella en la defensa de su patria. Buena parte murió en combate, y el resto murió a causa de crímenes y, sobre todo, enfermedades, hambre y agotamiento.​ 
De los entre 156 000 a 169 000 habitantes del país al final de la guerra, solo aproximadamente 28 600 eran hombres adultos.
Hasta 1876, Paraguay - devastado en todos los sentidos - era prácticamente un estado satélite del Imperio del Brasil. Ese mismo año, se firmó el Tratado de Paz definitivo sobre la Guerra de la Triple Alianza. Además, se firmó con Argentina un Tratado de Límites, Paz, Comercio y Navegación. Ese país reconoció la soberanía paraguaya sobre el territorio del Chaco, desde el Río Verde hasta Bahía Negra.

Posiblemente, la Guerra de la Triple Alianza fue la primera guerra total de la historia contemporánea. En 1870, el Paraguay estaba arrasado. Su población, estimada en 500.000 habitantes al comenzar el conflicto, había quedado reducida a la mitad. La agricultura y la ganadería habían desaparecido. El ganado vacuno, estimado en más de dos millones de cabezas, no llegaba a 15.000 en 1870 (en su mayoría, animales baguales). El país debía importar artículos básicos (porotos, papas) porque no producía nada; por otra parte, tampoco con qué pagar las importaciones; a falta de moneda nacional, circulaban las extranjeras.
Se destruyeron las obras de infraestructuras y sistemas de comunicación, como la fundición de hierro de Ybycui, el arsenal, el astillero, el ferrocarril.
Las tropas brasileras ocuparon el país hasta 1876; las argentinas, hasta 1879. Para entonces, el Paraguay había cedido a la Argentina el territorio chaqueño comprendido entre los ríos Pilcomayo y Bermejo y el territorio misionero situado al sur del río Paraná. Al Brasil había cedido el territorio comprendido entre el río Blanco y el río Apa.
Paraguay perdió gran parte de su territorio (199 992 km²) y fue obligado a pagar una abultada indemnización de guerra. La industria y la educación pública gratuita desaparecieron, así como las llamadas estancias de la patria, que suministraban alimentos a la población.


Durante el gobierno de Bernardino Caballero (1880 - 1886), se reorganizaron las instituciones, se extendieron las líneas de ferrocarril y el telégrafo. Fue sucedido por el General Patricio Escobar, que continuó la política de aquel. Sus opositores fundaron en 1887 el primer partido moderno de Paraguay, el Partido Liberal, que seguían la tradición de los opositores al gobierno de los López. Ese mismo año, los partidarios del gobierno fundaron el Partido Colorado, que reivindicaba la tradición nacionalista y la actuación paraguaya en la guerra de la Triple Alianza; este partudo conservaría el gobierno hasta el comienzo del siguiente siglo.



La Guerra del Chaco
(1932 -1935)

Según algunos historiadores, el conflicto fue instigado por intereses de las trasnacionales del petróleo.
Después de cuatro años de escaramuzas aisladas de pequeñas escuadras bolivianas y paraguayas desde 1928, el Ejército Paraguayo logró vencer en la Batalla de Boquerón en 1932 - año en que oficialmente se da por iniciada la guerra - aunque la declaración de guerra oficial no llegó hasta 1933 por parte de Paraguay.​ 
Tras tres años de conflicto, Paraguay tomó extensos territorios pero no prosperó su pretensión de marcar la frontera a partir de donde el ejército paraguayo obligó a replegarse al ejército boliviano. La cuestión de límites se fijó con el tratado del 21 de julio de 1938.
A pesar del triunfo paraguayo, el país resultó devastado humana y económicamente y la pérdida de su territorio de unos 100 000 km², así como 30 000 muertos entre civiles y militares.
los nazis intervinieron en esta guerra (Capítulo XX - Francisco de Miranda la Emancipación Americana - Bolivia - La Guerra del Chaco)
El Jefe de las SA (Sturmabteilung o tropas de asalto nazis), Ernst Rohm, en 1928 se retiró a Bolivia para trabajar como asesor militar bajo el rango de Teniente Coronel, siendo reemplazado por otros dirigentes nazis en la dirección de esta organización paramilitar

En los siguientes años dirigió el país el Partido Liberal; no obstante, este estaba dividido en fracciones, lo que llevó a una inestabilidad política constante. Sucesivas revoluciones dirigidas tanto por liberales disidentes como por colorados llevaron a cortos períodos de gobierno, ninguno de los cuales logró completar los cuatro años prescriptos por la Constitución.
El primero en lograrlo desde la presidencia de Escobar fue Eduardo Schaerer, entre 1912 y 1916; su período de gobierno estuvo signado por un gran crecimiento económico, causado por las ventajas comerciales que aportó la Primera Guerra Mundial. Luego, partidarios del expresidente Schaerer, aliados con los colorados llevaron al país a la Guerra Civil Paraguaya de 1922-1923, en la que fueron derrotados. Solo a partir de 1924 se inició un período de estabilidad en el que tres presidentes consecutivos completaron sus cuatro años de mandato.

 En 1946 se formó un gobierno de coalición entre el Partido Colorado y el Partido Revolucionario Febrerista. En enero de 1947, el Partido Colorado expulsó del gobierno al Partido Febrerista, lo que condujo a una nueva guerra civil en la que una coalición del Partido Liberal, el Partido Revolucionario Febrerista y el Partido Comunista Paraguayo se alzaeon contra el gobierno. 
El Partido Colorado logró la victoria. A partir de entonces, se consolidó la hegemonía plena de este partido que llevaría al poder al entonces Coronel Alfredo Stroessner. El sistema imperante durante el periodo 1947-1962 fue de partido único, en el cual el Partido Colorado era el único legal.


Dictadura de Stroessner
(1054 -  (1969)
 
Entre el 15 de agosto de 1954 y el 3 de febrero de 1989  Paraguay fue gobernado por el General de Ejército Alfredo Stroessner. 
Ha sido no solo una de las dictaduras más longevas en el mundo de las que se tienen registro en el siglo XX, sino que también ha sido la dictadura sudamericana más larga de la historia y la tercera más larga de Latinoamérica, sólo detrás de Fidel Castro de Cuba (49 años y 8 días) y Porfirio Díaz de México (34 años y 178 días).
 




Uruguay ***

CIES - Consejo Interamericano Económico y Social de la OEA

Después de la expedición de Solís, y debido a la inexistencia de metales, los españoles declararon al Uruguay (la Banda Oriental) tierra sin ningún provecho.
Hernandarias y las vaquerías de los jesuitas introdujeron el ganado, cerca de 1600.
Para la explotación del cuero es que llegan los primeros pobladores europeos a estos territorios, ya que como sostienen algunos autores, el vacuno precedió al colono.

La Banda Oriental era la frontera entre los imperios de España y Portugal, por lo que fue un territorio disputado, dando lugar a contiendas entre ambas coronas por estos territorios. 
Estas disputas se materializaron con la fundación de plazas fuertes (Colonia del Sacramento 1680 y Montevideo 1724); con las que ambos reinos buscaban afirmar su dominio en la zona), mediante la firma de tratados de límites, como el de San Ildefonso en 1777, y posteriormente en conflictos armados.
El tratado de San Ildefonso de 1777 fue un acuerdo firmado entre España y Portugal el 1° de octubre de 1777, por el que se fijaban las fronteras entre ambos países en Sudamérica. Los portugueses cedían la Colonia del Sacramento y la Isla San Gabriel (sur del actual Uruguay), a España, más las islas de Annobón y Fernando Poo en aguas de la Guinea, a cambio de la retirada española de la isla de Santa Catalina, en la costa sur de Brasil.

En 1811 se inicia la Revolución Oriental con el denominado Grito de Asencio. Este movimiento surgido en la campaña, que aglutina a los distintos sectores sociales de la Banda Oriental y que reconoce a la Junta de Buenos Aires establecida en 1810 (se designa a José Artigas como Jefe de ese Movimiento), está dirigida más contra la prepotencia y presión españolas (radicadas y expresadas en la ciudad de Montevideo) que contra la dominación española misma.


El Sitio a Montevideo

Entre los hechos a destacar en este año se encuentran la primer victoria importante en el Combate de Las Piedras y el posterior Sitio de Montevideo (El Primer Sitio de Montevideo se desarrolló entre mayo y octubre de 1811. Las tropas de las Provincias Unidas del Río de la Plata, comandadas por el Coronel (después General) José Rondeau, sitiaron la ciudad de Montevideo, ocupado por las fuerzas del Virrey Francisco Javier de Elíoúltimo reducto realista en el Río de la Plata).
En 1811 se produjo una invasión  la invasión portuguesa (las fuerzas portuguesas de invasión estaban comandadas por el gobernador y capitán general de la Capitanía de Río Grande de San Pedro, Diego de Souza, y su objetivo declarado era socorrer al Virrey del Río de la Plata, Francisco Javier de Elío, sitiado en Montevideo por fuerzas revolucionarias de las Provincias Unidas del Río de la Plata. 
La invasión incluyó enfrentamientos de milicias orientales capitaneadas por José Gervasio Artigas con la acción de fuerzas irregulares portuguesas dedicadas al saqueo.
El Armisticio de Octubre (El Armisticio reconocía la autoridad de Fernando VII y establecía que se retirarían las tropas bonaerenses y portuguesas de la Banda Oriental, y restablecía la autoridad del Gobernador Elío sobre ella) fue establecido entre el Virrey Elío y el Triunvirato que gobernaba Buenos Aires.
En los Primeros Congresos Orientales los orientales rechazan el armisticio de Octubre, reconocen a Artigas como su Jefe, deciden continuar solos la lucha frente a los españoles y deciden levantar el sitio de Montevideo hecho conocido como la redota.
La Emigración. La importancia de estos  Congresos Orientales está dada por en que es la primera vez que los orientales hacen ejercicio de su soberanía. El Armisticio es rechazado porque los ignoraba,
 

Los Charrúas

En el siglo XVI las tribus charrúas ocupaban el sur del actual Uruguay. Los guaraníes misioneros, persiguiendo ganado matrero o cimarrón se enfrentaron con los charrúas y otras indiadas que, con guaraníes desertores formaron la gran nación charrúa.
En cuanto a la muerte de Solis, los historiadores hoy concuerdan en que los autores no fueron los charrúas, posiblemente fue ultimado por guaraníes guayanás (caníbales)
 

José Gervasio Artigas
(1764 - 1850)

Fue hijo del militar Martín José Artigas Carrasco y de su esposa Francisca Antonia Pasqual.
La Guerra Guaranítica entre 1754 y 1756, donde españoles y portugueses se unieron para combatir a los indios, tuvo efectos devastadores. Incluso hacia finales del siglo XVIII, los blandengues españoles iniciaron una campaña denominada como guerra charrúa, donde participó el entonces Sargento mayor José Artigas.
Su abuelo, Juan Antonio Artigas Ordovás (oriundo de la localidad aragonesa de Puebla de Albortón) y su abuela Ignacia Xaviera Carrasco y Melo-Coutiño, habían sido de los primeros pobladores de la ciudad. Sus abuelos migraron de Zaragoza, Buenos Aires y Tenerife.
Formaba parte de una de las familias más acaudaladas de Montevideo: su padre era propietario de campos y fue el primer Capitán de Milicias, desempeñando el cargo de Oficial Real.

Artigas a partir de los 14 años desaparece de su ambiente familiar y pasa a vivir relacionado con los charrúas con quienes se habría dedicado a faenas rurales relacionadas con transportes de ganado. Por tradición oral los charrúas ya recordaban el apellido Artigas, y por otra parte, José Gervasio, que convivió con su abuelo hasta que tenía nueve años, habría escuchado seguramente de sus labios varias veces comentarios de sus experiencias con los charrúas en las misiones que se le habían encomendado.

Artigas vivió su juventud, de los 14 a los 32 años, en un lugar donde todavía muchos castellanos vivían entre salvajes; vivió en el desierto y al desierto volvió, en su marcha secreta (1814) cuando se hizo desertor. 
Y fue en medio de La Sierra, que derrotó a los ejércitos y a las ideas centralistas de todas las demás provincias que terminaron componiendo la República Argentina.

El principal recurso alimenticio para la población era el ganado vacuno que se había multiplicado prodigiosamente en la Banda Oriental, ya conocida como la Vaquería del Mar.

La desaparición de los charrúas fue un proceso paulatino que llevó más de 200 años y que se generó a partir de la ocupación de su territorio por europeos. Los guaraníes se adaptaron y los charrúas no y fueron gradualmente extinguiéndose. Miles murieron, otros miles huyeron al noroeste (a Brasil), otros miles quedaron esclavizados y al mestizarse con los blancos perdieron su cultura. 
La principal justificación de la élite criolla era el supuesto intento de civilizar a los indios, mejorar la raza uruguaya y evitar el abigeato. El país tenía un importante número de ganado vacuno y equino constantemente amenazado de robo por parte de los indígenas. A fines del siglo XIX quedaban poco más de 1000 charrúas puros en Uruguay.
Para aprovisionar a sus pueblos, los jesuitas enviaban al sur de la Banda Oriental a grupos de 60 troperos guaraníes que, acompañados de dos sacerdotes y de una tropilla de caballos, efectuaban gigantescas arreadas de vacunos hacia el norte. Fue entonces cuando los guaraníes comenzaron a volver a la Banda Oriental.

A los treinta y tres años, en 1797, amparándose en una amnistía para quienes no tuvieran delitos de sangre, José Artigas ingresó como soldado raso al recién creado cuerpo de Blandengues de Montevideo, una milicia especialmente autorizada por el rey de España en el Virreinato del Río de la Plata, que tenía como fin de proteger las fronteras. En esta función, Artigas participó del control de los avances portugueses en la frontera con el Brasil y en la lucha contra el contrabando y el pillaje (contra los indios).

Poco antes de finalizar el siglo XVIII, Artigas se encontró, en aquella frontera, con un afro-montevideano que había sido capturado por los portugueses y reducido a la esclavitud. Decidió entonces comprarlo para darle la libertad. Desde entonces Joaquín Lenzina, más conocido como el Negro Ansina, acompañó a Artigas durante el resto de su vida, convirtiéndose en su mejor amigo, su camarada de armas y su cronista.
 


Exodo Oriental
(1811 - 1812)

El 12 de octubre de 1811 comenzó a levantarse el sitio a Montevideo y el ejército y el pueblo que lo seguía se retiraron hasta el río San José, en donde establecieron campamento en el Paso de la Arena.
Se trató de una emigración colectiva de habitantes de la Banda Oriental que siguieron a José Gervasio Artigas hasta el Salto Chico del río Uruguay,

El éxodo oriental

En el campamento de Artigas había cuatrocientos indios charrúas con flechas y bolas, lo cual demuestra que el éxodo oriental estuvo formado no solamente por familias criollas y mestizas. También las comunidades charrúas y minuanes abandonaron su tradicional hostilidad hacia los sectores criollos, incorporándose a las fuerzas confederales.



Exhibición de charrúas en Francia

El director del Colegio Oriental de Montevideo, el francés François De Curel consideró que el contacto directo con sobrevivientes de una raza próxima a su extinción despertaría el interés del público y de los científicos franceses y solicitó al Gobierno uruguayo autorización para trasladar a 4 de ellos a París.
Se organizó una empresa para la ocasión para exhibirlos y estudiarlos en un zoológico humano.

En poder de De Curel se hallaba la mujer llamada María Micaela Guyunusa y dos hombres: el chamán Senacua Senaqué y el cacique Vaimaca Perú. El joven guerrero Laureano Tacuavé Martínez fue elegido por el gobierno entre los que se encontraban en prisión
El grupo es conocido en Uruguay como "los últimos charrúas" y partió en barco rumbo a Francia el 25 de febrero de 1833 con Guyunusa embarazada de dos meses.

La exposición en un callejón cerca de los Campos Elíseos tuvo poco éxito, y tres de ellos murieron ese mismo año de 1833. Sus esqueletos fueron preservados, lo mismo que sus órganos en frascos y fragmentos de piel y muelas de los tres cuerpos, durante 170 años en los sótanos del Laboratorio de Antropología Biológica que se encuentra en el Palacio de Chaillot.
 La hija de Guyunusa nacida en Francia murió al año siguiente, mientras que Tacuabé logró escapar y se perdió su rastro. El 17 de julio de 2002 los restos de Vaimaca Perú fueron repatriados a Uruguay y sepultados dos días después en el Panteón Nacional

Diversos cálculos dicen que en Argentina, Brasil y Uruguay hay entre 160 000 y 300 000 personas con algún ascendiente charrúa, algunos de los cuales buscan ser reconocidos como parte de dicho pueblo, aunque hoy son mayormente parte integral de la cultura occidental general y conservan solo vestigios de la cultura charrúa que se extinguió en el siglo XIX.


Buenos Aires

En la Buenos Aires virreinal las actividades principales eran la ganadería y el comercio, que se manejaban con poca mano de obra y una visita cada tanto a los lugares de producción y servicio. Ir de compras llevaba muy poco tiempo. Bastaba atravesar la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo) y recorrer la Recova donde estaban los puestos de los bandoleros, como se llamaba entonces a los merceros frente a una doble fila de negocios de ropa y novedades.

Convocaban por igual a ricos y pobres las corridas de toros. En 1791 el virrey Arredondo inauguró la pequeña plaza de toros de Monserrat (ubicada en la actual manzana de 9 de Julio y Belgrano) con una capacidad para unas dos mil personas. Pero fue quedando chica, así que fue demolida y se construyó una nueva plaza para 10.000 personas en el Retiro, en la que alguna vez supo torear don Juan Lavalle.
El pato, las riñas de gallo, las cinchadas y las cuadreras (carreras de caballo de hasta 200 metros) eran las diversiones de los suburbios orilleros a las que de tanto en tanto concurrían los habitantes del centro. Allí podían escucharse los cielitos, que eran verdaderos alegatos cantados sobre la situación política y social de la época.

Las damas también gustaban de las corridas de toros pero preferían el teatro, la ópera y las veladas, que eran reuniones literarias y musicales realizadas en las casas. Eran la ocasión ideal para conseguir pareja. 

https://www.youtube.com/watch?v=QTGT0hpEEhY

Los negros

Apenas siete años después de la segunda fundación de Buenos Aires, en 1587, se produjo el primer desembarque de africanos esclavos en Buenos Aires. Las travesías del Atlántico eran terribles. Viajaban amontonados sin las más mínimas condiciones sanitarias, mal alimentados y sometidos a la brutalidad de los traficantes.

Buenos Aires era una especie de centro distribuidor de esclavos. Desde aquí se los vendía y se los llevaba a los distintos puntos del virreinato. En Buenos Aires a los esclavos negros se los ocupaba sobre todo en las tareas domésticas como sirvientes en las casas de las familias más adineradas.


A pesar de la esclavitud, los negros de Buenos Aires y Montevideo no perdieron sus ganas de vivir e hicieron oír sus candombes y milongas y aportaron palabras al vocabulario español como mucama, mandinga (el diablo) y tango.


Santiago de Liniers
(1753 - 1810)

Santiago de Liniers nace el 25 de ju­lio de 1753 en Fran­cia, su pa­dre San­tia­go Jo­sé Luis de Li­niers, su ma­dre En­ri­que­ta Te­re­sa de Bre­mond, sie­te her­ma­nos com­ple­tan la fa­mi­lia de quien al­can­za­ría el tí­tu­lo de Vi­rrey del Río de la Pla­taSu familia pertenecía a la antigua nobleza francesa del Poitou, con una gran tradición católica y militar, que  quedó excluida de la Ilustración de París.
Ingresó en la escuela militar de la Orden de San Juan, donde después de tres años egresó, en 1768, con la cruz de Caballero de Malta.
Se trasladó a Cádiz para ingresar en la armada española, siendo destinado como oficial en mayo de 1775 al puerto de Cartagena, en donde integró la flota de Pedro González Castejón, con cuarenta y seis buques, bajo las órdenes del general irlandés Alejandro O'Reilly, quien le asignó el navío San José como edecán del príncipe Camilo de Rohan (Capítulo XX - Francisco de Miranda y la Emancipación Americana - Miranda en el Ejército Español).
La escuadra zarpó de Cartagena con el objetivo de lanzar una expedición contra Argel, lugar al que atacaron sin éxito a comienzos de julio. En cuanto regresó a la península, ingresó en la Real Compañía de Caballeros Guardias Marinas, en noviembre del citado año.
En marzo de 1776, con el grado de Alférez de Fragata, participó del patrullaje naval por el Mediterráneo.
El 3 de noviembre de 1776, partió de Cádiz hacia el Virreinato del Río de la Plata la escuadra al mando de Pedro de Ceballos. Liniers, flamante alférez de fragata, fue nombrado como segundo capitán del bergantín de 10 cañones Hoope. El 23 de febrero de 1777 intervino en la toma de la isla portuguesa de Santa Catalina.

Participó en el ataque a Colonia del Sacramento el 22 de mayo de 1777, posición que se lograría conservar definitivamente bajo la soberanía española.
Entre 1779 y 1781 fue oficial del navío San Vicente, perteneciente a la escuadra franco-hispana que luchó contra la flota inglesa. Por su acción en el Sitio de Mahón y en la conquista de Menorca, fue ascendido a Teniente de navío. El 13 de septiembre de 1782 participó en el ataque a Gibraltar como segundo a bordo de la batería flotante Talla Piedra que se hundió después de 17 horas de estar bajo fuego británico. Liniers se salvó arrojándose al agua. Posteriormente, al mando del bergantín Fincastle, capturó al corsario inglés Elisa y por su acción fue ascendido, el 21 de diciembre de 1782, a Capitán de Fragata.

En 1782 se une en ma­tri­mo­nio con Jua­na Ur­su­la de Men­vie­lle, en Má­la­ga, pe­ro Jua­na mue­re de­ma­sia­do jo­ven, de­jan­do a San­tia­go con un hi­jo pe­que­ño.
Viu­do, con un hi­jo, vuel­ve al Río de la Pla­ta, rein­ci­de en el ma­tri­mo­nio, es­ta vez con Ma­ría Mar­ti­na de Sa­rra­tea y Al­to­la­gui­rre, per­te­ne­cien­te a una de las fa­mi­lias más gra­na­das de Bue­nos Ai­res.
Ma­ría Mar­ti­na y San­tia­go vi­ven una pro­fun­da es­tre­chez, ocho hi­jos na­cen de es­ta unión, aun­que en el úl­ti­mo par­to Ma­ría Mar­ti­na fa­lle­ce, al pa­re­cer por una in­fec­ción pos-par­to, pro­duc­to de una epi­de­mia que con­ta­gia tam­bién a su pe­que­ña hi­ja Fran­cis­ca de dos años de edad.
Ve­nían de Mi­sio­nes, lu­gar al que Li­niers ha­bía ido con el nom­bra­mien­to de go­ber­na­dor in­te­ri­no y del que vol­vía sin pe­na ni glo­ria. Un in­for­me de­ma­sia­do sin­ce­ro le cues­ta la des­ti­tu­ción. 
Nue­va­men­te en Bue­nos Ai­res, nue­va­men­te viu­do, aho­ra con una im­por­tan­te pro­le. La vi­da se pre­sen­ta do­lo­ro­sa pa­ra San­tia­go, sin em­bar­go le es­pe­ra­ba una glo­ria im­pen­sa­da.

En 1804 fue nombrado por el Virrey Rafael de Sobremonte jefe de la estación naval de Buenos Aires, pero pronto sería trasladado a la Ensenada de Barragán. Se sentía desplazado por otros oficiales españoles, pues creía tener méritos para un destino mejor.

El hermano mayor de Liniers, su homónimo en el primer nombre Santiago Luis Enrique, quien ostentara el título francés de Conde de Liniers, participó en una conjura con los ingleses para independizar el Virreinato del Río de la Plata, lo que le causó problemas hasta su muerte en 1809.


Las Invasiones Inglesas
(1806 - 1807)
 
Los buques que transportaban esclavos hacia el Plata permitían el intercambio ilegal de manufacturas por los productos primarios de la región: cuero, tasajo y sebo.
La primera expedición militar británica que llegó a la región lo hizo en el marco de la Guerra de los Siete Años. En enero de 1762 España se involucró definitivamente en este conflicto entrando en guerra con Inglaterra y Portugal. En octubre del mismo año, Pedro de Cevallos (Gobernador y después Primer Virrey del Virreinato del Río de La Plata), volvió a ocupar Colonia del Sacramento para España. Al año siguiente, en 1763, se produjo la fracasada Invasión anglo-portuguesa al Río de la Plata, cuya flota compuesta por diez barcos y más de mil hombres de Gran Bretaña y de Portugal, fue vencida por las tropas de España al intentar retomar Colonia.
Hacia fines de 1805 la posibilidad de una invasión inglesa ya recorría Buenos Aires. Esta capital sudamericana, con sus 45 000 habitantes, era uno de los puertos más prósperos del Nuevo Mundo (Nueva York, la ciudad más grande por entonces en la América anglosajona, contaba con unos 85 000 habitantes).
La batalla de Trafalgar, en 1805 (Capítulo XX - El Imperio Británico - Trafalgar) , puso de manifiesto el fin de tres siglos de supremacía naval española a través de su Armada Invencible, lugar que pasó a ocupar la flota británica. Asimismo, este resultado minó la capacidad de España para defender y mantener su imperio.
Las Invasiones Inglesas fueron dos expediciones militares fracasadas que el Imperio británico emprendió en 1806 y 1807 contra el Virreinato del Río de la Plata  perteneciente a la Corona española con el objetivo de anexarlo. Ocurrieron en el marco de la  undécima Guerra anglo-española.

Ambos intentos fallidos significaron la incorporación de la región a las guerras napoleónicas, conflicto que enfrentó a las dos potencias dominantes de la época, el Reino Unido y Francia. La guerra en Europa otorgaba a los vastos territorios de Hispanoamérica un papel estratégico y económico de gran importancia para el Reino Unido, que se hallaba por entonces en plena revolución industrial y que pretendía terminar con el Imperio español.

El jueves 2 de enero de 1806 arribó al puerto de la Ensenada de Barragán el Bergantín mercante Espíritu Santo, cuyo Capitán fue interrogado por el alférez Navarro por orden del Capitán de Puerto, Santiago de Liniers.
El capitán del mercante informó haber avistado una flota británica en Todos Los Santos, Brasil, el pasado diciembre de 1805. Esta flota era parte de la expedición de David Baird que se dirigía a la colonia holandesa de Cabo de Buena Esperanza.

Las operaciones en el Río de la Plata fueron parte de un ataque mayor a las colonias españolas en América del Sur. Se esperaba enviar una expedición a cargo de Robert Craufurd para tomar Valparaíso en la Capitanía General de Chile y a Francisco de Miranda se le había prometido el apoyo de tropas británicas en Venezuela.
(Capítulo XX - Francisco de Miranda y la Emancipación Americana - Miranda en Inglaterra y en Rusia)
El plan original venía de 1783, unos 4000 ingleses ocuparían Buenos Aires mientras otras unidades atacarían las costas chilenas. Una vez dominados ambos territorios avanzarían sobre el Perú. Es exactamente que el mismo plan presentado por Miranda en 1790 y 1796, y adoptado por Londres en 1804.

La Primera Invasión Inglesa de 1806, en la que las tropas británicas ocuparon la ciudad de Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, y que fueron vencidas 46 días después por el ejército compuesto por milicias populares Porteñas y de los pueblos cercanos, más los refuerzos provenientes de Montevideo comandados por Santiago de Liniers (proceso conocido como La Reconquista).
La Segunda Invasión Inglesa de 1807, en la que las tropas británicas, luego de tomar Montevideo, fueron rechazadas cuando intentaron ocupar Buenos Aires, por las fuerzas defensoras, que se componían de tropas regulares y de milicias urbanas, integradas por población que se había armado y organizado militarmente durante el curso de las invasiones, en el proceso conocido como La Defensa.

En 1789 la guerra entre Gran Bretaña y España parecía inminente tras el incidente del Estrecho de Nutka. 
La Convención de Nutka en 1790 puso fin a las hostilidades, con lo cual la misión fue cancelada. Según los términos de este tratado, el Reino Unido reconocía la soberanía hispana en los archipiélagos del Atlántico Sur próximos al continente americano a cambio de asentarse en la isla de Quadra y Vancouver. Así, los colonos británicos que se habían establecido hacía unos años en las islas Malvinas abandonaron el archipiélago.

El revolucionario venezolano Francisco de Miranda aprovechó la ocasión para presentarse ante el Primer Ministro William Pitt con su propuesta para liberar la América Hispana. Miranda deseaba emancipar los territorios del Nuevo Mundo bajo dominio portugués y español y convertirlos en un gran imperio independiente gobernado por un descendiente de la Casa de los Incas. (Capítulo XX - Francisco de Miranda y la Emancipación Americana - Miranda en Inglaterra y en Rusia)
El plan presentado en Londres solicitaba la asistencia del Reino Unido y los Estados Unidos para ocupar militarmente las principales ciudades sudamericanas, asegurando que el pueblo recibiría a los británicos cordialmente y que se apresurarían a organizar gobiernos soberanos. 

 
25 de junio de 1806 - Primera Invasión

 El puerto de Montevideo poseía suficiente calado para permitir la entrada de buques de guerra, lo que lo convertía en la plaza militar más importante sobre el Río de la Plata
La flota británica fue avistada frente a Montevideo el 8 de junio de 1806. El 24 de junio Beresford amagó un desembarco en Ensenada, realizando maniobras frente a Punta Lara y abriendo fuego contra las fortificaciones.
El 25 de junio de 1806 una fuerza de unos 1600 hombres al mando del Coronel Beresford, entre ellos el Regimiento 71 de Highlanders, desembarcó en las costas de Quilmes (|7 km al sur de Buenis Aires) sin ser molestados. Recién al día siguiente se dispuso en Buenos Aires marchar hacia ellos, bajo el mando del nuevo subinspector del Ejército, Coronel Pedro de Arce. Cuando se estuvo frente al enemigo, se rompió fuego, aunque la carga posterior ordenada de las tropas invasoras forzó a una retirada general de los defensores.
 
El Virey Sobremonte intentó una estrategia de defensa, armando a la población y apostando a sus hombres en la ribera norte del Riachuelo, confiando en poder atacar a los británicos de flanco. Pero el reparto de armas fue un caos, y las tropas no pudieron detener el rápido avance inglés, de modo que el virrey quedó fuera de la ciudad, sin posibilidad de intentar resistir.
El 27 de junio de 1806 las autoridades virreinales aceptaron la intimación de Beresford y entregaron Buenos Aires a los británicos. En la tarde de ese mismo día, las tropas británicas desfilaron por la Plaza Mayor (la actual Plaza de Mayo) y enarbolaron la bandera del Reino Unido, que permanecería allí por 46 días. El territorio bajo dominio británico fue rebautizado bajo el nombre de Nueva Arcadia, en alusión a la tierra pastoril griega de tanto peso en las fábulas neoclásicas.

El Virrey abandonó la capital en la mañana del 27 de junio y se retiró a Córdoba junto con algunos centenares de milicianos que no tardaron en desertar: contrariamente a una persistente leyenda, no llevaba consigo los caudales, ya que los mismos habían sido evacuados dos días antes de acuerdo a un plan trazado el año anterior. 
Beresford demandó la entrega de los caudales del Estado y advirtió a los comerciantes porteños que en caso contrario retendría las embarcaciones de cabotaje capturadas e impondría contribuciones. El Cabildo no vaciló en enviar una comisión a Sobremonte rogándole entregara el tesoro isultado a un destacamento inglés enviado en persecución del mismo. Este tesoro fue trasladado a Londres y paseado como trofeo de guerra, antes de ser depositado en un banco.
El 14 de julio, Sobremonte declaró a Córdoba la capital provisoria del virreinato. Asimismo, instó a que se desobedecieran todas las órdenes provenientes de Buenos Aires mientras durara la ocupación. Se dedicó a organizar un ejército con el que reconquistar la capital, pero la tarea tropezó con toda clase de dificultades, y sólo dos meses más tarde estuvo listo.
 En un Cabildo Abierto los vecinos de Buenos Aires depusieron al virrey designado por el rey (hecho excepcional en los anales de la historia hispanoamericana) para elegir a Santiago de Liniers (francés) en su lugar. 
También se formaron milicias populares voluntarias. Se contaba con el Regimiento de Patricios, bajo el mando de Cornelio Saavedra, de Potosí (Capítulo XVI - La Conquista de América - Perú - Potosí).
 

La Reconquista
 
El capitán de navío Santiago de Liniers, habiendo viajado a Montevideo antes de la rendición, comenzó a organizar milicias para reconquistar Buenos Aires. Lo hizo con la ayuda de Martín de Alzaga en la ciudad y de Juan Martín de Pueyrredón en los alrededores. Incluso después del Combate de Perdriel el 1° de agosto de 1806,
Con unos gauchos mal armados* Pueyrredón se retiró con sus hombres y un carro capturado con municiones reuniéndose con Olavarría, con quien se dirigió a la chacra de Márquez (actuales tierras de los talleres militares de Boulogne Sur Mer) para reagruparse y esperar a Liniers para avanzar sobre Buenos Aires. Perdriel no fue un lugar apropiado para enfrentar a la infenterpia inglesa. Sin caballería, los británicos no hubiesen combatido más alejados de Buenos Aires,
* Las arman

Tijeras para esquilar fabricadas en Sheffield - Puntas de lanzas y chuzas

Pueyrredón partió en un bote rumbo a la Banda Oriental para dar cuenta de la situación, acompañado de Francisco Trelles y otros.. Tras un largo y peligroso periplo arribó a Colonia del Sacramento el día 2 y se reunió con Liniers.
El Combate de Perdtiel fue una derrota de las pocas tropas patriotas reunidas hasta el momento, sin arnas y mal ubicadas.

Crecía en Buenos Aires la decisión de recuperar militarmente la ciudad.
Antes de que los rebeldes porteños pudieran llevar a cabo su plan, nuevas tropas arribaron a Buenos Aires. Estaban comandadas por Liniers, que había abandonado su posición en Ensenada y cruzado el Río de La Plata para organizar las tropas para la reconquista. Desde Montevideo, y con la ayuda de Pascual Ruiz Huidobro, gobernador de esa ciudad, el francés organizó un ejército que partió el 23 de julio para Colonia y el 3 de agosto desde Colonia fue embarcado en una flota de 23 naves hacia Buenos Aires para iniciar la Reconquista.
Las fuerzas que Sobremonte logró enviar a Buenos Aires comprendían unos 600 cordobeses, 950 paraguayos, 1000 milicianos de otros puntos, y unos 400 blandengues de la frontera de Buenos Aires y un cuerpo de dragones.
Participaron de la Junta de Guerra los brigadieres del Regimiento de Dragones del Real Cuerpo de Artillería y Coroneles del Real Cuerpo de Ingenieros y del Regimiento de Infantería; Blandengues y Voluntarios de Infantería y Caballería de Buenos Aires. 
Ruiz Huidobro creó 5 nuevos cuerpos de voluntarios urbanos de Montevideo y 372 plazas de milicias de Montevideo y Colonia del Sacramento y otras compañías de Montevideo y de Colonia.
 
En los Corrales de Miserere, suburbios de Buenos Aires, se incorporó Antonio de Olavarría, con algunos soldados y voluntarios de Luján.
Desde Mendoza el comandante de armas sargento mayor Faustino Ansay partió el 16 de julio de 1806 con un contingente de 600 milicianos del Regimiento de Voluntarios de Caballería de Mendoza, llegando hasta el fuerte de San Claudio de Areco, donde recibió prisioneros británicos asignados por el Plan de Internación que Sobremonte emitió el 7 de septiembre de 1806. A fines de 1806 Ansay contrató a Melchor Videla para que en el plazo de 26 días transportara a Buenos Aires trescientos quintales de pólvora en trece carretas.
El 26 de julio de 1806 partieron de San Miguel de Tucumán 3 compañías de milicias del Regimiento de Voluntarios de San Miguel de Tucumán y otras fuerzas. Debieron retornar desde el Arroyo del Medio (frontera entre las Provincias de Santa Fe y Buenos Aires) al conocer la reconquista de Buenos Aires, custodiando un contingente de 500 prisioneros británicos, destinados: 50 a San Luis, 50 a La Carlota, 100 a Santiago del Estero y 200 a San Miguel de Tucumán.
 
El 4 de agosto de 1806 se embarcaron en Asunción y luego en Pilar (Ñeembucú - Paraguay) 7 compañías con 534 milicianos y 12 oficiales de los regimientos de Voluntarios de Caballería del Paraguay, al mando del coronel de milicias José Espínola y Peña.
Esta división desembarcó el 2 de septiembre en San Nicolás de los Arroyos y se dirigió a Buenos Aires, llegando luego de la rendición británica. En un oficio de Sobremonte a Liniers, en respuesta al que este le dirigiera el 2 de septiembre de 1806, le comunicó que en el puerto de Las Conchas (Tigre - Provincia de Buenos Aires) había 550 paraguayos llegados con el coronel José Espí­nola y que podía disponer de ellos. 

El 10 de agosto, apostado en los corrales de Miserere, Liniers intimó la rendición a Beresford con una carta que contenía los siguientes párrafos: “Vengo a la cabeza de tropas regladas muy superiores a las del mando de Vuestra Excelencia y que no les ceden en instrucciones y disciplina. Mis fuerzas de mar van a dominar las balizas y no le dejarán recursos para emprender una retirada. La justa estimación debida al valor de Vuestra Excelencia, la generosidad de la nación española y el horror que inspira a la humanidad la destrucción de hombres, meros instrumentos de los que con justicia o sin ella emprenden la guerra, me estimulan a dirigir a Vuestra Excelencia este aviso, para que impuesto del peligro sin recurso en que se encuentra, me exprese en el preciso término de quince minutos, si se halla dispuesto al partido desesperado de librar sus tropas a una total destrucción o al de entregarse a un enemigo poderoso.”

El 14 de agosto un Cabildo Abierto quitó al virrey Sobremonte el mando militar de la ciudad de Buenos Aires y envió una comisión para alcanzarlo (viajaba a Buenos Aires con tropas desde Córdoba) y convencerlo de que no entrara en la ciudad. Como esta fuerza expedicionaria llegó a las inmediaciones de Buenos Aires cuando la capital ya había sido reconquistada por Liniers, Sobremonte aceptó delegar el mando de las fuerzas de la capital en Liniers y el mando político de la ciudad en la Real Audiencia, trasladándose con las tropas cordobesas a Montevideo. 
El 12 de octubre llegó a esa ciudad, pero recibió un rechazo general, por esa razón instaló su campamento con las fuerzas que había llevado en Las Piedras, a cuatro leguas de Montevideo.

La división pasó a la Banda Oriental junto con el virrey Sobremonte. Una segunda división paraguaya de Voluntarios de Caballería con 403 plazas y 4 oficiales partió en barco desde Pilar en dos grupos. El primero lo hizo el 26 de diciembre de 1806, y el segundo partió el 16 de enero de 1807 ambos del Regimiento de Milicias de Costa Arriba.

Luego de la primera Invasión Inglesa el gobernador Ruiz Huidobro creó en Montevideo varias unidades milicianas:
Cuerpo de Húsares Voluntarios del Gobierno o Tercio de Húsares de Mordeille para Mar y Tierra: cuerpo organizado y comandado por el corsario francés Hipólito Mordeille para actuar como infantería de marina, que fue admitido al servicio por el virrey el 16 de octubre de 1806
Una compañía de granaderos, 6 compañías de infantería y una compañía distinguida y escolta de bandera, Vecinos y fusileros de Montevideo. Voluntarios Cazadores de Montevideo.
Batallón de Vecinos de Montevideo: lo integraban 400 nativos de la ciudad.
Compañía de Fusileros: era una unidad de dragones que podía actuar montada, armados con carabinas y fusiles.
Partidarios Españoles de la Campaña: unidad de caballería, con 400 habitantes de la campaña de Montevideo de origen español.
Tercio de Gallegos y Asturianos: formado por 130 voluntarios sin sueldo.


Sitio de Montevideo
(1807)
 

El 16 de enero de 1807 se inició el desembarco inglés en la zona dek Buceo, a 10 km de Montevideo.

A 5 kilómetros estaba el campamento de Sobremonte, quien envió a impedirlo un pequeño destacamento de caballería al mando del coronel Allende. No pudieron evitar el desembarco. Poco después, Sobremonte llevó su campamento hacia el oeste,

El 16 de febrero de 1807 llegó a Buenos Aires la noticia de la caída de Montevideo. Al conocerse la actuación del virrey, se avivaron las protestas públicas y las pintadas en contra del representante de la Corona. El 15 de febrero, el Cabildo porteño en Junta de Guerra presionó a la Real Audiencia y decretó en un hecho sin precedentes, la destitución de Sobremonte, su detención, y la designación de Liniers en su lugar.
Las autoridades españolas entendieron que lo ocurrido en Buenos Aires podía servir de ejemplo para los vasallos del resto de los virreinatos americanos. Para evitar que trascendiera el hecho de que por voluntad del pueblo se hubiese destituido a un virrey, la Audiencia enmarcó los hechos dentro del ámbito jurídico colonial, comunicando que Sobremonte había renunciado al cargo por cuestiones de salud.
En conocimiento de la ocupación británica de Montevideo de 1807, el Cabildo de Buenos Aires ordenó a Liniers la internación de los prisioneros en el interior del virreinato. Hasta ese momento los prisioneros británicos se hallaban distribuidos en Buenos Aires y en los fortines de la campaña cercanos, tales como Guardia del Salto, Rojas, San Antonio de Areco (fortín de Areco) y la Villa de Luján, en donde se hallaba Beresford.
Los principales jefes británicos que se hallaban en Luján, fueron destinados a Catamarca, partiendo el 10 de febrero de 1807 a cargo del capitán Manuel Luciano Martínez de Fontes y 17 blandengues. Los principales prisioneros eran el General William Carr Beresford, Comandante de la Fuerzas y el Coronel Dennis Pack, Jefe del Regimiento N° 71 “Highlanders” y futuro cuñado de Beresford.
 
Debido a que Beresford mantenía contacto con grupos criollos promotores de las ideas independentistas, la columna que lo trasladaba fue interceptada en las cercanías de Arrecifes por un grupo de criollos, entre ellos Saturnino Rodríguez Peña y Manuel Aniceto Padilla, quienes lograron con argucias que el jefe inglés les fuera entregado junto con un oficial de su elección.
Los criollos mantuvieron oculto al general inglés y al coronel Dennis Pack hasta que fueron clandestinamente embarcados en el puerto de Buenos Aires el 21 de febrero de 1807 en un lanchón de la balandra portuguesa Flor del Cabo que los trasladó hasta la Ensenada de Barragán en donde embarcaron en la corbeta inglesa HMS Charwell, enviada desde Montevideo con mensajes para las autoridades. 
El objetivo de esta misión era negociar la rendición de Buenos Aires para evitar una batalla sangrienta. Llegaron a Colonia del Sacramento y luego por tierra viajaron a Montevideo, donde llegaron el 25 de febrero de 1807. Sin haber arribado a un acuerdo, Beresford rechazó la oferta de comandar la expedición a la capital virreinal y se embarcó hacia Londres. Este general ocuparía la isla Madeira ese mismo año y se convertiría en su gobernador. Más adelante tendría un papel prominente en la Guerra de la Independencia Española.
(
Cap
ítulo XXIII - La Revolución Francesa - La Guerra de la Independencia Española - Los Ingleses en España).
Los entregadores fueron gratificados por el gobierno británico con una pensión de trescientas libras anuales hasta su muerte.

Se decidió distribuir los prisioneros en 3 contingentes de a 500 que custodiados por los Húsares de Pueyrredón, fueron enviados a los fortines del oeste del virreinato, al norte y, al Litoral y a las Misiones.
 

28 de junio de 1807 - La Segunda Invasión

El 28 de junio el Almirante Murray desembarcó a los británicos en la Ensenada de Barragán. La vanguardia británica al mando del General Gower, compuesta de las brigadas Craufurd y Lumley, avanzó sin ser atacada hasta Quilmes, mientras el resto de la fuerza la seguía de lejos.

El 1° de julio se puso el marcha el ejército español de Buenos Aires para proteger el paso del Riachuelo con 6.860 hombres y 53 cañones.

En la mañana del 5 de julio de 1807, la totalidad del ejército británico volvió a reunirse en Miserere. Confiado de la supremacía de su ejército, el General Whitelocke dio la orden de ingresar a la ciudad en 12 columnas, que se dirigirían separadamente hacia el Fuerte y Retiro por distintas calles. En un alarde innecesario, llevaban orden de no disparar sus armas hasta llegar a la Plaza de la Victoria.
Los invasores se enfrentaban a una Buenos Aires muy diferente a la que se había rendido ante Beresford. Según cuenta la tradición popular, los vecinos arrojaron piedras y agua hirviendo sobre las cabezas de los invasores. Lo cierto es que Liniers y Álzaga habían logrado reunir un ejército de 9000 milicianos, apostados en distintos puntos de la ciudad. El avance de las columnas se vio severamente entorpecido por las defensas montadas, y el fuego permanente desde el interior de las casas.
Cuando la mayoría de las columnas habían caído, Liniers exigió la rendición. Craufurd, atrincherado en la iglesia de Santo Domingo, rechazó la oferta y la lucha se extendió hasta pasadas las tres de la tarde. Whitelocke recibió las condiciones de la capitulación hacia las seis de la tarde ese mismo día.

Mientras tanto, había llegado al virreinato la resolución de la corte española declarando a Ruiz Huidobro virrey interino. Sin embargo, el gobernador había sido embarcado hacia Londres luego de la caída de Montevideo. Por lo tanto, Liniers, siendo el militar de mayor rango presente fue nombrado en reemplazo de Huidobro por la Audiencia.
 
Durante los enfrentamientos valientes mujeres participaron activamente en las batallas, así podemos encontrar a Manuela Pedraza, La Tucumana  quien después de derrotar a un inglés y permaneciendo en el ardor de la batalla, consiguió ser nombrada subteniente de infantería con uso de uniforme y goce de sueldo. O Martina Céspedes, quien era dueña de un pequeño despacho de bebidas (pulpería o boliche) de San Telmo que, junto con sus tres hijas, capturó doce invasores que buscaban donde embriegarse, y a medida que fueron ingresando de a uno al local se convirtieron  en prisioneros de Martina y sus hijas. Posteriormente los prisioneros fueron entregados (sólo once, uno quedó con la hija menor de doña Martina) a Liniers quien le otorgó el grado y uniforme de sargento mayor.

Martina Céspedes y sus hijas

El comandante inglés se negó a rendirse, advirtiendo que defendería su posición. Las tropas de Liniers avanzaron sobre el Retiro y derrotaron a las tropas inglesas apostadas allí, luego convergieron sobre la Plaza Mayor en distintas columnas para lo que sería la acción decisiva. Los combates tomaron otra dimensión y se tornaron más violentos y encarnizados entre las calles. 
Finalmente, los invasores se replegaron hacia el fuerte, a su paso recibían toda clase de metralla desde los techos y terrazas, escombros, piedras, agua o aceite hirviendo; y ante la decisión de las acciones de los patriotas y la abrumadora superioridad numérica que presentaban, no tardaron en rendirse.

Al finalizar los enfrentamientos se convocó a un cabildo abierto, frente al cual una multitud exigió que no se permitiera retornar a la capital al virrey Sobremonte, considerado un cobarde por la población. También pidió que Liniers fuera nombrado comandante de armas en su lugar. Se formaron las milicias voluntarias para enfrentar una eventual nueva invasión. 

El 25 de julio, el general inglés comunicó la aceptación de la capitulación propuesta por Liniers y a la cual - por exigencia de Alzaga - se le había añadido un plazo de dos meses para abandonar Montevideo. Las tropas británicas se retiraron de Buenos Aires; para abandonar la banda oriental recién el 9 de septiembre.

De regreso al Reino Unido, una corte marcial encontró a Whitelocke culpable de todos los cargos excepto uno y fue destituido de su función, al declarársele incapaz de servir a la Corona inglesa. Uno de los factores determinantes para esta decisión, fue el hecho que el general hubiera aceptado la devolución de Montevideo dentro de los términos de la rendición.

Los cuerpos de los caídos de ambos bandos durante las invasiones inglesas de Buenos Aires aún no han sido hallados


Marie Anne Périchon de Vandeuil
La Perichona

Na­ce en 1775 en la is­la de Bor­bón (hoy Reu­nión - Compañía Francesa de las Indias Orientales (Compagnie française pour le commerce des Indes Orientales), per­te­ne­cien­te a las Is­las Mas­ca­re­ñas. Su pa­dre, Es­te­ban Ar­man­do Pe­ri­chón de Van­deuil, pa­ri­si­no em­plea­do en la Com­pa­ñía.
Con­trae ma­tri­mo­nio a los die­ci­sie­te años con el ir­lan­dés Tho­mas O’ Gor­man en la Vi­lle de Port Louis (Normandía - Francia) el 12 de fe­bre­ro de 1792.
Poco después, en 1797, el matrimonio se estableció en Buenos Aires, donde el tío de su marido, el médico Miguel O’Gorman, ya residía y había sido el creador del Protomedicato, institución que regulaba las prácticas de salubridad. Thomas O’ Gor­man compró tierras próximas a Buenos Aires.

El apodo despectivo Perichona le fue dado por analogía con el de la Perricholi, que  fue una cantante, empresaria y actriz de teatro peruana. Antes de cumplir 20 años se convirtió en la actriz de moda.
En esa época, María Micaela Villegas (la Perricholi) inició un romance que duró 14 años con el sexagenario Virrey del Perú Manuel de Amat y Junyent, que se convirtió en la relación más escandalosa del siglo XVIII en Perú, Amat la hizo su amante y el centro de la vida social limeña. En 1769 tuvieron un hijo al que llamaron Manuel.

Puede ser leyenda que desfilando con sus tropas Santiagp de Liniers conoció a la Perichina.  Cuenta Groussac que mientras avanzaba Liniers al frente de su columna, el 12 de agosto de 1806, al llegar a la calle de San Nicolás (hoy Corrientes), desde los balcones Anita arrojó a sus pies un pañuelo bordado y perfumado en señal de admiración al vencedor. Liniers lo recogió con la punta de su espada, y con el pañuelo en alto, contestó el saludo con un marcial movimiento.
Paul Groussac - (1849-1929) Nacido en Francia, vivió en Argentina. Historiador, Director de la Biblioteca Nacional desde 1848 a 1929.
Viudo dos veces y cincuentón enamorado, pronto tuvo relaciones con ella, se convirtió en su amante.
Participaba de todo encuentro social como pareja del Virrey Liniers, utilizaba uniforme de coronel del ejército. Agraciada y de escasa estatura, era odiada por las damas porteñas, y poseía un especial atractivo entre los varones de la sociedad.

Santiago de Liniers y La Perichona

La descripción de Groussac sobre esta mujer, "como persona de avería, que poseyó algunos bienes y nada se probó que traficara con sus encantos. Tenía talento - agrega - bastarían para demostrarlo sus cartas de letra elegante y de giro tan suelto, a pesar de sus galicismos  Era, desde luego, una buena frescachona, bastante voluntariosa y malcriada", dispuesta a aprovechar cualquier ocasional preponderancia para encaramarse.

Para los códigos de la época, una mujer de 31 años era considerada una mujer que debía respetar ciertas normas de urbanismo y recato, más aun estando casada y siendo extranjera, y que, según dejó trascender otro historiador, Vicente Fidel López, había sido amante del general invasor, Wiliam Beresford, lo cual – accesoriamente - la había rodeado de sospechas sobre su condición de espía inglesa
El Virrey Liniers, dejando de lado sus pasiones amorosas y tratando de defender su buen nombre y honor  acusó a su amante de reunir a conspiradores en las tertulias de su casa, la hizo embarcar y la expulsó con destino a Río de Janeiro, a reunirse con su marido. 
Para entonces, la corte portuguesa había sido instalada por sus aliados británicos en Brasil, huyendo de la invasión napoleónica, y era el centro de las intrigas que protagonizaba la princesa Carlota Joaquina de Borbón, hermana del rey Fernando VII y mujer del príncipe regente de Portugal. Carlota aspiraba a gobernar las colonias americanas como regente mientras durase el cautiverio de su real hermano, preso VIP de Napoleón en el palacio francés de Vallençay (Capítulo XXVI - La esclavitud - La Trata de esclsvos - El Castillo de Vallençay).

La Perichona, combinaba el trabajo con el placer, por lo que lejos de restablecer el vínculo filial con su marido, convirtió en su protector y amante a Lord Strangford, el embajador británico en Río de Janeiro.

En 1809 la es­tre­lla de Li­niers se ha apa­ga­do, un nue­vo vi­rrey lo ha su­plan­ta­do y en 1810 es ase­si­na­do en Ca­be­za de Ti­gre (con­tra-re­vo­lu­ción en Cór­do­ba).
En su casa de Río de Janeiro, Anita Perichón de O’Gorman prosiguió con sus tertulias, donde se reunían distintos conspiradores rioplatenses, británicos y portugueses. La leyenda quiere que su nuevo protector y amante fuese nada menos que lord Strangford, el representante británico ante la corte portuguesa en Río.
 
No obstante. poco después comenzó a caer en desgracia, al perder la protección de Strangford, y fue deportada del Brasil en un buque inglés. Las autoridades de Montevideo y de Buenos Aires rechazaron su desembarco, y sólo pudo retornar a Buenos Aires una vez producida la Revolución de Mayo, gracias a un Decreto de la Junta que dispuso que madame O ‘Gorman podría bajar a tierra con la condición de que no se estableciera en el centro de la ciudad, sino en la chacra de La Matanza, donde debía guardar circunspección y retiro”.

Ana se ins­ta­la en las afue­ras de Bue­nos Ai­res en su ca­sa quin­ta, re­clui­da por pe­ca­do­ra, fa­lle­ce en 1847 a los 72 años, fue se­pul­ta­da en el ce­men­te­rio de la Re­co­le­ta.
Desde entonces, permaneció encerrada en la estancia familiar donde se enteró que su virrey había sido fusilado en Córdoba por contrarrevolucionario. Allí vivió sus últimos treinta años entre sus recuerdos de amores, intrigas, viajes, cortes y despedidas, mientras se casaban sus hijos y nacían sus numerosos nietos. Entre ellos, Camila O ‘Gorman, la del pensamiento libre y el destino trágico.
En 1848 su nie­ta Ca­mi­la es fu­si­la­da por amar al sa­cer­do­te La­dis­lao Gu­tié­rrez.
 


Camila O’Gorman
(1825 - 1848)

Esta nieta de La Perichona, se enamoró del sacerdote de su capilla. Ladislao Gutiérrez, jesuita sobrino del Gobernador de Tucumán.
Camila pertenecía a la aristocracia bonaerense y mantenía una gran amistad con la hija del Gobernador de Buenos Aires, Manuelita Rosas.
Ladislao y Camila, iniciaron un romance clandestino, hasta que se fugaron a caballo hacia Brasil. deteniendo su huida en el pequeño poblado de Goya, en la Provincia de Corrientes, a 800 kilómetros de Buenos Aires. Allí instalaron una pequeña escuela rural, cambiando sus nombres y confundiéndose entre la población, que los estimaba.
Fueron reconocidos por un cura viajero, que alertó al Gobernador de la Provincia, Benjamín Virasoro, sobre la verdadera identidad de los maestros rurales.
Fueron encarcelados por Virasoro y enviados a Buenos Aires para ser juzgados.
Fueron condenados a muerte y fusilados el 19 de agosto de 1848 en el Cuartel General de Santos Lugares, en Buenos Aires. En las memorias del comandante de Santos Lugares, Antonino Reyes, se dice que Camila había declarado que estaba embarazada, y que el padre Castellanos, antes de su fusilamiento, le dio a beber agua bendita para bautizar a la criatura.


María Sánchez de Thompson (Mariquita Sánchez)
(1786 - 1868)
 
Las tertulias y saraos eran reuniones en casa de las principales familias de Buenos Aires. En la preparación, lista de invitados, menú, ropa, disposición de muebles y otros detalles, se ponía mucho tiempo y esmero. Recibir en casa de esta forma era considerado un arte. Y las anfitrionas que sobresalían en esto adquirían una bien ganada fama entre los vecinos de Buenos Aires. En este caso, no sólo se trataba de riqueza, educación superior (casi sobrenatural considerando que la enorme mayoría de las mujeres eran analfabetas, aun entre la clase acomodada), encanto personal y belleza. Mariquita era inteligente y estuvo involucrada en política toda su larga vida. 
En sus tertulias se discutían los acontecimientos, se pasaba información, se opinaba, se urdía. Nada ocurría que no fuera comentado en su salón. Allí se susurraron órdenes y contraórdenes, se espió y se pasó información, se torcieron rumbos y se fraguaron alianzas. En la lista de invitados y asistentes figuran los nombres de José de San Martín, Manuel Belgrano, Fray Cayetano Rodríguez, toda la Logia Lautaro, y muchos más. Podría decirse que nada de importancia ocurría sin su conocimiento (Capítulo XX - Francisco Miranda y la Emancipación Americana - La Logia Lautaro).
 
Mariquita fue revolucionaria toda su vida: escribía sus impresiones sobre lo que vivía, veía, pensaba. Gracias a eso es que existe un registro cronológico de la visión de una de las mujeres más importantes en la revolución americana.
 
 

Las Juntas - La Junta Suprema Central
 
La Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino, formada en septiembre de 1808 en Aranjuez (Aramjuez - Madrid), fue un órgano que ejerció los poderes ejecutivo y legislativo españoles durante la ocupación napoleónica de España. Se componía de representantes de las juntas que se habían formado en las provincias españolas. Se trasladó a Sevilla en diciembre de 1808 y a la Real Isla de León en enero de 1810.

La Junta Suprema Central pasó a llamarse Consejo de Regencia de España e Indias en 1810. El 24 de septiembre de 1810 se celebró la primera sesión de las Cortes en la Isla de León. A partir del 24 de febrero de 1811 y hasta el 25 de septiembre de 1813 se reunieron en Cádiz.1​ Las Cortes de Cádiz redactaron la Primera Constitución de España en 1812.

En virtud del Tratado de Fontainebleau de 1807, para invadir Portugal y repartirlo entre Francia y España, las tropas francesas atravesaron la península ibérica. Una vez sometida Portugal, las tropas francesas continuaron entrando en España, pero en lugar de continuar transitando hacia Portugal fueron ocupando, sin ningún respaldo del Tratado, diversas localidades, como Burgos, Salamanca, Pamplona, San Sebastián, Barcelona o Figueras. El total de soldados franceses acantonados en España ascendía a unos 65 000, que controlaban no solo las comunicaciones con Portugal, sino también con Madrid y la frontera francesa.

Algunos autores no descartan la idea de un tratado oculto, del que no hay prueba alguna, por el que Manuel Godoy ya conocería que, según los planes del emperador, 100 000 soldados franceses ocuparían España. Esta ocupación «amistosa», no obstante, terminó por alarmar al propio Godoy. En marzo de 1808, temiéndose lo peor, la familia real se retiró a la localidad de Aranjuez para, en caso de necesidad, seguir camino hacia el sur, hacia Sevilla, después hacia Cádiz y, finalmente, embarcarse para América, como ya había hecho el Príncipe Regente de Portugal.

El 17 de marzo de 1808 se produjo el Motín de Aranjuez, que provocó la caída de Godoy, la abdicación de Carlos IV y la subida al trono de Fernando VII. Madrid fue ocupada por las tropas francesas del mariscal Murat el 23 de marzo, que fue recibido por Fernando como aliado, confiando todavía en que Napoleón cumpliría el Tratado de Fontainebleau.

Tras convocar a padre e hijo a Bayona, adonde llegó Fernando el 20 de abril (dejando en Madrid como su representante a una Junta de Gobierno), y sus padres, Carlos IV y María Luisa de Parma, el 30 de abril, obtuvo de ellos la abdicación a su favor, el 5 de mayo de 1808, tras lo cual cedió la Corona a José I Bonaparte. su hermano. Posteriormente, Fernando VII y su padre Carlos IV fueron retenidos por Napoleón y, llevados al Castillo de Valençay.

En España se sucedieron las Juntas:

Junta de Asturias

El 24 de mayo de 1808 se consuituyó la Junta General del Principado de Asturias en Oviedo, y el 25 de mayo la Junta declaró la guerra a Napoleón.
Esta Junta creó una comisión para solicitar apoyo de Inglaterra. Dos representantes partieron  desde Gijón el 30 de mayo y el 12 de junio. En Londres, el ministro de Exteriores, George Canning, aseguró su apoyo por escrito. Inglaterra mandó a Asturias al mayor general sir Thomas Dyer, con otros dos oficiales, para ayudar a la resistencia española


Junta de Valencia
El 23 de mayo el pueblo de Valencia se rebeló contra los franceses. El 25 de mayo se creó la Junta Suprema de Valencia, presidida por el capitán general, el conde de la Conquista


Junta de Galicia
El 30 de mayo se constituyó la Junta Suprema del Reino de Galicia, en La Coruña, que envió a Asturias a comunicar el alzamiento a Francisco Bermúdez de Castro e Sangro. Inglaterra mandó a La Coruña al diplomático Charles Stuart.

Junta de Sevilla
Véase también: Invasión francesa de Sevilla

Francisco de Saavedra. Instituto de Arte Courtauld. Francisco de Goya. 1798. Saavedra presidió la Junta Suprema de Sevilla durante la Guerra de la Independencia.
El 27 de mayo de 1808, bajo la presidencia del prestigioso exsecretario de Estado Francisco de Saavedra, se creó la Junta de Sevilla, calificándose a sí misma como Suprema Junta de Gobierno de España e Indias, lo que causó en otras juntas cierta desazón por lo presuntuoso del nombre; no obstante, este nombre dio una imagen de unidad y de Sevilla como la capital de la España libre de los franceses.​ La Junta sevillana tuvo un periódico, la Gaceta Ministerial de Sevilla, donde daba cuenta de la formación de la Junta y sus actividades.
Saavedra comenzó a reorganizar de inmediato el aparato del Estado, así como a establecer un orden jerárquico con las otras juntas peninsulares.

El 6 de junio de 1808, la Junta, bajo la presidencia de Saavedra, emitió la Declaración de Guerra al Emperador de Francia, Napoleón I.


Las Juntas Americanas

El 1 de enero de 1809, cuando debían asumir las nuevas autoridades del Cabildo de Buenos Aires, se produjo el levantamiento en Buenos Aires, conocido como la Asonada de Alzaga. Si bien la mayoría de sus partícipes eran españoles nativos,​ muchos criollos, como Mariano Moreno lo apoyaban. Parte de las milicias españolas apoyaban la rebelión: los tercios de gallegostercios de vizcaínos y miñones de Cataluña
Pero las milicias criollas (encabezadas por Cornelio Saavedra) y el tercio de andaluces sostuvieron a Liniers, con lo que el movimiento fracasó. Alzaga y los cabecillas fueron desterrados a Carmen de Patagones​ y los cuerpos militares sublevados fueron disueltos.

Así como la importancia de Potosí radicaba en la riqueza de su cerro, la de Chuquisaca giraba alrededor de la Audiencia y la Universidad Mayor Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca, la cual atraía estudiantes de los Virreinatos de Lima y Buenos Aires, por lo que la ciudad era llamada la Atenas americana (Capítulo XVI - La Conquista de América - Perú - Potosí).
 
Chuquisaca 
(Sucre - Bolivia) - Virreinato del Río de la Plata;
 
El rey Carlos V concedió a los chuquisaqueños el estandarte con la Cruz de San Andrés, y elevó a Chuquisaca al rango de ciudad y sede de la Audiencia de Charcas. El rey Felipe II autorizó el establecimiento de la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco de Xavier de Chuquisaca, bajo administración jesuita. La sede arzobispal de Charcas adquirió un poder muy importante en América del Sur.
En el siglo XVIII, los desembarques portugueses en el delta del río de La Plata por el Atlántico y las incursiones de bandoleros a la Chiquitanìa (Santa Cruz de la Sierra - Bolivia) por el interior de la Amazonía, pusieron en evidencia el intento portugués de apropiarse de extensas tierras de la Audiencia de Charcas y probablemente también de sus ricas minas de plata. Para responder a la amenaza portuguesa y vista la incapacidad del virreinato del Perú para proteger la Audiencia de Charcas desde el Atlántico, en 1776, se creó el Virreinato del Río de La Plata con sede en Buenos Aires, y la ciudad de La Plata, actual Sucre, formó parte esencial del nuevo virreinato. Dado que La Plata poseía una clase dirigente plenamente consolidada por sus instituciones y su gobierno local, la Real Audiencia de Charcas mantuvo competencias excepcionales sobre su jurisdicción dentro de la nueva administración virreinal.
 
Sucre, cuyo nombre originario es “Charcas” hasta 1538, “La Plata” desde 1538 a 1776, “Chuquisaca” de 1776 a 1825, Sucre. desde el año 1825 hasta el día de hoy, es la capital histórica y constitucional de Bolivia.
 
El principal que circuló esos días fue el célebre Diálogo entre Atahualpa y Fernando VII en los Campos Elíseos, escrito por el republicano Bernardo Monteagudo, graduado en el 1808, que cerraba con las palabras:

"Habitantes del Perú: si desnaturalizados e insensibles habéis mirado hasta el día con semblante tranquilo y sereno la desolación e infortunio de vuestra desgraciada patria, despertad ya del penoso letargo en que habéis estado sumergidos. Desaparezca la penosa y funesta noche de la usurpación, y amanezca luminoso y claro el día de la libertad. Quebrantad las terribles cadenas de la esclavitud y empezad a disfrutar de los deliciosos encantos de la independencia. Vuestra causa es justa, equitativos vuestros designios. Reuníos, pues, corred a dar ripio a la grande obra de vivir independientes."
Diálogo entre Atahualpa y Fernando VII en los Campos Elíseos.
(Capítulo XX - Francisco de Miranda y la Emancipación  Americana - La Dictadura de Bolívar - Bernardo de Monteagudo).
 
La Revolución de Chuquisaca fue el levantamiento popular ocurrido el 25 de mayo de 1809 en la ciudad de Chuquisaca (actualmente Sucre), perteneciente al Virreinato del Río de la Plata. La Real Audiencia de Charcas, con el apoyo del claustro universitario y sectores independentistas, destituyeron al gobernador y formaron una junta de gobierno. Sería sofocada a mediados del mes de enero de 1810.
El movimiento, fiel en principio al rey Fernando VII de España, fue justificado por las sospechas de que el gobierno planeaba entregar el país a la infanta Carlota Joaquina de Borbón, pero desde los comienzos sirvió de marco para el accionar de los sectores independentistas que propagaron la rebelión a La Paz, donde se constituiría la Junta Tuitiva. Reprimido violentamente este último y más radical levantamiento, el movimiento de Chuquisaca fue finalmente deshecho.
...Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez que se nos atribuye por el inculto español (…). Ya es tiempo, pues, de sacudir yugo tan funesto a nuestra felicidad.” (Junta Tuitiva- Ntra Sra de La Paz, junio de 1809)-
 
administración sobre la explotación de la plata de las minas de Porco descubiertas en 1545, en Potosí. En 1559 la ciudad se transformó en sede de la Real Audiencia de Charcas por orden de Felipe II, con jurisdicción sobre la parte sur de Sudamérica, el área que actualmente es Paraguay, el sudeste peruano, el desierto de Atacama y las costas marítimas del Pacífico (que formarían parte del norte de Chile tras la invasión chilena y la guerra del Pacífico de 1879) y lo que hoy es Argentina. En 1609, se convirtió en sede del arzobispado de La Plata, y en 1624 acogió a la cuarta universidad jesuita en el Nuevo Mundo, la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco de Xavier de Chuquisaca.

El 25 de mayo de 1809 la revolución popular en alianza con los oidores de la Audiencia de Charcas, cristalizó un largo proceso de autonomización política que se aprovechaba así de la coyuntura de la vacatio regis: Estudiantes, artesanos, juristas y magistrados chuquisaqueños, inspirados en la corriente ilustrada que impregnaba su universidad, la Universidad San Francisco Xavier y la Academia Carolina* se rebelaron, pidiendo la liberación de Jaime de Zudáñezabogado oficial de la Audiencia, acusado y tomado prisionero por conspiración el mismo día - y la renuncia del presidente de la Real Audiencia de Charcas, Ramón García de León y Pizarro.
Ese mismo día Jaime de Zudáñez fue liberado. La Revolución de Chuquisaca, es conocida como el Primer Grito Libertario de América y la chispa que encendió la lucha libertaria de América.

* La Academia Carolina


Tan pronto es derrocado el gobernador de Chuquisaca, se enviaron emisarios del movimiento Republicano por todos los confines del virreinato de La Plata. En Potosí y La Paz, pequeños grupos realistas temen el rápido descontrol de la situación y optan por solicitar el apoyo del virreinato del Perú para aplacar la insurrección. El virreinato del Perú, conocido bastión de realistas, estima favorable la oportunidad de invadir al virreinato de La Plata ya que este se encuentra debilitado por el asedio portugués y opta por enviar un ejército contra la Audiencia de Charcas y otro contra la Capitanía General de Chile.
 

La Junta Tuiiiitva

El 25 de mayo de 1809 una revolución destituyó al gobernador y presidente de la Real Audiencia de Charcas o Chuquisaca, Ramón García de León y Pizarro, acusado de apoyar al protectorado portugués; el mando militar recayó en el coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales. La autoridad civil quedó en situación indecisa, de modo que fue en parte ejercida por el mismo Arenales.

El 16 de julio en la ciudad de La Paz otro movimiento revolucionario liderado por el coronel Pedro Domingo Murillo y otros patriotas obligó a renunciar al gobernador intendente Tadeo Dávila y al obispo de La Paz, Remigio de la Santa y Ortega. El poder recayó en el cabildo hasta que se formó la Junta Tuitiva de los Derechos del Pueblo, presidida por Murillo.




La Revolución de Mayo
 
Influenciados por la Independencia de Estados Unidos* y afectados por las ideas de los precursores de la Revolución Francesa**, los patriotas conspiraron para establecer un nuevo régimen en las colonias españolas de América, propicio en ocasión de la invasión napoleónica de España.
* Capítulo XVIII - Los Estados Unidos - La Independencia.
** Capítulo XVIII - La Revolución Francesa - el Barón de Montesquieu.
En España la Junta Suprema Central decidió terminar con los enfrentamientos en el Virreinato del Río de la Plata disponiendo el reemplazo del virrey Liniers por Baltasar Hidalgo de Cisneros, que arribó a Montevideo en junio de 1809. La Junta Suprema Central envió al nuevo virrey con instrucciones muy precisas: la detención de los partidarios de Liniers y la de los criollos que secretamente bregaban por la independencia. (Capítulo XX - Francisco Miranda y la Emancioación Americana - La Logia Lautaro),

En Bueboa Aires se diferencian los Patriotas (criollos, americanos, partidarios de la autonomía en diversas formas) y ks Realistas (españoles, partidarios de la realeza). El triunfo sobre los ingleses en las invasiones, producido sin la intervención de los ejércitos de España, alentó a lps patriotas a luchar por la independencia, La fuerza armada principal de la colonia era el Regimiento de Patricios comandado por Cornelio Saavedra, criollo de Potosí. Las demás fuerza eran de milicianos, de indios y criollos sin entrenamento militar y con escasas y obsoletas armas de fiego.

En Buenos Aires Juan Martín de Pueyrredón se reunió con los jefes militares para tratar de desconocer la autoridad del nuevo virrey. Este plan contó con el apoyo de Cornelio Saavedra, Manuel Belgrano, Eustoquio Díaz Vélez, Juan José Viamonte, Miguel de Azcuénaga, Juan José Castelli y Juan José Paso, pero no con el visto bueno de Santiago de Liniers, que se mantuvo leal a los realistas.

Viernes 18 de mayo

Ante el nivel de conocimiento público alcanzado por la noticia de la caída de la Junta de Sevilla (dos buques imgkeses fondearm en Buenos Aires trayendo diarios españoles), Cisneros realizó una proclama en donde reafirmaba gobernar en nombre del rey Fernando VII, para intentar calmar los ánimos. Cisneros habló de la delicada situación en la península, pero no confirmó en forma explícita que la Junta había caído, si bien era consciente de ello.24​ Parte de la proclama decía lo siguiente:

El grupo revolucionario principal se reunía indistintamente en la casa de Nicolás Rodríguez Peña o en la Jabonería de Hipólito Vieytes. Concurrían a esas reuniones, entre otros, Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Juan José Paso, Antonio Luis Beruti, Eustoquio Díaz Vélez, Feliciano Antonio Chiclana, José Darragueira, Martín Jacobo Thompson y Juan José Viamonte. Otro grupo se congregaba en la quinta de Orma, entre los que se destacaba Domingo French.

Algunos criollos se juntaron esa noche en la casa Rodríguez Peña. Cornelio Saavedra, quien se hallaba en San Isidro, fue llamado de urgencia y concurrió a la reunión en la que se decidió solicitar al virrey la realización de un cabildo abierto para determinar los pasos a seguir por el Vvirreinato. Para esa comisión fueron designados Castelli y Martín Rodríguez​

Lunes 21 de mayo
 
A las tres, el Cabildo inició sus trabajos de rutina, pero se vieron interrumpidos por seiscientos hombres armados, agrupados bajo el nombre de Legión Infernal, que ocuparon la Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mayo), y exigieron que se convocase a un cabildo abierto y se destituyese al virrey Cisneros. Llevaban un retrato de Fernando VII y en el ojal de sus chaquetas una cinta blanca que simbolizaba la unidad criollo-española.

Entre los agitadores o "chisperos" se destacaron Domingo French y Antonio Beruti. Estos desconfiaban de Cisneros y no creían que fuera a cumplir su palabra de permitir la celebración del cabildo abierto del día siguiente. La gente se tranquilizó y dispersó gracias a la intervención de Cornelio Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios

Martes 22 demayo
 
De los cuatrocientos cincuenta invitados al cabildo abierto solamente participaron unos doscientos cincuenta. French y Beruti, al mando de seiscientos hombres armados con cuchillos, trabucos y fusiles, controlaron el acceso a la plaza, con la finalidad de asegurar que el cabildo abierto fuera copado por criollos.

Hubo dos posiciones principales enfrentadas: los que consideraban que la situación debía mantenerse sin cambios, respaldando a Cisneros en su cargo de virrey, y los que sostenían que debía formarse una junta de gobierno en su reemplazo, al igual que en España. No reconocían la autoridad del Consejo de Regencia de España y de Indias argumentando que las colonias en América no habían sido consultadas para su formación.
Cornelio Saavedra propuso que el mando se delegara en el Cabildo hasta la formación de una junta de gobierno, en el modo y forma que el Cabildo estimara conveniente. Hizo resaltar la frase:
(...) y no queda duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando.
Cornelio Saavedra, en el Cabikdo Abierto del 22 de mayo de 1810.

 
Miércoles 23 de mayo
 
Tras la finalización del Cabildo abierto se colocaron avisos en diversos puntos de la ciudad que informaban de la creación de la Junta y la convocatoria a diputados de las provincias, y llamaba a abstenerse de intentar acciones contrarias al orden público.


Jueves 24 de mayo

En el Cabildo, entre el Obispo y el síndico Leyva redactaron una conformación de la junta presidida por Cisneros, que no ers lo convenido. Si bien la junta serpia provisoria (en espera de  que los cabildos del interior enviaran diputados, Cisneros no podía figurar.
Se  decidió convocar a un nuevo Cabildo Abierto.


Viernes 25 de mayo

Durante la mañana del 25 de mayo, una gran multitud comenzó a reunirse en la plaza de la Victoria, actual plaza de Mayo, liderados por los milicianos de Domingo French y Antonio Beruti. Se reclamaba la anulación de la resolución del día anterior, la renuncia definitiva del virrey Cisneros y la formación de otra Junta de gobierno. El historiador Bartolomé Mitre *
 afirmó que French y Beruti repartían escarapelas celestes y blancas entre los concurrentes; historiadores posteriores ponen en duda dicha afirmación, pero sí consideran factible que se hayan repartido distintivos entre los revolucionarios. Al parecer, este no fue el origen de la escarapeka argentina. Además, las cintas eran rojas y blancas.}Ante las demoras en emitirse una resolución, la gente comenzó a agitarse, reclamando:
¡El pueblo quiere saber de qué se trata!
​ La composición de la Primera Junta surgió de un escrito presentado por French y Beruti y respaldado por un gran número de firmas. Sin embargo, no hay una posición unánime entre los historiadores sobre la autoría de dicho escrito.41​

 La titulada Junta provisional gubernativa de la capital del Río de la Plata —según consta en la proclama del 26 de mayo de 1810— que la tradición y la historiografía conocen como la Primera Junta, estaba compuesta de la siguiente manera:


Juramento de la Primera Junta.
Presidente

Cornelio Saavedra
Vocales

Dr. Juan José Castelli
Manuel Belgrano
Miguel de Azcuénaga
Dr. Manuel Alberti
Domingo Matheu
Juan Larrea
Secretarios

Dr. Juan José Paso
Dr. Mariano Moreno

El haber derrocado al virrey y a la junta que en principio se había formado para representarlo, reemplazándolos por la Primera Junta fue algo escandaloso para muchos y por lo tanto las primeras reacciones en el virreinato ante lo sucedido no fueron las mejores:

En Córdoba se armó una contrarrevolución, liderada por Liniers.
En Mendoza hubo algunas reticencias en aceptar a la nueva Junta.
En Salta hubo muchas discusiones.
La resistencia fue activa en el Alto Perú, Paraguay y Montevideo.




Ejército de Buenos Aires


En ese tiempo fue llamado el Ejército Auxiliar del Perú o el Ejército del Perú. Primer cuerpo militar de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
El 14 de junio de 1810 se formó el ejército nombrando al coronel jefe del regimiento de Arribeños, Francisco Ortiz de Ocampo, y al teniente coronel Antonio González Balcarce, para arrestar a Liniers, que se encontraba en Córdoba, ocupando esta ciudad el 8 de agosto de 1810.
Cochabamba (Cochabamba - Cercado - Bolivia), el 14 de septiembre se había declarado a favor de la Junta Provisoria de Buenos Aires.

La Junta de Gobierno envió como representante en el Ejército Auxiliar a Juan José Castelli.
La avanzada del Ejército Auxiliar, al mando de González Balcarce, libró el primer encuentro con tropas del Perú en el Combate de Cotagaita (Santiago de Cotagaita - Nor Chichas - Potosí  - Bolivia). el 27 de octubre de 1810.



Los Cabildos de Tarija (Tarija - Bolivia), Jujuy (Jujuy - Argentina), Salta (Salta - Argentina) y otras provincias se alinearon con la Junta de Gobierno de Buenos Aires y enviaron tropas para el Ejército Auxiliar.
Desde su comienzo, el Ejército Auxiliar no contaba con militares, a excepción del Batallón de Patricios, que había luchado en las Invasiones Inglesas, el Cuerpo de Blandengues, lanceros que defendían la frontera contra los indios y otros pequeños destacamentos y brigadas de origen policial.
Las armas de los revolucionarios eran antiguas, requisadas muchas de caza, y lanzas artesanales. Muchos combatientes eran muy hábiles en el manejo de las boleadoras.

 
Bandera militar de armada y fortificaciones españolas de 1785. En esas fechas ondeaba también en el fuerte de Buenos Aires donde tenía su sede el gobierno. La bandera nacional se comenzaría a usar en 1812. En los comienzos de la campaña del Ejército Auxiliar ambos ejércitos utilizaban la misma bandera, vindicando a Fernando VII.

Boleadoras

En Córdoba, Liniers y Juan Gutiérrez de la Concha alistaron milicias urbanas y varios cientos de milicianos reclutados en la campaña por el Coronel Santiago Allende, armados con boleadoras y lanzas. El 8 de julio Liniers escribió a Francisco de Paula Sanz (Gobernador de Potosí) que contaba con 600 hombres armados, la mitad con fusiles y el resto con lanzas, además de artillería
Cuando la expedición se acercó a la ciudad, parte de los milicianos desertaron y los jefes con 300 o 400 hombres y 9 piezas de artillería, huyeron el 31 de julio en dirección al Alto Perú. El día 5 ingresó en Córdoba un destacamento de 300 hombres en busca de Liniers y los demás jefes, 225 soldados permanecieron en la ciudad y los otros 75 iniciaron la persecución, alcanzando a Liniers al día siguiente en el paraje Piedritas, luego de que estos se habían dispersado y escondido, abandonando los cañones y todo lo transportado. 

E
l Ejército recibió trppas en Salta, acaudilladas por Martín Miguel de Güemes. En Santiago del Estero (que reconoció a la Primera Junta el 29 de junio de 1810. se formó el Batallón de Patricios de Santiago del Estero comandado por el coronel Juan Francisco Borges, que el 25 de septiembre de 1810 se incorporó al Ejército del Norte y luego fueron fusionados con otras unidades para formar el Regimiento Nº 6 de Infantería.

El 6 de septiembre la Junta dispuso que Juan José Castelli asumiera el mando de la expedición, nombrándolo representante de la Junta:
Tras un traspié inicial frente a las posiciones fortificadas realistas en el Combate de Cotagaita, el 7 de noviembre de 1810 las fuerzas patriotas obtuvieron su primera victoria en la Batalla de Suipacha.
Sanz demoró su salida de Potosí. El 10 de noviembre llegó a la ciudad un oficio del vocal de la Junta de Buenos Aires Juan José Castelli, anunciando su inminente arribo y ordenando al cabildo el apresamiento del gobernador. La noticia cundió rápidamente en Potosí y el pueblo amotinado pidió cabildo abierto. El patriota Manuel Molina aprisionó al gobernador Sanz en pleno cabildo y lo condujo preso a su domicilio.
Vicente Nieto, José de Córdoba y Rojas y Sanz quedaron detenidos en la Casa de la Moneda de Potosí durante un mes. Juzgados en el Cuartel general de Potosí, el 14 de diciembre de 1810 se condenó "a los referidos Sanz, Nieto y Córdoba, como reos de alta traición, usurpación y perturbación pública hasta con violencia y mano armada, a sufrir la pena de muerte". El 15 de diciembre de 1810, a las 10 de la mañana, fueron puestos de rodillas en el atrio de la Iglesia Matriz frente a la Plaza Mayor y fusilados.

CASA DE LA MONEDA EN POTOSI


Martín Miguel de Güemes 
(1785 - 1821)
 
Nacido en La Horqueta, Provincia de Sajta, fue el más destacado defensor de continuos ataques de los realistas que del Virreinto del Perú intentaban recuperar las Provincias del Río de la Plata, mientras que el Ejército de los Andes del General San Martín desde Chile y por mar penetraba en el Perú declarando la Indepandencia del Perú.
Martín tuvo siete hermanos, de los cuales se destacaron su hermano mayor Juan Güemes, miembro del cabildo de Salta, y María Magdalena Dámasa Güemes de Tejada, conocida por su apodo como Macacha Güemes.

Escudo de armas de la familia Güemes

A los catorce años de edad Martín Miguel de Güemes se enroló en el Regimiento Fijo de Infantería, cuyo cuartel central estaba en Buenos Aires pero tenía un batallón en Salta a raíz de la rebelión de Túpac Amaru II desde 1781.

Durante la primera de las Invasiones Inglesas al Virreinato del Río de la Plata, en 1806, Güemes participó en la Reconquista de Buenos Aires, donde protagonizó una curiosa hazaña: al ver que el barco inglés Justine había encallado por una bajante repentina del río, dirigió una carga de caballería y lo abordó. Fue una de las muy pocas veces en que un buque de guerra fue capturado por una partida de caballería.

Después del estallido de la Revolución de Mayo de 1810, la Primera Junta surgida en Buenos Aires envió rápido la Primera expedición auxiliadora al Alto Perú.

Güemes, como integrante del Ejército del Norte, fue puesto al mando de un escuadrón gaucho en la Quebrada de Humahuaca (en la actual Jujuy) y en los valles de Tarija y Lípez, impidiendo la comunicación entre los contrarrevolucionarios y los realistas altoperuanos. En la Batalla de Suipacha, librada el 7 de noviembre de 1810 y que fue el único triunfo de las armas patriotas durante esta primera expedición, la participación del capitán Güemes fue decisiva.

Quebrada de Hunahuaca
 
Permaneció en la zona de la Quebrada hasta después de la derrota de los ejércitos de las provincias de abajo en la Batalla de Huaqui, el 19 de junio de 1811, y prestó su ayuda a los derrotados que huían; allí comenzó su famosa guerra de recursos, con la que tal vez retrasó el avance de partidas realistas antes de la llegada del ejército principal, que mandaba el general Pío Tristán.
Con su colaboración, el general Juan Martín de Pueyrredón atravesó la selva de Orán y salvó los caudales de la Ceca en poder de los realistas.

Güemes, siguiendo órdenes de Eustoquio Díaz Vélez, el 18 de enero de 1812 recuperó Tarija. La ciudad había caído en poder de los partidarios del virrey del Perú, José Fernando de Abascal. Por orden de Díaz Vélez, se reintegró al Ejército llevándose 300 hombres, 500 fusiles y dos cañones. Los revolucionarios fueron obligados a retirarse a San Salvador de Jujuy debido al avance de las tropas realistas, superiores en número al que comandaba José Manuel de Goyeneche.

El Triunvirato de Buenos Aires designó al General Manuel Belgrano como nuevo jefe del Ejército del Norte, quien comenzó la Segunda Campaña al Alto Perú siendo una de sus primeras medidas el repliegue de las tropas y de toda la población desde Jujuy hasta Tucumán en el denominado Exodo Jujeño. Belgrano no era militar.

Exodo Jujeño

Al conocerse en Buenos Aires el desastre patriota frente a los realistas en la Batalla de Ayohuma, el general Belgrano fue cuestionado por el Segundo Triunvirato. En enero de 1814, debió dejar el mando del Ejército del Norte al Coronel José de San Martín, quien había sido uno de los jefes de la Revolución del 8 de octubre de 1812 que había depuesto al Primer Triunvirato. En la Posta de Yatasto, Belgrano entregó la jefatura del otra vez derrotado Ejército del Norte a San Martín y a los pocos días regresó a Buenos Aires.
 

La Guerra Gaucha

Güemes fue ascendido a Teniente Coronel y enviado al norte, para incorporarse a las divisiones de caballería del Ejército del Norte. San Martín lo nombró al mando de la vanguardia, reemplazando a Manuel Dorrego, a quien había sido sancionado y desterrado por indisciplina.

San Martín le encomendó el mando de la avanzada del río Pasaje o río Juramento, porque en sus márgenes el general Belgrano había hecho jurar obediencia al gobierno de Buenos Aires, la Asamblea del Año XIII y a la Bandera Nacional. Poco después, asumía también el mando de las partidas que operaban en el Valle de Lerma en el que está la ciudad de Salta. De este modo iniciaba la Guerra Gaucha contra los realistas, ayudado por otros caudillejos, como Luis Burela, Apolinario Saravia, José Ignacio Gorriti o Pablo Latorre. Esta fue una larga serie de enfrentamientos casi diarios, apenas cortos tiroteos seguidos de retiradas. En esas condiciones, unas fuerzas poco disciplinadas y mal equipadas pero apoyadas por la población podían hacer mucho daño a un ejército regular de invasión.

Con sus tropas formadas por gauchos del campo, rechazó el avance del general Joaquín de la Pezuela y posibilitó el inicio de un nuevo avance hacia el Alto Perú, la llamada Tercera Expedición Auxiliadora al Alto Perú. Bajo el mando del general José Rondeau, el nuevo jefe del Ejército del Norte, Güemes tuvo un papel destacado en la victoria de Batalla de Puesto del Marqués. Pero, indignado por el desprecio que mostraba Rondeau por sus fuerzas y por la indisciplina del ejército, se retiró del frente hacia Jujuy. Daba por descontada la derrota del Ejército del Norte en esas condiciones y, en ese caso, necesitaría a sus hombres. Al pasar por Jujuy se adueñó del armamento de reserva del ejército; al enterarse, Rondeau - que era también titular del cargo de Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata - lo declaró traidor.

Güemes fue ascendido a Teniente Coronel y enviado al norte, para incorporarse a las divisiones de caballería del Ejército del Norte. San Martín lo nombró al mando de la vanguardia, reemplazando a Manuel Dorrego, a quien había sido sancionado y desterrado por indisciplina.

Güemes se presentó en Salta como el protector de los pobres y el más decidido partidario de la revolución. Pero aun así, no logró nuevos aportes de recursos por parte de los sectores adinerados. Contó con su hermana María Magdalena (Macacha) Güemes como una de sus principales colaboradores.

Con sus tropas formadas por gauchos del campo, rechazó el avance del General Joaquín de la Pezuela y posibilitó el inicio de un nuevo avance hacia el Alto Perú, la llamada Tercera Expedición Auxiliadora al Alto Perú. Bajo el mando del general José Rondeau, el nuevo jefe del Ejército del Norte, Güemes tuvo un papel destacado en la victoria de Batalla de Puesto del Marqués


Gobernación de Salta

La vuelta de Güemes a Salta se debía, además de a motivaciones militares, también a razones políticas: deseaba desplazar al partido conservador del gobierno salteño, lo que se sumaba a que aspiraba al gobierno para sí mismo.

La noticia de la caída del Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata Carlos María de Alvear quitó autoridad al gobernador intendente Hilarión de la Quintana, que por otra parte, no estaba en Salta sino que había acompañado a Rondeau en su avance hacia el Alto Perú.

Cuando llegó a Salta, el pueblo salió a la calle y pidió al cabildo el nombramiento de un gobernador, sin participación del Directorio. Además de ser el único candidato a la vista, Güemes tenía a su favor la presencia de su hermano mayor, el doctor Juan Manuel de Güemes, uno de los miembros del cabildo para ese año, que eligió a Martín Miguel de Güemes con el título de Gobernador Intendente de Salta, jurisdicción integrada entonces por las ciudades de Salta, Jujuy, Tarija, San Ramón de la Nueva Orán y varios distritos de campaña. Era la primera vez que las autoridades de Salta eran elegidas por los propios salteños desde 1810, lo que significó la autonomía de Salta, en franca desobediencia a la autoridad del Directorio.

Pero el cabildo de San Salvador de Jujuy no lo reconoció como gobernador. Frente a esta negativa y aduciendo la amenaza de un ataque realista sobre la ciudad, avanzó con sus tropas hasta Jujuy, con lo que presionó a sus habitantes y de esta forma logró hacer que el cabildo lo aceptara. De todos modos, el teniente gobernador local, Mariano de Gordaliza, no podía ser considerado un subordinado complaciente de Güemes.

Dos semanas después de asumir el gobierno, el 15 de julio de 1815, Güemes contrajo matrimonio en la Catedral de Salta con Carmen Puch, miembro de una acaudalada familia con intereses en Rosario de la Frontera. Con su cónyuge tuvo tres hijos: Martín, Luis e Ignacio.

Poco después de la llegada de Güemes al poder y de saber la reacción negativa de Rondeau, llegó a Tucumán una fuerza desde Buenos Aires que iba en apoyo del Ejército del Norte, al mando de Domingo French. Cuando llegaron a Humahuaca, se enteraron de la derrota de las fuerzas patriotas comandadas por Rondeau en la Batalla de Sipe Sipe, el 29 de noviembre de 1815. Este nuevo triunfo de los realistas significó la pérdida definitiva del Alto Perú debido a las ambiciones personales de Rondeau y de Güemes.

Poco después, Rondeau fue reemplazado por Manuel Belgrano, quien se hizo nuevamente cargo del Ejército del Norte, y por Juan Martín de Pueyrredón, en el Directorio. Pero no hubo más expediciones al Alto Perú. En todo caso el Pacto de los Cerrillos (entre Güemes y Rondeau)  aseguró la situación de los territorios controlados hasta ese momento por los patriotas argentinos y consecuentemente favoreció así la declaración de Independencia de la Argentina el 9 de julio de 1816 en la ciudad de San Miguel de Tucumán.

.Martín Miguel de Güemes y sus gauchos detuvieron otras seis poderosas invasiones realistas al mando de destacados jefes españoles.

La primera fue la del experimentado mariscal José de la Serna e Hinojosa, el cual, al mando de 5.500 veteranos de guerra, partió de Lima, la capital del Virreinato del Perú, asegurando que con ellos recuperaría Buenos Aires para España. Después de derrotar y ejecutar a los coroneles Manuel Ascensio Padilla e Ignacio Warnes, ocupó Tarija, Jujuy y Salta, desde allí ocupó también los pueblos de Cerrillos y Rosario de Lerma. Güemes ocupó la Quebrada de Humahuaca con sus tropas, aislándolo de sus bases, rodeó la ciudad dejando al ejército ocupante sin víveres, y hasta venció a uno de los regimientos españoles en el Combate de San Pedrito. De la Serna se vio obligado a retirarse, hostigado continuamente por las partidas gauchas.


Los Gauchos de Güemes
 
Meses después, el general Pedro Antonio Olañeta, enemigo acérrimo del salteño, volvió al ataque y capturó al más importante de los segundos de Güemes, el general Juan José Feliciano Alejo Fernández Campero, jefe de la defensa de la Puna, popularmente conocido como el Marqués de Yavi. Pero no logró avanzar más que hasta Jujuy.

Toda la población participaba en la lucha: los hombres actuaban como guerreros, mientras que las mujeres, los niños y los ancianos lo hacían como espías o mensajeros. Las emboscadas se repetían en las avanzadas de las fuerzas de ataque, pero más aún en la retaguardia y en las vías de aprovisionamiento. Cuando los realistas se acercaban a un pueblo o a una hacienda, los habitantes huían con todos los víveres y el ganado, junto a todo lo que pudiese ser útil al enemigo. Esta clase de lucha arruinó la economía salteña, pero las clases populares preferían este descalabro económico a las crueldades de los realistas.

Güemes jamás obtuvo apoyo económico del Directorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata y la ayuda que le prestó el Ejército del Norte fue muy limitada; por ello decidió legalizar monedas privadas locales, que circularon desde 1817 y que se extendieron por todo el noroeste argentino.7​

El área patriota del noroeste incluía los territorios de Atacamay Tarija desde el 15 de abril de 1817, luego de la derrota realista en la Batalla de La Tablada de Tolomosa. Pese a que el comandante independentista Gregorio Aráoz de Lamadrid fracasó en una audaz operación sobre el Alto Perú, las fuerzas gauchas locales al mando de Francisco Pérez de Uriondo, Eustaquio Méndez y José María Avilés continuaron la lucha. Desde el 11 de junio de 1817,  el territorio de Chichas quedó bajo el control de los independentistas salteños. Aunque poco después sufrieron una nueva invasión realista desde el norte en 1818, dirigida por Olañeta y Valdés, y otra más en 1819, comandada por Olañeta.

La más importante fue la que mandó el segundo de De la Serna, el general Juan Ramírez Orozco, que en junio de 1820 avanzó con 6500 hombres. En todas estas obligó a su enemigo a retroceder después de haber tomado Salta y Jujuy.

Las milicias de Güemes contaban con una organización militar reglada cuyo origen se había remontado a 1815 cuando creó un cuerpo militar denominado "División Infernal de Gauchos de Línea", que aunque no fue autorizado por el gobierno central de Buenos Aires funcionó exitosamente hasta la muerte de Güemes, destacándose en la Tercera Defensa de las Provincias Unidas en Salta y en la Batalla del Valle de Lerma en 1817. Las milicias de Güemes contaban con un Estado Mayor y cuadros superiores organizados, entre los que se encontraban Fernández Campero, el coronel Pérez de Uriondo, responsable militar de Tarija, el coronel Manuel Arias, a cargo de Orán, y el coronel José María Pérez de Urdininea, proveniente de las filas del Ejército del Norte en Humahuaca. En el valle de Jujuy estuvieron los coroneles Domingo Arenas, ubicado en Perico, y el teniente coronel Eustaquio Medina, a cargo del río Negro. Más movilidad tenían otros jefes, como José Ignacio Gorriti, Pablo Latorre o José Antonio Rojas. El frente de combate a su cargo tenía una extensión de más de setecientos kilómetros, desde la localidad de Volcán, en Jujuy, hasta más allá de San Ramón de la Nueva Orán. Dicho frente se conoció como Línea del Pasaje.

El papel de Güemes en el conjunto era el de organizar la estrategia general y financiarla. Pero tenía un detalle curioso: sus hombres se hubieran hecho matar por él, pero él mismo nunca entraba en combate. En realidad nunca se lo reprocharon ni le exigieron que los acompañara. Por esta causa es que sus enemigos y los historiadores del siglo XIX lo acusaran de cobarde. La mayoría de los historiadores posteriores coincide en que la explicación es muy distinta: Güemes habría sido hemofílico, y cualquier herida le hubiera causado la muerte. De hecho, moriría desangrado tras varios días de agonía, causada por una herida que en condiciones normales habría sanado en poco tiempo.


La Guerra Civil

Güemes había conversado con San Martín sobre la idea de atacar Perú desde Chile. Para ello era necesario realizar el Cruce de los Andes y como necesidad básica, San Martín precisaba tener las espaldas cubiertas, con fuerzas activas en la frontera norte de Salta, para mantener ocupados a los ejércitos realistas lejos de Lima, la capital del Virreinato del Perú. La persona más indicada para dirigir esas operaciones era Güemes y San Martín lo nombró General en Jefe del Ejército de Observación. El salteño estaba continuamente informado sobre los movimientos de San Martín en la campaña del Pacífico, y cuando este desembarcó en la costa peruana, decidió avanzar hacia el Alto Perú.

Pero ya no podía contar con el Ejército del Norte, del que solo quedaba una pequeña división al mando del coronel Alejandro Heredia, que estaba a órdenes de Güemes, y algunas armas en Tucumán. Pero estas estaban en poder del gobernador Bernabé Aráoz, que las estaba usando para tratar de volver a la provincia de Santiago del Estero a la obediencia a su gobierno.

A principios de 1821, el gobernador de Santiago del Estero, Juan Felipe Ibarra, pidió auxilio a Güemes, y este invadió Tucumán, más para apoderarse de las armas que necesitaba que por solidaridad. La expedición salteña se componía de 2000 hombres provenientes de Salta, San Carlos y Rosario de la Frontera, saliendo rumbo a Tucumán en febrero; por la amenaza realista, las milicias de Jujuy no participaron en la acción.
Pero el ejército salteño y santiagueño, al mando de Heredia (tucumano) e Ibarra, fue derrotado por el tucumano al mando de Manuel Arias (salteño) y Abraham González en la Batalla de Rincón de Marlopa el 3 de abril de 1821. Otra columna salteña tuvo éxito en expulsar a los partidarios de Aráoz de Catamarca. Aunque el tucumano la recuperó poco después, su República de Tucumán desapareció definitivamente en agosto.

El Cabildo de Salta, formado por las clases altas de la ciudad, cansadas de pagar las contribuciones forzosas que exigía Güemes, aprovechando la ausencia del caudillo, lo acusó de tirano y lo depuso. Muchos de sus miembros se habían puesto de acuerdo con el general español Pedro Antonio Olañeta para entregarle la ciudad. Güemes regresó sin prisa, ocupó pacíficamente la ciudad y perdonó a los revolucionarios. Esa fue la llamada "Revolución del Comercio"; aunque fracasada, dio inicio a un partido de oposición, conocido como "Patria Nueva", en oposición a la "Patria Vieja", es decir, al partido de Güemes.


La Muerte de Güemes

El general Olañeta ya estaba en camino a Salta y mandó al coronel José María Valdés, por un camino desierto de la Puna, acompañado por miembros de la familia realista Archondo. El coronel Valdés era un español nativo de Valencia, radicado desde hacía décadas en la región y con experiencia en arrear y robar ganado, oficios que le permitieron conocer múltiples senderos poco transitados.

La noche del 7 de junio de 1821, Valdés ocupó la ciudad de Salta y, al salir a combatirlo, Martín Miguel de Güemes fue herido por una bala. Siguió a caballo hasta una hacienda a dos leguas de la ciudad. Pocos días después recibió a dos oficiales realistas enviados por Valdés que le ofrecieron trasladarlo a Buenos Aires, donde recibiría el mejor tratamiento, con la condición de ordenar el alto el fuego contra los realistas. 
Sin responder a los enviados y en su presencia, Güemes reunió a sus oficiales y les pidió que jurasen que nunca aceptarían ningún tipo de trato para beneficiar al enemigo en suelo patrio; pedido que fue respondido con el entusiasta juramento de los oficiales y gauchos salteños.

Güemes murió el 17 de junio de 1821, a los 36 años de edad. En el momento de su muerte, en la Cañada de la Horqueta, cerca de la ciudad de Salta, yacía a la intemperie, en un catre improvisado por el capitán de gauchos Mateo Ríos. Luego su cadáver fue inhumado en la Capilla del Chamical. Martín Miguel de Güemes fue el único general argentino caído en acción de guerra.

Desde que supo de la muerte de su esposo, Carmen Puch se encerró en su habitación de la finca de su familia, y falleció el 3 de abril de 1822, a los 25 años. La tradición afirma que se dejó morir de hambre, posiblemente víctima de una depresión.


Monumento a Güemes en la ciudad de Salta.

Apenas unas semanas después de la muerte de Martín Miguel de Güemes, sus hombres obligaron al ejército español a evacuar Salta, dirigidos por el coronel Jorge Enrique Vidt. Y esa resultó ser la última invasión realista al norte argentino, con lo que Güemes - aunque no llegó a verlo -  finalmente venció a sus enemigos.

Estratégicamente, la actuación de Güemes en la guerra de la Independencia argentina fue crucial: sin su desesperada resistencia no hubiera sido posible defender la frontera norte del actual país, ni hubieran sido posibles las campañas del general San Martín que permitieron obtener tanto la Independencia de Chile como la posterior Independencia del Perú. Bajo su mando, las ciudades de Salta y Jujuy y su campaña defendieron al resto de las provincias de abajo, sin ayuda exterior.

Sin embargo, en Buenos Aires Güemes no era visto así: la noticia de su muerte fue publicada bajo el título "Ya tenemos un cacique menos"; el artículo que lo anunciaba demostraba más alivio por la muerte de un enemigo ideológico que pesar por la pérdida de la ciudad de Salta en manos realistas. Durante la mayor parte del siglo XIX, tanto en Salta como en el resto de la Argentina, la figura de Güemes fue interpretada solamente como la de un caudillo que había soliviantado a las masas campesinas contra las clases altas de la sociedad, situación que el patriotismo demostrado a lo largo de su carrera militar no alcanzaba a compensar.

Solo a principios del siglo XX, esa imagen comenzó a cambiar a través de su más conocido biógrafo: Bernardo Frías: ​ presentó la vida de un jefe militar y político patriótico y desinteresado, capaz de movilizar a la masas en contra del enemigo; aunque no intentó librarse de la visión elitista de la sociedad, ya que mostraba poco aprecio por sus gauchos. Solo a partir de ese momento, Güemes comenzó a aparecer como el esforzado y heroico jefe de la frontera norte, héroe absoluto de la provincia de Salta.


Calle Gral. Martín Güemes en la localidad bonaerense de Vicente López, en el partido homónimo.
Su gesta militar fue recordada por el escritor Leopoldo Lugones como la Guerra Gaucha, nombre con que se la conoce desde entonces. Una de sus biografías más extensas es la de Atilio Cornejo, que sigue la línea tradicional, así como la monumental obra "Güemes documentado", de su descendiente Luis Güemes, publicada en trece tomos.

En el último tercio del siglo XX, los estudios históricos sobre la gesta,  conluyeron que el aporte de Güemes a la lucha por la Independencia Sudamericana fue esencial para la estrategia del "Plan Continental" llevado a cabo por José de San Martín. A principios del siglo XXI comenzaron a ser estudiadas en profundidad las características políticas de su gobierno, la estructura de lealtades en que se apoyaba y las razones de sus enemigos internos.

El Congreso de la Nación Argentina, conjuntamente con distintas instituciones nacionales y provinciales se abocaron a la tarea de reconocer la trayectoria del prócer mediante numerosas propuestas legislativas y acciones concretas de difusión y reconocimiento en el ámbito de sus competencias, entre ellas la Ley 25.172, que en 1999, declaró “Día Nacional de la Libertad Latinoamericana” el día 17 de junio de cada año, en conmemoración del Paso a la Inmortalidad del General Martín Miguel de Güemes, que tuvo su origen en varias iniciativas legislativas presentadas, especialmente la de legisladores salteños; la resolución  del Senado de la Nación que dispuso la publicación de un fascículo para esclarecer la vida de Martín Miguel de Güemes y la trascendencia de su papel protagónico en la Guerra de la Independencia; la Ley 26.125, de 2006, que declara al General Güemes Héroe Nacional.




No sería hasta 1812, con la llegada de los veteranos de las Guerras Napoleónicas, en que se incorporarían oficiales conocedores de la ciencia militar a las tropas nacionales. Muchos de los primeros comandantes fueron civiles u oficiales de graduación inferior, puestos al frente de las tropas más por su convicción política y su carisma de mando que por sus capacidades militares.

El general Juan Martín de Pueyrredón fue nombrado presidente de la Audiencia de Charcas.
En septiembre de 1810 fue nombrado oficialmente comandante del desmoralizado Ejército del Norte, cuando este ya había llegado a San Salvador de Jujuy.


Sus esfuerzos por reorganizar el ejército no fueron particularmente fructíferos; ante el avance del Ejército Real del Perú envió a la mejor parte de sus tropas al mando de Eustoquio Díaz Vélez, que fueron derrotados en el Combate de Nazareno

De modo que Pueyrredón retiró la totalidad del ejército hacia el sur, instalándose en la Posta de Yatasto, donde en marzo de 1812 fue reemplazado por Manuel Belgrano en el mando del mismo, y regresó a Buenos Aires.
La fracasada Asamblea General reunida en abril de 1812 lo había designado miembro del Primer Triunvirato en reemplazo de Juan José Paso, mientras estaba en camino de regreso a la Capital. Asumió el cargo después de la disolución de la asamblea, a fines de abril o principios de mayo.
El gobierno era dirigido por el secretario de Guerra Bernardino Rivadavia, y su postura frente a la guerra de independencia era sumamente retraída: prefería las soluciones diplomáticas a las bélicas y rechazaba cualquier gesto exterior de independencia.

Pueyrredón encargó al recién llegado José de San Martín la formación del Regimiento de Granaderos a Caballo y detuvo la masacre de españoles que siguió a la denuncia de conspiración contra Martín de Álzaga, que nunca se comprobó cierta*
 


Martín de Alzaga
(1755 - 1812)

Con sólo 11 años llegó al Rio e La Plata. Vizcaíno, no hablaba espeñol. Se estableció como comerciante, haciendo una fortuna en connivencia con funcionarios de la aduana (única en el Virreynato), negociando armas, telas y esclavos.

En ocasión de las invasiones inglesas, fue un gran defensor de la colonia, unido a otros poderosos comerciantes, como Anselmo Sáenz Valiente y Juan Martín de Pueyrredón.
Mantuvo una gran organización en la defensa de la ciudad, alquilando todas las casas vecinas al fuerte de Buenos Aires, uniéndolas mediante túneles y requisando armas, con talleres para acondicionarles, creando depósitos para acaparar municiones, instalando una finca de entrenamiento para caballerías, la Chacra de Perdriel

Santiago de Liniers, desde Montevideo inic la reconquista de Buenos Aires, ocupada por los ingleses, agrupando sus fuerzas con un ejército que secretamente había formado Alzaga, derrotando a los ingleses, que iniciaron una segunda invasión.

Convocando a un cabildo abierto que desplazó de su cargo al Virrey Rafael de Sobremonte, nombrando en su lugar a Santiago de Liniers. El 1º de enero de 1807 fue elegido Alcalde de primer voto y asumió el mando civil de la ciudad.
Empeñó su fortuna en defensa de la ciudad, organizando milicias de voluntarios de más de 6.000 hombres, y la formación de un regimiento de asturianos y vizcaínos.

El 2 de julio de 1807 se produjo el esperado ataque, y Liniers fue derrotado en el Combate de Miserere, en las afueras de la ciudad. 
Whitelocke les dio tres días de descanso a sus tropas antes de atacar. Alzaga convenció al desalentado Liniers de preparar la defensa y aprovechó al máximo el tiempo: organizó la defensa casa por casa, iluminó con miles de lámparas la ciudad para seguir trabajando de noche, y se aseguró que en todas las azoteas se acumulara todo lo necesario para la defensa de Buenos Aires.

Los ingleses atacaron el 5 de julio, dándole otra ventaja: marcharon divididos en trece columnas, que fueron derrotadas por separado. Al mediodía del 7 de julio, los ingleses se rindieron y evacuaron la ciudad. Pero Alzaga incluyó en las condiciones de la rendición que debían entregar también Montevideo.


El 1º de enero de 1809, Álzaga organizó una revolución para deponer a Liniers: sacó a la calle a los tercios de Gallegos, Miñones de Cataluña y Vizcaínos formados por españoles, organizó una manifestación en contra del virrey y le exigió la renuncia. En su lugar sería nombrada una junta, dirigida por españoles y con dos secretarios porteños: Mariano Moreno y Julián de Leyva. Pero la renuncia de Liniers fue a condición de que el mando pasara al general Pascual Ruiz Huidobro, el segundo en el mando militar. Eso desconcertó a Álzaga y dio tiempo a la reacción del coronel Cornelio Saavedra, comandante del Regimiento de Patricios. Este disolvió las fuerzas españolas sublevadas y obligó a Liniers a retirar la renuncia.

Alzaga fue enviado preso a Carmen de Patagones y se le siguió un juicio con el curioso título de "proceso por independencia". Los tercios de españoles sublevados fueron disueltos, lo que facilitaría la Revolución de Mayo. Pero el gobernador Francisco Javier de Elío, de Montevideo, que había formado una junta de gobierno en esa ciudad, rescató a Alzaga de Carmen de Patagones. Esta junta fue disuelta cuando llegó al Río de la Plata el nuevo virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros, pero Alzaga pudo regresar a Buenos Aires.

Alzaga participó en la caída del virrey Cisneros, y aunque no estuvo presente en el cabildo abierto del 22 de mayo, se negó a aceptar la junta presidida por éste. Y es seguro que participó en las negociaciones que formaron la Primera Junta, ya que colocó en ella a tres miembros de su partido: Mariano Moreno, Juan Larrea y Domingo Matheu.

El 1º de julio de 1812, el gobierno descubrió —o creyó descubrir— una conspiración de españoles contra el Primer Triunvirato, formado por Juan Martín de Pueyrredón, Feliciano Antonio Chiclana y Manuel de Sarratea. Ésta debía estallar el 5 de julio, quinto aniversario de la Defensa. No se sabe cuáles eran exactamente sus intenciones, aunque no parece que la conspiración quisiera volver lisa y llanamente a la dependencia del rey de España. Buenos Aires estaba escasa de tropas, mayormente enviadas al Ejército del Norte, por lo que la situación era delicada.

Durante las investigaciones, el secretario del Triunvirato Bernardino Rivadavia, basado en pruebas y confesiones extremadamente sospechosas, extendió la acusación a Alzaga y a un extenso grupo de partidarios. En realidad, caben serias dudas de que la conspiración fuera siquiera real.


Fue arrestado y sometido a proceso criminal secreto; tan secreto, que nunca fue publicado ni se supo la identidad del único testigo, que incluso se dijo que era un esclavo. Es casi seguro que Rivadavia se estaba vengando de una vieja afrenta personal y usó los cargos para apoderarse de sus bienes. Alzaga y muchos otros fueron condenados a muerte.

Las ejecuciones comenzaron el 4 de julio, dos días después de su arresto, lo que deja en claro que los acusados complotados ya estaban condenados de antemano. En total, fueron ejecutados más de treinta hombres, incluidos jefes militares, frailes y comerciantes, cuyos bienes fueron expropiados.


Alzaga fue fusilado y colgado el 6 de julio de 1812 en Buenos Aires, en la Plaza de la Victoria. Los cuerpos de los conspiradores fueron exhibidos en la plaza durante tres días, en el que fue el más sanguinario de los desgraciadamente frecuentes excesos de la revolución.
Su hijo, Félix de Alzaga, tuvo activa participación en el proceso que llevó al poder a Juan Manuel de Rosas en la provincia de Buenos Aires,  terminó enemistado con éste y perseguido por sus partidarios.fue Casi todos sus extensos campos, justo al sur del río Salado, pasaron a su hijo Martín a la caída de Rosas. De él pasaron a su joven y hermosa viuda, la famosa Felicitas Guerrero, cuando ésta fue asesinada por un pretendiente despechado, las extensas propiedades pasaron padre de ésta.



Entre las finalidades más importantes de las vaquerías y recogidas de ganado en el Río de la Plata estaban las faenas para extraer cueros.
Descaeewrasor

El fusilamiento de Liniers



El Ejército de Los Andes

La ofensiva fue trasladada en 1817 al Ejército de los Andes de José de San Martín.
De este modo ya para 1812 tenemos como antecedentes la formación de dos sociedades secretas de latinoamericanos. La primera nace en Europa, durante el proceso de florecimiento de logias napoleónicas; y la segunda en Buenos Aires, a raíz de un conjunto de iniciaciones que se produjeron durante las invasiones inglesas. Estos antecedentes nos permiten constatar la existencia de masones, como también, que estos se organizaron en logias con una fisionomía particular. Una forma de sociabilidad hibrida, combinación de logia masónica y sociedad patriótica, constituye quizás la manera más precisa de describirlas.
 


El Ejército de Los Andes